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Los agujeros de las balas disparadas hace una semana por las "fuerzas combinadas" sandinistas contra la iglesia de la Divina Misericordia, donde perdieron la vida dos jóvenes, hacen imposible olvidar la fatídica fecha que vivió Nicaragua y que quedará grabada a fuego de por vida en la memoria de quienes lo vivieron de cerca.

Las huellas de la barbarie y la muerte permanecen en la fachada de la parte de la capilla de la iglesia, lugar en el que se refugiaron, huyendo del tiroteo, estudiantes, médicos y periodistas, quienes estuvieron retenidos allí varias horas.

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Como si de un museo se tratara, los fieles, tras asistir a la primera misa celebrada después de la fatídica noche del viernes pasado, hacen fotos para el recuerdo, un recuerdo doloroso que "no se olvidará jamás", tal y como dijo a Acan-efe Clara Reyes una feligresa habitual del templo.

"Esos huecos nos recuerdan que nos están matando y eso no se olvidará jamás, pero las balas nunca podrán con la palabra de Dios y tampoco los ataques del presidente (Daniel Ortega) contra la iglesia. Él no es el dueño del país, solo es un presidente que puede dejar de serlo en cualquier momento.

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Nosotros tenemos la palabra", manifestó Reyes. La feligresa, que mantiene en su memoria "como si fuera ayer" la vivencia de la trágica noche, que siguió por los medios de comunicación y redes sociales, está convencida de que "si la justicia terrenal no lo juzga, lo hará la divina, y de esa no se podrá escapar ni él ni la Chayo (Rosario Murillo, vicepresidenta del país y esposa de Ortega)".

En la misma línea, Carlos Cabazo, otro devoto nicaragüense, aseguró a Acan-efe que "todavía duele el corazón al pensar en ese día", en referencia el suceso ocurrido la madrugada del viernes al sábado en la iglesia. "Yo no estaba aquí, pero seguí minuto a minuto el sufrimiento de los chavalos y de las personas que estaban en la capilla.

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Cualquier nicaragüense de bien ha sufrido ese día y sigue sufriendo por tanta sangre de inocentes derramada", señaló Cabazo. El hombre explicó que al día siguiente del hecho, se comunicó con el sacerdote de la parroquia, Erick Alvarado, para ponerse a su disposición para las tareas de limpieza y restauración del templo. "Vinimos varias personas a limpiar y a hacer lo que estaba en nuestra mano para que la iglesia pudiera ser, lo más pronto posible, nuestro lugar habitual de rezo y hoy celebramos que volvemos a este lugar a rezar por las víctimas y a pedir por la paz y la justicia para un país que tanto amamos", manifestó con lágrimas de emoción en sus ojos.

Durante la homilía, Alvarado hizo público su agradecimiento por el "coraje que tuvieron" los feligreses, quienes, "sin miedo ni temor se presentaron aquí, en el templo, armados con útiles de limpieza y se pusieron a limpiar para eliminar, lo más pronto posible, las huellas de la muerte". "Ahora quedan esos agujeros de las balas y las desgraciadas muertes de dos jóvenes que tenían un futuro prometedor, pero nada más.

No mataron nuestra fe y no la matarán nunca, con esa no pueden. Seguiremos rezando por recuperar esa Nicaragua feliz, la que nos gusta, el país de la paz, donde no cabe la violencia, añadió el religioso.

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La capilla del Santísimo, que será recordada por siempre en el lugar que salvó de una muerte segura a decenas de personas, está marcada por las huellas de las balas, por el fuego sandinista. Paredes, imágenes religiosas, ventanas, cristales y cortinas mantienen los restos de la barbarie y de la muerte.

Y de algún modo, también conserva de manera invisible la heroicidad de dos jóvenes estudiantes que dejaron su vida en la batalla, a cambio de un país más próspero y mejor. Las protestas contra Ortega se iniciaron el 18 de abril pasado, por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.