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Tensión, temor e incertidumbre son las emociones que se apoderan de las personas que para ir a sus hogares o a sus trabajos deben transitar por el sitio conocido como Las Esquinas o Las Cuatro Esquinas, en el departamento de Carazo.

Este paso ubicado sobre la carretera Panamericana Sur se ha convertido en el enjambre de las más variopintas anécdotas de terror que al ser escuchadas parecen sacadas de una obra de Horacio Quiroga o de Edgar Allan Poe, dignas de leerse bajo la luz de la luna, porque son lo suficientemente espeluznantes parte infundir terror en cualquiera.

La madruga del 12 de junio de manera simultánea se perpetró un ataque al tranque de Las Esquinas y al del colegio San José, ambos en Carazo. El objetivo de la misión llevada a cabo por miembros de la Policía Nacional y por parapolicías se cumplió a medias, pues solo lograron desmantelar el primero.

Sin embargo, la población de Las Esquinas no se dio por derrotada y salió a tratar de retomar el control de la situación, logrando prender fuego a la estación policial, lo que recrudeció el ataque de las fuerzas parapoliciales que entraron en férreo control de la zona, logrando replegar a los autoconvocados a punta de balas, muchos de los cuales quedaron atrapados en casas de vecinos por temor a salir y ser capturados.

“Ese primer día  fue horrible. Llegaron disparando a diestra y siniestra, nos sentimos apretados, dejamos el tranque y ellos se metieron a la comunidad y nos tenían intimidados a todos. Estuvimos como una semana encerrados y hasta la vez nadie sale con confianza, porque a varios nos andaban buscando los encapuchados y  después del primer muerto que hubo, un muchacho que iba a su trabajo y que lo mataron sin más ni más, el temor ha sido peor”, comparte una pobladora de Las Esquinas que omite su nombre por seguridad.

“Previo al ataque tuvimos un día común en el tranque de Las Esquinas, todo transitaba con real calma; el único problema era que ciertos camioneros decían  sentirse secuestrados, se les dijo que los íbamos a dejarlos ir, pero otra parte de camioneros  no quiso dar pase. A eso del mediodía fue lo contrario, los que no se querían mover decidieron irse y los que querían marcharse trancaron todo el paso.  Sin embargo, al día siguiente, a eso de las 2:00 a.m.

se escucharon perros ladrando y a las  2:50 de la madrugada empezaron a detonar armas hasta que nos acorralaron, varias personas se fueron y cuatro fuimos detenidos por turbas y parapolicías, quienes nos golpearon, después nos sacaron, pero la gente estaba molesta  y quemó la estación de Policía. Después ellos ya apoderados de la zona andaban tirando balas como locos en todas las calles para intimidar a la gente”, subrayó uno de los jóvenes que estuvo en el tranque.

A pesar de que la estación policial fue quemada, las paredes permanecen en pie y han servido de refugio para los encapuchados pro-Gobierno que ahí se apostaron desde ese día y que la semana pasada empezaron a ser relevados por agentes policiales. Adicionalmente, han levantado minibarricadas que también les sirven como guarida.

Encapuchados, con las armas siempre dispuestas al ataque y en una actitud de sospecha perpetua se ve a los parapolicías, aunque ya con menor regularidad por la presencia de agentes policiales, con quienes controlan la zona, sobre todo en horas de la noche.

La función de los parapolicías, cuya sola imagen intimida, es la de requisar a quienes transitan por el sector, sobre todo si van en vehículos particulares o a pie. Las revisiones, además de ser molestas, resultan peligrosas, pues se han reportado varios incidentes de hurto y secuestros. Son muchos los ciudadanos que comparten que los han despojado de dinero e incluso de sus celulares.

“Una de las cosas que más les interesa a ellos son los teléfonos celulares, porque te empiezan a revisar y si te hallan algo en contra del Gobierno te llaman, te bajan y te hacen rendir cuenta”, compartió un ciudadano que viaja diariamente de Diriamba a Managua.

Cuatro fallecidos

El peligro es una constante en la zona. Hasta la fecha se han registrado cuatro fallecidos en ese sitio.  El primer deceso fue el del joven José Antonio Solís Cruz, de  27 años, quien recibió un disparo en el ojo. Según algunos testigos, el muchacho se movilizaba en una bicicleta y se negó a que los parapolicías lo requisaran, motivo que consideraron suficiente para dispararle. 

Posteriormente se habló de un accidente entre los parapolicías que culminó con el fallecimiento de uno de ellos, hecho que nunca llegó a comprobarse, no obstante, ese mismo día desapareció el empresario Vicente Rappaccioli.

Un amante de la ecología 

Rapaccioli fue reportado como desaparecido la noche del martes 26 de junio. Sus familiares hicieron uso de las redes sociales en busca de información que les ayudara a dar con su paradero, suministraron fotografías y el número de placa de la camioneta que conducía.

