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“Lo único que pensaba es que nos íbamos a morir. Imaginé que iba a morir en una iglesia”, dice Valeska Sandoval, una universitaria de 20 años que se encontraba el viernes por la noche dentro de la iglesia Jesús de la Divina Misericordia tras ser desalojada a balazos de la barricada norte Arlen Siu, desde la que resguardaba el recinto Rubén Darío de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).

Sandoval estaba dentro de la iglesia con un grupo de al menos 200 estudiantes, sacerdotes y periodistas, rodeados por civiles armados afines al Gobierno que disparaban ráfagas de balas. El ataque empezó en la UNAN al mediodía del viernes y cesó a eso de las 6 de la mañana del sábado.

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“Sabíamos que nos podían llegar a sacar de la universidad, pero no nos podíamos imaginar la magnitud de ese ataque”, comenta Jonathan López, uno de los voceros de la UNAN-Managua, quien destaca que las paredes de la iglesia, los postes de luz cercanos e incluso la casa pastoral quedaron agujereados por las balas. Hasta horas de la tarde de este sábado, los alrededores de la parroquia continuaban cercados por parapoliciales.

“Estábamos resignados”, comenta Sandoval. “Había euforia, miedo y un poco de esperanza”, relata después de haber salido de la iglesia junto a todos sus compañeros, agregando que no se arrepiente de haberse tomado el recinto universitario, porque su lucha “es justa y es de corazón”.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua emitió este sábado un mensaje, afirmando que “es condenable todo acto de profanación sacrílega contra la Iglesia, ya sea en sus consagrados o en sus templos”.

“De igual modo son condenables las agresiones contra periodistas nacionales e internacionales, defensores de los derechos humanos y miembros de la sociedad civil”, afirmaron los obispos católicos en su mensaje pastoral que destaca que “en los últimos días se ha recrudecido la represión y la violencia por parte de los paramilitares progubernamentales hacia las personas que protestan cívicamente”.

Catorce heridos

Valeska Sandoval se había atrincherado en la UNAN-Managua desde el 7 de mayo, día en que un grupo de estudiantes se tomó el recinto exigiendo la reestructuración de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), una dirigencia estudiantil acusada de ser el brazo político del partido gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y de estar involucrada en la represión contra manifestantes antigubernamentales desde el mes de abril.

Durante 68 días los estudiantes tuvieron tomado el recinto, hasta que el viernes al mediodía fueron atacados a balazos por grupos encapuchados, apoyados por la Policía Nacional, que en el pasado ya les habían matado a cuatro estudiantes allí atrincherados.

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Según la versión de jóvenes que se encontraban en las barricadas, los ataques iniciaron en el sector de la Rotonda Universitaria. Allí, varios fueron heridos de bala; retrocedieron hasta la barricada Arlen Siu donde resistieron cuatro horas, defendiéndose con morteros y bombas molotov, y luego se replegaron hacia el punto de evacuación que habían establecido: la DM (iglesia Jesús de la Divina Misericordia), en el costado sureste del recinto universitario.

“No logramos sacar nada de comida que teníamos de reserva, ropa, nada. Todos salimos corriendo, con balas detrás”, dice Ulises Lagos, de 21 años, quien también se encontraba en las barricadas cercanas a la rotonda donde iniciaron los ataques.

Alrededor de las cinco de la tarde, cuando la mayoría de estudiantes se había resguardado en la parroquia, los ataques se concentraron en el templo. Allí también había barricadas y patrullas de la Policía Nacional, bloqueaban el paso a organismos de derechos humanos y sacerdotes que intentaban detener la violencia.

A las 10 de la noche, la Comisión de Verificación y Seguridad (CVS) del Diálogo Nacional logró que ambulancias entraran a la iglesia y sacaran a varios heridos y al periodista estadounidense Joshua Partlow. El cardenal Brenes informó que un total de 14 heridos fueron trasladados a centros hospitalarios el viernes por la noche.

