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Con flores y banderas, desafiando el temor, miles de nicaragüenses marchan este sábado en Managua, Masaya, León y Rivas, para exigir la renuncia del presidente Daniel Ortega y justicia por la veintena de menores muertos durante la crisis.

En Managua la llamada Marcha de las Flores es la primera desde la multitudinaria manifestación el 30 de mayo en el Día de la Madre, en solidaridad por los hijos muertos, atacada a balazos por policías y civiles armados con saldo de 18 fallecidos.

Las  calles de la ciudad de Rivas, volvieron a cubrirse del color azul y blanco está tarde cuando decenas de rivenses autoconvocados decidieron salir nuevamente a las calles, para protestar en contra del gobierno y exigir la renuncia del presidente Daniel Ortega.

La marcha en este departamento también se extendió a la Isla de Ometepe donde autoconvocados y campesinos decidieron salir a las calles para exigir justicia por lo más de 200 asesinatos  que se han cometido durante las protestas en contra  del gobierno.

Los autoconvocados y miembros del movimiento estudiantil de Rivas habían cesado sus jornadas de protestas desde hace 8 días, cuando acordaron desactivar el tranque pacíficamente a cambio de la liberación de trece personas que habían sido detenidos por la Policía.

"Estoy aquí porque quiero ver a mi Nicaragua libre. Duele que hayan muerto niños como yo, pero hay que seguir en lucha para que salga este dictador", dijo un estudiante de 15 años, con pasamontañas. En una mano llevaba una bandera nicaragüense, en la otra un lanza-mortero.

En Estelí y Somoto ciudadanos también salieron a las calles a protestar en contra del gobierno.

      

En Masaya y León también se realizaban marchas convocadas por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que aglutina a la sociedad civil, para pedir justicia por los niños y adolescentes asesinados. 

Entre las muertes de menores que han conmocionado al país están la de un bebé de cinco meses, calcinado en el incendio a su casa, y otro de un año por un disparo en la cabeza en una calle de Managua, ambos casos atribuidos por sus familias a fuerzas del gobierno.