No obstante, la búsqueda tuvo un desenlace fatal, pues el cuerpo apareció en el Instituto de Medicina Legal (IML), institución que reveló en una nota de prensa que “el cuerpo del señor Rapaccioli Navas ingresó a la morgue de esta institución a las 11:30 p.m., del 26 de junio 2018 y fue retirado por sus familiares a la 1:35 p.m. del domingo 1 de julio”. 

“No tenemos todavía certeza, por consiguiente, no tengo la claridad para poder responsabilizar y eso es lo que pretendemos, llegar a encontrar a los causantes de la muerte de Vicente. La trayectoria que siguió mi hermano, porque la hemos estado investigando, es que tuvo que toparse con el tranque de las Cuatro Esquinas (ruta San Marcos-Jinotepe-Diriamba) y en ese tranque los miembros son del Gobierno”, explicó su hermano, Juan Carlos Rapaccioli.

Aunque la familia ha mantenido hermetismo, una de las sobrinas de don Vicente aseguró que lo más importante es que su tío sea recordado no por cómo murió, sino por sus aportes a la humanidad.

Policías asesinados

La relativa tranquilidad que se vivía el domingo 1 de julio en el departamento de Carazo fue interrumpida en horas de la tarde cuando se reportó una balacera que hasta el día de hoy no está esclarecida.

Los testigos que estaban en la zona aseguraron que los parapolicías apostados en Las Esquinas abrieron fuego contra el vehículo plateado identificado con la placa M 267268, en el cual viajaban 4 personas, dos de las cuales fallecieron, aunque no se supo nada de los otros dos ciudadanos.

Lo sorprendente fue que en horas de la noche la Policía Nacional emitió un comunicado escueto, en el que informaba que dos policías que se encontraban realizando vigilancia en el sector fueron atacados con armas de fuego por personas desconocidas que acabaron con sus vida. Los oficiales fueron identificados como inspector Ilish Aarón Urrutia y suboficial mayor Alan Alexander Rodríguez Hernández. 

Hay versiones que aseguran que los policías viajaban de civil y que al ir armados fueron atacados por los encapuchados que controlan en lugar.

Retenciones y torturas

Las revisiones a las personas que circulan por la zona incluyen detenciones en lo que queda de las estación policial quemada.

Con mayor frecuencia los detenidos son varones. Según el testimonio de un joven que fue introducido a dicho lugar, fue golpeado por los parapolicías, quienes revisaron su celular minuciosamente en busca de alguna información que lo comprometiera. 

“Uno de ellos pedía que me golpearan más porque no me habían hecho nada, pero gracias a Dios no lo hicieron porque dijeron que estaba limpio, pues en mi teléfono no había nada, yo solo había ido a una marcha en Diriamba, nunca he hecho nada malo. Desde ese momento yo no paso más por esa zona, ni pienso hacerlo, es demasiado arriesgado”, aseveró el joven diriambino.  

El 28 de junio en este punto que se ha vuelto de alta peligrosidad fue detenido el excomisionado de la Policía Nacional Juan Andino Chong, a quien supuestamente señalaban de apoyar los tranques. Según declaraciones de Andino Chong, liberado siete días después de su captura, fue trasladado al zonal del FSLN en San Marcos y luego a las celdas de Auxilio Judicial, donde asegura solo fue sometido a tortura sicológica.

 “En esa estación de Las Esquinas torturan a la gente que meten, se oyen gritos y luego los trasladan a San Marcos”, señaló un habitante del sector. Además, se reportó el secuestro de un microbús que cubre la ruta Carazo-Managua, supuestamente porque el cobrador había filmado a quienes estaban en el tranque.  La versión de algunos transportistas es que el cobrador y el conductor fueron sometidos a torturas con plástico caliente y luego fueron abandonados a su suerte en un cafetal.

Y como para cerrar con broche de oro, el rol de los parapolicías y de los oficiales apostados en este paso, este jueves en horas de la tarde fue retenido el sacerdote Dayvis López Jarquín, párroco de la comunidad de San Gregorio, en la zona rural de Diriamba.

El sacerdote declaró que regresaba de Managua en una camioneta propiedad de Roberto Jiménez, en la que transportaban una donación para su parroquia, la cual le había sido entregada en Radio María. En el retén, los agentes policiales revisaron la carga y detuvieron al padre, al propietario del vehículo y otro joven que viajaba con ellos.

Los medios oficialistas publicaron fotografías y difundieron la información de que el sacerdote había sido retenido por portar armas.

El padre Dayvis y Roberto Jiménez, al igual que la Arquidiócesis de Managua desmintieron esa información y aclararon que en ningún momento les ocuparon armas, por lo cual fueron liberados la mañana de este viernes.