“Estábamos rodeados”

Tras retirarse la CVS, los ataques se reanudaron. “Los tiros venían del lado de El Zócalo, de La Pampa y de la tienda Claro cerca de Plaza Portas. Estábamos rodeados”, cuenta Sandoval. 

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Mientras la mayoría de jóvenes se resguardaban en la iglesia, un grupo de veinte jóvenes salió a defender las barricadas. “Si ellos se nos metían, nos mataban”, explica un joven de 17 años que prefiere el anonimato. “Querían exterminar definitivamente la lucha, porque ya habíamos desalojado la UNAN”, agrega.

El Cardenal Leopoldo Brenes, con el nuncio apostólico Waldemar Stanilaw Sommertag y miembros de la Comisión de Verificación y Seguridad, luego de la salida de los estudiantes de la UNAN. Foto: Bismarck Picado/END

Según Lagos, los parapoliciales estaban tan cerca que lograban gritarles “bastardos, se van a morir”.

“Incluso, nos decían vendepatria. Les contestábamos que cuánto les estaban pagando por matar estudiantes”, recuerda. Cada cierto tiempo los estudiantes lanzaban un mortero y “uno que otro (disparo) de arma artesanal”, dice Lagos.

Para Sandoval, los ataques durante la madrugada fueron los más asfixiantes emocionalmente: “la oscuridad y la incapacidad de reaccionar contra el armamento pesado con que eran atacados los tenía vulnerables. Nunca cesaron los ataques. Siempre tenían balas”, agrega Lagos, quien estudiaba hasta hace tres meses en la Universidad Politécnica (Upoli).

En la barricada en la que se resguardaba Lagos murieron dos jóvenes entre las 5 y las 6 de la mañana: Gerald Vásquez, de 20 años, y Francisco Flores, de 22, ambos con disparos en la cabeza.

Llegan los obispos

Finalmente, a las 6 de la mañana los ataques cesaron y una hora después el Cardenal Leopoldo José Brenes y el Nuncio Apostólico, Stanislaw Waldemar Sommertag, se trasladaron a la parroquia Jesús de la Divina Misericordia para mediar la liberación de los estudiantes.

“Nos alegramos cuando dijeron que venía la Iglesia, pero aun así estábamos desconfiados. Muchos decían: “de todas formas nos van a matar, también van a matar a los padres”, recuerda Lagos, quien pensaba que podrían ser rafagueados en el mismo bus en que les sacaran de la iglesia.

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“Nuestra alegría fue cuando veníamos en el microbús, en todo el camino veníamos cantando el Himno Nacional, Por un pedazo de cielo, Vivan los estudiantes y Solo le pido a Dios”, rememora Sandoval.

A las diez de la mañana, la caravana de estudiantes, liderada por los vehículos de las autoridades eclesiásticas arribaron a la Catedral Metropolitana, donde los esperaban sus familiares, periodistas y defensores de derechos humanos.

“¡Sí se puede!”, gritaban los jóvenes desde los tres buses en que fueron trasladados. Muchos lloraban, ondeaban banderas de Nicaragua y celebraban haber salido vivos de un ataque que duró alrededor de 18 horas.

Respeto a derechos humanos

El nuncio apostólico en Nicaragua calificó de “lamentable” la situación que vivieron los estudiantes de la UNAN-Managua. “Tenemos los muertos y nos duele mucho”, dijo el obispo, añadiendo que su voz será siempre “para el respeto de los derechos humanos”.

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Denisse Cook, la coordinadora del Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), afirmó que las autoridades gubernamentales están haciendo “un uso desproporcionado de la fuerza, y hay un legítimo derecho a la protesta que debe ser afrontado con los medios del Estado, pero en ningún caso con violencia”.

Cook destacó que desde el Meseni se ha llamado a la necesidad de clarificar la procedencia de las “fuerzas enmascaradas fuertemente armadas” que operan con impunidad en el país.

La encargada de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos, María Luisa Bascur, dijo que hay preocupación en este organismo por posibles represalias en contra de los estudiantes atacados. “Se estará trabajando con todas las partes para ver qué tipo de condiciones se van a poder mantener en el tiempo”, indicó.

