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El sol de las diez de la mañana comenzaba a calentar y la angustia parecía extenderse de manera indefinida para los familiares de los reos que permanecían detenidos en las cárceles de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ).

La esperanza asomó con la llegada de monseñor Miguel Mántica, quien representando al cardenal Leopoldo Brenes se acercó hasta el portón de la cárcel conocida como El Chipote, y dijo que llegaba por 18 detenidos.

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Minutos más tarde, una capitana comenzó a leer los nombres de las 15 personas que serían liberadas; el primero de la lista fue Carlos Bell, a quien se le vio salir descalzo.

María Magdalena Saldaña alzó las manos al cielo cuando escuchó el nombre de su hijo Wilder García Saldaña; tenía once días sin verlo. Wilder fue sacado de su casa por policías y parapolicías, denunció la señora.

“¡Gracias mi Dios, solo tú me liberaste a mi hijo!”, exclamó Saldaña, quien en los primeros días del cautiverio de su hijo se encadenó al portón de la DAJ exigiendo su libertad.

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Minutos antes, María Magdalena Saldaña había colocado varias pancartas en la entrada de la DAJ en las que sobresalían fotos de su hijo y el número 11, indicando la cantidad de días que llevaba de prisión.

Wilder García reveló que lo quisieron inculpar por la quema de la delegación del Distrito VI de la Alcaldía de Managua y después pretendieron vincularlo con Cristhian Mendoza, alias Viper, quien es acusado de decena de delitos, incluyendo el asesinato de un universitario. 

Abuelita inquebrantable

Anastasia Espinoza Centeno, de 96 años, reaccionó con serenidad ante el anuncio de la liberación de su nieto Bernardo Jarquín Urbina.

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De la mano de su hija, Anastasia Espinoza Centeno salió al encuentro de su nieto y se fundió con él en un abrazo cuando el joven bajó del microbús en que los 15 liberados fueron trasladados desde El Chipote hasta la catedral de Managua.

Anastasia Espinoza Centeno.

Bernardo Jarquín Urbina, de 26 años, relató que fue apresado porque los agentes que lo detuvieron no creyeron que andaba buscando a su abuelita que ese día había salido a cobrar su pensión de vejez.

“Los policías no me creían que yo andaba trayendo a mi abuelita en el banco; ellos insistían en preguntarme qué andaba haciendo yo allí (Bello Horizonte)”, relató.
En las celdas de El Chipote todavía permanece un número no determinado de personas detenidas en el contexto de las protestas antigubernamentales.