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Javier Antonio Arburola Rodríguez, pintor y escultor originario de Diriamba, Carazo, ha logrado que su nombre sea reconocido a nivel internacional con la venta de más de 300 cuadros de inspiración propia, en diferentes países del mundo.

A sus 50 años de edad, y con más de 25 años de trayectoria artística, Javier Arburola, se dedica a la pintura de cuadros y restauración de imágenes, arte que aprendió desde que era muy joven cuando observaba trabajar a su hermano.

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"Este talento es casi nato, desde pequeño me gustaba pintar, mi hermano ya pintaba y yo le ayudaba en el taller, pero él nunca se interesó en enseñarme, yo observaba y así aprendí, primero fue la pintura y luego la restauración de imágenes, tengo 20 años de hacerlo", dijo Javier Arburola.

En la restauración de imágenes su mayor cliente es la iglesia católica. Foto: Tania Narváez/END

La pintura primitivista fue la inspiración de Javier, talento que ha sido reconocido en países europeos, pues sus cuadros han sido exhibidos en famosos palacios de cultura.

"Los que viajan son los cuadros, yo me quedo, pero soy feliz cuando no regresan y mi nombre es conocido en el extranjero, aquí en Nicaragua también he participado en exposiciones en Granada, Managua y Carazo", comentó el artista.

Para el próximo año, Javier Antonio Arburola se ha propuesto realizar un calendario con doce tipos de trabajos esforzados de la mujer nicaragüense.

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"La idea me surgió hace poco, ya empecé a pintar los cuadros que servirán para el calendario 2019, ya hay una persona que quiere patrocinar, pero aún no es nada concreto, pero tengo la certeza de que lo voy a lograr", explicó Javier Arburola.

El valor de un cuadro depende del tamaño y de la imagen que el cliente desee plasmar, por lo general el precio es de 100 dólares a más.

Para Arburola, éste arte es como un pasatiempo y una fuente más de ingresos ya que él es licenciado en derecho.

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Javier y su esposa solo tuvieron un hijo, no obstante, el pintor y escultor aduce que su legado lo dejará en manos de su nieto Thiago Arburola, quién a sus siete añitos ya pinta cuadros en el taller de su abuelo.

El valor de un cuadro depende del tamaño y de la imagen que el cliente desee plasmar. Foto: Tania Narváez/END

"Mi hijo no tiene el talento para la pintura, él estudia periodismo y su pasión es el fútbol, pero mi nieto sí, a los dos años pintó su primer cuadro y ahora ya pinta cuadros más disciplinados, ese es mi sueño, dejar mi legado y que mi nombre nunca se olvide", añadió Arburola.

En la restauración de imágenes su mayor cliente es la iglesia católica, actividad que le ha dejado muy buenos ingresos económicos con los que ha sacado a delante a su familia.