Los estudiantes de la UNAN-Managua liberados este sábado expresaron su preocupación por lo que pueda ocurrirles en el futuro, existiendo antecedentes de detenciones ilegales y persecución a manifestantes. “Sabemos que seremos cazados como animales, tenemos miedo de lo que nos pueda pasar”, dijo una estudiante.

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Orlando Barrios y José Isaac Espinoza

Después del violento ataque a los estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), los parapoliciales iniciaron una cacería desde la noche del viernes cuando sacaron a uno de los heridos de un hospital y lo trasladaron a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como la cárcel El Chipote.

Sin embargo, en horas de la mañana de este sábado hubo un altercado entre ciudadanos y parapoliciales (civiles armados) que propició que se les escaparan dos detenidos que llevaban a bordo de una patrulla cerca de la DAJ.

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Carla Sequeira, directora de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), afirmó que los paramilitares llevaban a cuatro detenidos en la tina de la camioneta, a quienes iban agrediendo.

“Los familiares de otros detenidos en El Chipote comenzaron a reclamar y se armó un alboroto. Y de pronto, uno de los jóvenes saltó de la camioneta, llevándose consigo a su compañero porque iban enchachados (con esposas)”, relató Sequeira.

Algunos testigos dijeron que uno de los parapoliciales intentó dispararle a uno de los detenidos que había quedado en la tina, pero el arma se le pegó y no pudo disparar. Entonces, otro parapolicía realizó dos disparos.

“En ese momento corrimos a buscar un refugio y otros parapoliciales nos amenazaron con que si no lograban capturar a los prófugos, venían por nosotras”, relató María Martha Flores.

Hasta la noche no se obtuvo información sobre la suerte de los dos jóvenes que se fugaron.

Alexandro Álvarez, de la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos (CIDH) visitó El Chipote para constatar lo sucedido con los parapoliciales e informó de inmediato a sus superiores.

Le amputaron dedo

Arlen López denunció que su hermano Kevin Javier Alvarado, de 25 años, atrincherado en la UNAN-Managua, fue herido de bala en el dedo medio de la mano derecha y la Policía lo trasladó al hospital Militar. Luego lo llevaron al hospital Fernando Vélez Paiz, donde ingresó sin su dedo y tenía programada una operación para unir su dedo índice y anular.

“Una doctora del hospital Vélez Paiz me dijo que mi hermano abandonó el hospital y que había firmado el documento con la huella digital. A él lo llegaron a sacar con todo y gabacha. Vine a El Chipote y me dicen que está detenido aquí”, indicó la hermana del joven herido.

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El Movimiento de Estudiantes Atrincherados en la UNAN-Managua demandó a las autoridades respeto a su integridad física.

“Policía y paramilitares han secuestrado a algunos compañeros que han decidido volver a sus hogares, demandamos que se respete nuestra integridad y libertad”, expresaron los jóvenes al leer un pronunciamiento ayer por la tarde.

Los miembros del Movimiento Estudiantes Atrincherados en la UNAN-Managua recordaron que “la directiva (de esa agrupación) iniciaría el proceso de negociación de salida del recinto y había enviado una carta a la Conferencia Episcopal. 

Detienen a hijo de historiador

También se encuentra detenido Héctor Arellano, de 35 años, ingeniero industrial, con máster en Administración de Negocios e hijo del reconocido historiador Jorge Eduardo Arellano, secretario de la Academia de Geografía e Historia y miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Arellano informó que su hijo trabaja en la Compañía Cervecera de Nicaragua y que recién había llegado de la Copa Mundial de Rusia, donde permaneció 15 días.

“Mi hijo fue citado en su trabajo, él vino a la cita (a la DAJ) a las 8 de la mañana del jueves y quedó detenido. Ya cumplió las 48 horas y no se le ha tratado con dureza”, afirmó el historiador, quien ha recibido apoyo solidario.