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Poco tráfico y una actividad nocturna moderada hacen que la vida en  los departamentos sea completamente diferente a la de Managua, sin olvidar las costumbres y tradiciones culturales que les caracterizan.

Por ser más pequeños, en cada municipio la mayoría de personas se conocen entre sí y tienen más cercanía con sus autoridades.

Los gobiernos municipales rigen la vida de los ciudadanos en lo que a servicios y  obligaciones tributarias respecta, mientras que las delegaciones policiales son las encargadas de mantener el orden, sin embargo, tras la ola de protestas cívicas sostenidas desde el 18 de abril, cabe preguntarse ¿cómo es vivir en ciudades cuyas autoridades no funcionan?

La anarquía trae consigo una evidente transformación funcional, la cual algunos ciudadanos aplauden porque prefieren tener que realizar trámites en otras localidades a ser atendidos por instituciones que no les brindan confianza.

El primer caso de anarquía municipal lo encontramos en la ciudad de Diriamba, en Carazo, donde no funciona ni la Alcaldía ni la Policía.

Cierre de alcaldía

El 20 de abril, pobladores autoconvocados salieron a las calles a protestar contra las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. La marcha transcurrió en completa calma, aunque al querer unirse a la actividad que paralelamente se realizaba en Jinotepe, fueron atacados en Dolores, dando origen a un enfrentamiento con la Juventud Sandinista que les impidió el paso.

Al día siguiente, se organizó otra marcha que cambió por completo la vida de Diriamba. Al menos unas 3 mil personas se volcaron a las calles cobijadas por la bandera azul y blanco, gritando consignas de rechazo al Gobierno. Al llegar a las inmediaciones del parque central, los ciudadanos fueron atacados con armas de fuego por la Juventud Sandinista, originándose una batalla campal que duró al menos tres horas.

El enfrentamiento era disparejo, por un lado había balas mientras por el otro solo morteros. Sin embargo, el pueblo quintuplicaba en cantidad a sus atacantes. 

Once días han transcurrido sin autoridad policial en la ciudad y hasta el momento no se reporta ningún incidente de gravedad. Foto: Orlando Valenzuela/END

Esa tarde de sábado, la Policía Nacional intervino incluso con tropas antimotines que intentaron replegar a los autoconvocados con gases lacrimógenos y balas de goma, pero al poco tiempo se retiró, dejando que siguiera la lucha que culminó con la quema del edificio de la comuna.

En días posteriores los funcionarios del gobierno municipal se trasladaron de manera provisional a la pequeña biblioteca del parque infantil La Mascota. Sin embargo, actualmente no hay atención al público.

Desde entonces, no se le ha visto la cara al alcalde, los ciudadanos solo dos veces recibieron el servicio de recolección de basura y es tan extremo el caso, que este viernes 22 de junio no hubo ninguna autoridad que encabezara la celebración del 39 aniversario de la liberación de la ciudad, que por primera vez en muchos años pasó desapercibida.

Se va la policía

Prácticamente sin gobierno municipal, la ciudadanía siguió manifestándose y a diferencia de otros municipios, pudieron hacerlo en paz, porque no hubo represión policial.

Sin embargo, las cosas cambiaron de color el 12 de junio. La madrugada de ese martes el tranque del colegio San José, en Jinotepe, estuvo bajo ataque policial y de civiles armados afines al Gobierno. El ataque duró horas y en Diriamba se encendieron las alarmas.

Al caer la tarde hubo un piquete ciudadano en protesta contra la policía que terminó con la muerte del joven Marcos Antonio Villalobos, quien recibió un disparó en el pecho.

Los ánimos se caldearon y finalmente los 40 oficiales de la delegación de Diriamba decidieron abandonar las instalaciones, que al final fueron quemadas parcialmente y que en días posteriores fueron desmanteladas por personas ajenas a las protestas.

Reacciones

Once días han transcurrido sin autoridad policial en la ciudad y hasta el momento no se reporta ningún incidente de gravedad.

