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Benazir Bhutto ha sufrido el mismo trágico destino que su padre y dos hermanos, al morir en un atentado que siembra de incertidumbre el futuro político de Pakistán, cuando faltan sólo once días para unas cruciales elecciones generales.

“Toda mi familia se sacrificó” por la democracia en Pakistán, dijo Bhutto en su último mitin, minutos antes de fallecer por la acción de un terrorista suicida en Rawalpindi, ciudad cercana a Islamabad.

El fallecimiento de Bhutto deja al país sin la principal figura de la oposición y la candidata favorita a encabezar el futuro gobierno en este periodo de “transición a la plena democracia”, como lo describió el presidente Pervez Musharraf.

La dos veces primera ministra (1988-1999 y 1993-96) y líder del Partido Popular (PPP) había retornado a Pakistán hace sólo 71 días, tras ocho años y medio en el exilio y después de alcanzar un pacto de reparto de poderes con Musharraf bajo presión de EU.

En virtud de ese pacto, Musharraf fue reelegido presidente sin oposición del partido de Bhutto y cedió el mando del Ejército.

Bhutto, a cambio, consiguió que se cerraran los casos abiertos por presunta corrupción durante su gobierno y una enmienda a la Constitución --pendiente de aprobación por el futuro Parlamento-- que le permitiría encabezar el Ejecutivo por tercera vez.

Pero las ilusiones que muchos paquistaníes depositaron en Bhutto --que se presentó como la “salvadora” de la democracia en Pakistán pese a su pacto con el mismo hombre al que repudió como “dictador”-- se convirtieron en desolación, rabia e impotencia.

Otras 20 personas fallecieron en el atentado contra Bhutto, que sembró el caos en Rawalpindi y desató incidentes de violencia en varias ciudades del país, en los que murieron 14 ciudadanos.

En un discurso por televisión, Musharraf pidió calma a los paquistaníes y su apoyo para acabar con la ola de atentados que azota el país.


Comicios en suspenso
El presidente, que acababa de encabezar una reunión de emergencia, no aludió en su mensaje a los comicios legislativos del próximo ocho de enero, en medio de intensos rumores de que los suspendería tras el asesinato de una de las principales candidatas.

El otro líder de la oposición, Nawaz Sharif, consideró que celebrar las generales en estas circunstancias “carece de sentido” y anunció que su partido, la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N), las boicoteará.

“Unas elecciones libres y justas son imposibles con Musharraf”, dijo Sharif en rueda de prensa en Rawalpindi, y conminó al presidente a dimitir para “salvar Pakistán”.

El líder de la PML-N no sólo responsabilizó a Musharraf de la muerte de Bhutto por no haberle garantizado la protección necesaria, sino que lo acusó de haber diseñado un “plan” para acabar con la vida de la ex primera ministra.

La propia Bhutto dijo en una entrevista el pasado mes de noviembre, que el primer atentado contra ella, que causó 147 muertos en Karachi el pasado 18 de octubre, el mismo día de su regreso a Pakistán, no habría sido posible “sin el consentimiento de Musharraf”.

La principal activista de derechos humanos de Pakistán, Asma Jahangir, claramente conmocionada por la muerte de Bhutto, expuso su desesperanza por el destino de Pakistán que, en su opinión, no tendrá salvación mientras el Ejército no deje de interferir en la política.

De hecho, la propia Bhutto recibió duras críticas de algunos en su partido por avenirse a negociar con Musharraf cuando fue otro dictador paquistaní, Zia ul-Haq, el que acabó con su padre, el ex primer ministro Zulfikar Alí Bhutto, ahorcado en 1979.

Junto a Benazir, sus dos hermanos entraron en política tras la muerte del padre, aunque fue la hija la que recogió el legado de Zulfikar Alí, convirtiéndose en jefa de gobierno con sólo 35 años.

Uno de sus hermanos, Shawanaz Khan, murió envenenado en circunstancias misteriosas durante su exilio en Cannes, el 18 de julio de 1985.

El otro, Murtaza, líder de una facción escindida del PPP, murió en un tiroteo con la Policía el 20 de septiembre de 1996.