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Un día después de la brutal represión policial, Masaya parece un escenario de guerra. Once kilómetros antes de llegar a la ciudad, en la rotonda de Ticuantepe, un grupo de encapuchados armados controla el paso. Postrados a ambos lados de la carretera empuñan fusiles de alto alcance y su sola presencia intimida a cualquiera.

Al llegar a Masaya se repite la escena: los encapuchados resguardan la rotonda de San Jerónimo, detienen vehículos e interrogan a todo aquel que les parece “sospechoso”. 

El ataque del martes, que dejó seis muertos y decenas de heridos, le permitió a las fuerzas parapoliciales y antimotines controlar la entrada principal a la ciudad hasta llegar a la estación policial. El trayecto es de unas 12 cuadras.

En la vía principal, la única controlada por las fuerzas del Gobierno, seis camionetas se pasean repletas de antimotines que apuntan a civiles en una clara expresión de intimidación. 

Al ver acercarse las camionetas, los ciudadanos que caminaban este miércoles en las calles de Masaya se resguardaban en casas o corrían ante el temor de ser asesinados. 

Multiplican barricadas 

Las calles de esta ciudad están alfombradas por pedazos de vidrios, piedras y garrotes que quedaron tras los enfrentamientos del martes. La gran mayoría de negocios permanecen cerrados, pocas casas abrieron sus puertas y las barricadas, a excepción de la entrada principal dominada por la Policía, se han multiplicado aunque la vigilancia fue desmontada, funciona desde las casas. 

Los pobladores observan atentos desde sus ventanas cada movimiento cercano a estas pequeñas murallas. 

“En cada casa, calle y barrio la población está preparada para enfrentar un ataque. Masaya no se rinde. Ayer (martes) ellos quisieron quitar más barricadas, pero este pueblo salió a defenderse, solo pudieron quitar las de la entrada principal. No se atreven a intentar derribar las (barricadas) que quedan porque saben lo que les espera”, dice un joven recio y cabello largo que se cubre el rostro.

Camionetas repletas de antimotines y parapoliciales patrullaban las solitarias calles de Masaya este miércoles, apuntando sus fusiles para intimidar a los ciudadanos. Orlando Valenzuela/END

“Masaya es un pueblo que no se rinde, después de la matanza que nos dejaron, este pueblo se está organizando más y mejor, porque no vamos a permitir que nos vengan a masacrar más”, afirma Antonio, un joven que resguardaba una barricada del barrio San Jerónimo.

Monimbó nervio de la resistencia 

El histórico barrio de Monimbó se quedó esperando el martes lo que nunca llegó: un ataque policial. Fue impenetrable para las fuerzas antimotines y parapoliciales y ahora lo es más. 

Las barricadas se han reforzado y en la entrada principal partieron la carretera para evitar el ingreso de las fuerzas antimotines y turbas. A excepción del resto de la ciudad aquí las barricadas sí están custodiadas.

“Monimbó sigue sin miedo, si Monimbó cae, cae toda Masaya, por eso es que esta ciudad nos sirve de caparazón, aquí no van a entrar y si vienen no van a salir y eso ellos lo tienen claro”, sentencia un joven empuñando un motero desde la barricada de la entrada principal. 

Desde los ataques en el mes de abril Monimbó se ha alzado en protesta contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega, exigen que entregue el poder. 

Lo evidencian al exhibir banderas azul y blanco en sus casas, lo han plasmado en la carretera y paredes, lo dicen sin preguntarles: “¡Queremos que se vayan y nos dejen en paz!”.

Encapuchados incendian hotel y casa de opositor 

La represión del martes en Masaya no solo dejó muertos y heridos. Hubo también detenidos e incendios. 

El Hotel Masaya, un negocio familiar que funcionaba desde el 2005, fue incendiado la madrugada de este miércoles. Sus propietarios creen que fue una represalia del Gobierno.

“Los antimotines y sus turbas del Gobierno vinieron a forzar la puerta. A mi papá lo golpearon, le dieron con un AK en la cabeza y resultó gravemente herido, lo patearon, después lo sacaron y al hotel le prendieron fuego. No había huéspedes”, relató Rosa Caballero, administradora del local.

En una nota de prensa la Policía Nacional atribuyó la autoría del incendio a “grupos de delincuentes armados”, pero esta familia está convencida, y también lo confirman los vecinos, que fue fueron miembros de la misma institución, acompañados por encapuchados, quienes le prendieron fuego al hotel. 

“Son represalias contra mi primo, René Caballero, el propietario, porque es parte del Movimiento 19 de Abril de Masaya”, indicó la administradora del local.

Queman casa de opositor 

Minutos después los mismos encapuchados llegaron a la casa de Chester Iván Membreño, un habitante de Masaya e incendiaron su casa.

Llegaron preguntando por él, pero su mamá les dijo que no estaba y les suplicó que se fueran. Las turbas insistieron en que debía abrir la puerta. En medio del nerviosismo la anciana accedió, pero antes su hijo se había escondido entre la ropa usada que tienen en la entrada a la casa, donde funciona un pequeño negocio familiar. 

Al entrar y no encontrarlo, los parapoliciales rociaron gasolina por toda la casa y le prendieron fuego junto a un carro que estaba dentro y se fueron. Chester logró salir ileso antes que las llaman se propagaran por el inmueble. Ahora acusa a las fuerzas del Gobierno. 
“Ellos traían órdenes de matarme. No soy responsable de ninguna organización y movimiento que actualmente está en contra del Gobierno, pero soy un crítico y opositor, por eso me quieren matar”, dijo.