“Que Fernando Baltodano (alcalde) no aparezca nos tiene sin cuidado, porque no nos servía de nada. Ni la basura manda a recoger, un día de estos se la vamos a ir a dejar a su casa”, dijo doña Concepción Morales, pobladora de Diriamba.

En cuanto a la policía, los ciudadanos reconocen que es necesaria pero que no estaba cumpliendo su deber.

“Hasta el momento hemos vivido tranquilos sin policía, pero creo que es inseguro, los picados hacen mucho relajo y como saben que no hay ley, no les importa. Por otro lado, todo el mundo anda sin casco en las motos porque no hay multas. A pesar de esto, no ha habido accidentes”, estima el joven Luis Bermúdez.

“Para tener autoridades que solo velan por sus intereses y los de su partido, olvidándose de que juraron servir al pueblo, es mejor no tener nada. Claro que corremos riesgo de que la delincuencia haga de las suyas, pero te garantizo que como pueblo estamos preparados para defendernos”, manifestó doña Sebastiana Mendieta.

La joven Johana Alonso apuntó que “Diriamba está sin alcalde, sin policía, no hay recolección de basura, lo que nos hace propensos a enfermedades, sin policía para frenar a los tomatierras detrás del instituto Diriangén, que siguen haciendo de las suyas. Pero la verdad es que esta anarquía total no solo es en Diriamba, sino  en Nicaragua entera. La crisis nos está ahogando, las turbas armadas y delincuentes se desatan, roban, matan. Y lamentablemente no podemos acudir a ninguna parte porque estamos patas arriba”.

A medio gas

La vida académica está en pausa, salvo por los colegios públicos en los que la asistencia de alumnos es pírrica, aunque los docentes deben llegar por obligación.

Las instituciones bancarias no trabajan a tiempo completo, el pago de la quincena fue una odisea, porque los cajeros automáticos  estaban sin dinero por temor a que fueran saqueados.

Los supermercados se abastecieron hasta mediados de esta semana, siendo el producto más escaso el azúcar, cuya libra cuesta en algunas pulperías hasta 20 córdobas.

Las barricadas siguen en las calles de la ciudad como método de protección contra posibles ataques policiales y de turbas armadas.

El caso de Masaya

La ciudad de Masaya, con una población de 100,000 habitantes, la mayoría artesanos y pequeños agricultores, está virtualmente paralizada, tampoco funciona ninguna autoridad del Estado.

El alcalde, Orlando Noguera, huyó de Masaya en los primeros días del levantamiento de la ciudad en las protestas contra el Gobierno. En un ataque a la población sin precedente, este jueves las fuerzas antimotines y los paramilitares invadieron Masaya con el fin de “liberar” al comisionado Ramón Avellán, quien pasó acuartelado cerca de dos semanas.

La Policía solo logró despejar la vía que les permite salir del cuartel hacia Managua, pero no pueden entrar a los barrios de la ciudad, que se mantienen nutridos de barricadas.

Los niños no están yendo a la escuela, con excepción de algunos colegios privados que están trabajando con guías de estudio vía Internet para que los alumnos no se atrasen.

La Alcaldía de Masaya fue destruida, la basura no se está recolectando y los pobladores están quemando una parte de los desechos y otros los entierran, según relataron a El Nuevo Diario.

 En la ciudad tampoco funciona la Administración de Rentas ni ninguna otra entidad del gobierno central. Solamente los centros de salud y el hospital están abiertos al público, pero los heridos tienen desconfianza de ser atendidos en esos lugares.

Hay otras ciudades que se encaminan o viven una situación similar, como Nagarote, donde tras fuertes enfrentamientos, la policía quedó limitada a su cuartel y la actividad gubernamental se redujo, porque la ciudad se llenó de barricadas.

También Granada, donde la Alcaldía fue incendiada, pero por las calles hacen de las suyas las turbas armadas acompañadas de policías, causando el terror entre los pobladores.