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Los obispos de Nicaragua vivieron este lunes en Diriamba lo que el mismo cardenal Leopoldo Brenes describió como “una cosa nunca antes vista en el país”. Llegaron a la ciudad con la intención de liberar a un grupo de personas que se encontraban en el interior de la Basílica Menor San Sebastián, pero fueron recibidos con golpes, oprobios y expresiones de odio por turbas pro-Gobierno y civiles armados encapuchados.

Desde el pasado domingo, las ciudades de Diriamba y Jinotepe, en Carazo, se encuentran bajo el control de fuerzas policiales y parapoliciales, tras un operativo con fusiles de combate para eliminar tranques y barricadas, dejando un saldo de, al menos, 18 muertos y decenas de heridos.

El lunes por la mañana, el cardenal Leopoldo Brenes y su obispo auxiliar, monseñor Silvio José Báez, decidieron visitar Carazo para solidarizarse con las personas afectadas, tratar de parar el asedio y negociar la liberación de los detenidos. Ambos fueron acompañados por sacerdotes de la Arquidiócesis de Managua y el nuncio apostólico en Nicaragua, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag.

Las turbas lograron cortar en el brazo al obispo Báez, a quien robaron sus insignias. Óscar Sánchez\END

Al llegar a Diriamba, todos fueron blancos de ataque. Desde el sector de Las Esquinas, cuatro kilómetros antes de la entrada a la ciudad, grupos de simpatizantes del gobierno del presidente Daniel Ortega les esperaban portando banderas rojinegras y les gritaron: “Asesinos”, “golpistas”, “pedófilos” y otros descalificativos. También gritaban “queremos la paz”.

Cuando llegaron a la basílica, la agresión recrudeció. Decenas de encapuchados que se encontraban apostados alrededor del templo en camionetas doble cabina, agredieron verbal y físicamente a obispos y sacerdotes.

Los religiosos intentaron ingresar al templo por la puerta principal, pero fue imposible. Mujeres y hombres, encapuchados y civiles, les lanzaron manotazos, los empujaron y los insultaron sin cesar. Entonces, decidieron entrar por la puerta trasera, pero el asedio y la agresión continuaron.

En el costado sur del parque central de Diriamba, oficiales de la Policía Nacional a bordo de una unidad móvil observaron la agresión contra los obispos y nunca intervinieron en su defensa.

Los encapuchados sacan sus armas cuando escuchan una detonación, probablemente de un mortero.AFP\END

Amenaza armada

Un grupo de pobladores de Diriamba intentó auxiliar a los obispos, pero los encapuchados se lo impidieron.

Cuando los obispos ingresaron a la parroquia, las turbas rodearon el templo portando banderas del Frente Sandinista. Cinco minutos más tarde las turbas entraron por la fuerza.

Nueve personas que se encontraban a cargo de un puesto médico improvisado en la parroquia para atender a heridos, fueron agredidas. Estas personas estaban encerradas en la iglesia desde el domingo, rodeadas por las turbas, y a ellas querían sacar protegidas los obispos.

En el interior y en las afueras de la basílica se vivieron momentos de caos. Periodistas, representantes de organismos de derechos humanos, obispos y miembros del cuerpo diplomático, como monseñor Andrea Piccioni, encargado de negocios de la Nunciatura Apostólica en Nicaragua, recibieron golpes.

El cardenal Brenes, monseñor Stanislaw y monseñor Báez intentaron salir del templo escoltados por un grupo de sacerdotes que recibieron puñetazos y golpes con cascos de motocicleta, propinados por los encapuchados.

Los encapuchados recibían orientaciones a través de radio comunicadores. AFP\END

Una jauría

Monseñor Silvio José Báez, quien posee medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fue uno de los más ofendidos y atacados. Fue herido con arma blanca en su brazo derecho, le golpearon en el estómago y le arrebataron sus insignias episcopales.

Monseñor Miguel Mántica y el padre Edwin Román, de Masaya, fueron brutalmente agredidos cuando custodiaban la salida de Báez junto a otros sacerdotes. A Mántica le robaron el celular.

En un primer intento por salir de la basílica, solo Báez pudo lograrlo; los encapuchados salieron tras él y los sacerdotes pudieron sacar a un grupo de agresores que había ingresado al templo.

Al salir, Báez fue asediado con más agresividad, por lo que volvió a ingresar a la parroquia ya liberada de turbas que se mantuvieron afuera. Varios sacerdotes lloraban ante la agresión.

Desde el interior del templo, el cardenal Brenes se comunicó con autoridades del Gobierno para pedir que detuvieran el ataque en su contra. Una hora más tarde un grupo de agentes policiales llegó a la parroquia para custodiar la salida de los obispos.

Brutalidad contra la iglesia

Al salir de la basílica, Brenes decidió que todos regresaran a Managua. Desde Diriamba fueron custodiados por policías hasta El Crucero. En la carretera les esperaba monseñor Rolando Álvarez. Los obispos bajaron para abrazarlo.

Al llegar a la Catedral de Managua, todos fueron directo a la capilla del Santísimo, se arrodillaron, oraron, cantaron y lloraron.

“Hemos sentido la fuerza brutal contra nuestros sacerdotes. Hemos ido a las parroquias para consolar a nuestros sacerdotes, para acompañarlos en el sufrimiento y hemos recibido agresión. Señor, perdónales porque no saben lo que hacen”, lamentó el cardenal Leopoldo Brenes.

Monseñor Báez dijo: “Cumplimos con nuestra misión de liberar a las personas que estaban atrapadas en la basílica de San Sebastián. Esto que me pasó no es nada comparado a lo que ha sufrido el pueblo”.

“Por medio de la violencia todo se encamina a un callejón sin salida”, agregó.

Reacciones

Ante el ataque que sufrieron los obispos y sacerdotes, hubo reacciones nacionales e internacionales.

La Cancillería del Arzobispado lo calificó como “vulgar” y “sacrílego”.

“Es un irrespeto a la persona de los obispos, del Nuncio Apostólico, que representa al Vaticano, y la profanación de la Basílica de San Sebastián. Es deplorable el lujo de insultos proferidos por las turbas y los paramilitares”, argumentó.

Monseñor José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá, condenó la agresión y dijo que la violencia en Nicaragua “es fruto de no escuchar el clamor del pueblo”.

“Desde esta Iglesia que peregrina en Panamá, queremos unirnos a la condena y repudio por los actos de agresión que se están dando contra el pueblo nicaragüense, especialmente por los que se han dado hoy contra el cardenal Brenes, monseñor Báez, el Nuncio y sacerdotes”, expresó el religioso a través de un video difundido por la Arquidiócesis de Managua.

Según el obispo panameño, “esto no es más que fruto de no escuchar el clamor del pueblo”.

“Nos unimos en oración para que a través del diálogo prontamente Nicaragua recobre la paz que tanto ansía”, enfatizó.

Francisco Palmieri, subsecretario de Estado para asuntos hemisféricos de Estados Unidos, dijo estar “indignado” por el ataque a la Iglesia y lo calificó como “inaceptable”, indicando que la “campaña de violencia e intimidación socava el diálogo y debe parar. Crucial encontrar vía pacífica”, expresó en Twitter.

La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia condenó el ataque del que también fueron víctima varios de sus miembros, entre ellos Juan Sebastián Chamorro, Sandra Ramos y jóvenes de la Coalición Universitaria que acompañaban a los obispos.

“Una vez más, quienes exigimos el cese de la represión somos víctima del odio y la violencia. Este ataque cobarde se suma a la ola de represión que dejó más de 20 personas asesinadas en Carazo desde ayer”, escribió la Alianza Cívica en su cuenta de Twitter.

José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), quien llegó hasta la Catedral de Managua para solidarizarse con los obispos, dijo que “es lamentable ver hasta dónde se ha llegado”.

Las turbas que agredieron a los obispos portaban banderas rojinegras y les gritaban “Asesinos” y “golpistas”.

“Se ha insistido en el diálogo, pero al parecer para el Gobierno esa no es una salida. Es lamentable, el mundo entero se está dando cuenta de lo que está pasando en Nicaragua y quiénes son los responsables”, comentó.

La Alianza Cívica llamó a manifestarse en los atrios de las parroquias a nivel nacional, para respaldar a los obispos de la Conferencia Episcopal, quienes son mediadores y testigos en el diálogo nacional.