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Después de las denominadas operaciones limpieza con las que el Gobierno quitó los tranques que la población había levantado en el país, la vida ha cambiado en las ciudades, sobre todo en las de la zona de oriente del país, donde la gente aún está atemorizada.

Los departamentos de Carazo y Masaya fueron dos de los que sufrieron los mayores estragos de la violencia y tras ser eliminadas las barricadas, se han instalado grandes contingentes de policías y parapolicías patrullando las ciudades, pero los pobladores prefieren mantenerse resguardados en sus casas la mayor parte del tiempo.

“Aquí no hacemos ni un tiempo de comida en paz, en las noches no se puede conciliar el sueño y cuando se logra podemos ser despertados por repentinos balazos. Los parapolicías se pasean por toda la ciudad”, señala una pobladora diriambina, que solo quiso identificarse como Simonita.

La anciana asegura después que fueron eliminadas las barricadas y las autoridades pretenden que todo regrese a la normalidad, ellos se mantienen atemorizados.

La gente sale a las calles solamente si es necesario, pues consideran que quien anda en la calle corre el peligro de ser apresado.

“Lo que aquí le hicieron a los obispos de herirlos y de insultarlos es penoso y peor aún es como nos tienen ahora. A mí casi me matan del corazón porque vi como siguieron a un pobre chavalo porque pensaban que les había tomado foto”, prosiguió. Por su parte, una madre de familia que prefirió el anonimato, señaló que ella prefirió que sus hijos perdieran el año escolar a exponerlos a ser capturados.

“A las 6 de la tarde procuramos estar encerrados, porque sabemos que estamos rodeados de autoridades que no nos garantizan ni la vida. Mis hijos los tengo siempre conmigo porque no quiero que mueran a manos de ellos, sin ser culpables de nada”, compartió la afligida madre.

No hay protestas

En Diriamba y Jinotepe, después del operativo del 8 de julio no ha habido marchas ni ninguna acción de protesta contra el Gobierno, debido a que muchos jóvenes tuvieron que huir para no ser atrapados por los parapolicías.

“Aquí ni al mercado vamos tranquilos porque en el momento menos pensado llegan los encapuchados y la gente tiene temor. Muchas familias están sufriendo porque sus hijos andan huyendo para que no los capturen, mientras otras familias enfrentan el problema de que sus hijos están presos”, dijo César Mendieta.

En Jinotepe muchos negocios han tenido que cerrar porque nadie quiere salir por la gran inseguridad.

Artesanos de Masaya afectados

En Masaya, donde también se realizó un fuerte operativo para desmontar las barricadas y que la ciudad volviera a la normalidad, lo que ha creado es un ambiente de temor, porque el patrullaje de parapolicías es constante y la población se mantiene encerrada por precaución.

En el barrio Monimbó,  donde la resistencia contra el Gobierno fue más fuerte, los parapoliciales patrullan todo el día en camionetas y donde funciona el tiangue, que ofrece una variedad de comidas típicas, ahora se mantienen civiles armados.

Los vendedores de comidas no están llegando a este lugar y la gente del barrio no sale a las calles después de las 6 de la tarde, y a esa hora los pocos negocios que aún quedan, cierran sus puertas.

Un habitante de la zona afirmó que como las autoridades quieren aparentar normalidad en Masaya, están entregando los puestos del tiangue de la placita a personas afines al  Gobierno, para que lleguen a vender y hacer ver que todo se normaliza.

El ambiente es de luto por la cantidad de muertos que dejó la violencia en esta ciudad y ya no se aprecian jóvenes jugando o caminando por las calles.

Monimbó es considerado uno delos barrios más bravos en Nicaragua. Archivo/END

Monimbó es un barrio lleno de talleres artesanales y ahora muchos de los pequeños negocios están sin personal para trabajar.

Uno de los propietarios de un taller de calzado dijo que los jóvenes huyeron del pueblo y ahora tiene problemas para seguir produciendo, pues no tiene mano de obra.

La iglesia San Sebastián, que está frente a la placita de Monimbó, no ha abierto sus puertas desde el fuerte ataque armado con el que quitaron las barricadas en el barrio, pues la población tiene temor hasta de ir a misa, relató una pobladora.

Los alumnos todavía no han regresado a clases, ni los turistas, que antes se notaban por toda la ciudad de Masaya.

En Masaya no solo se apreciaba una gran cantidad de turistas nacionales y extranjeros, sino también muchas excursiones de panameños que venían a esta ciudad a realizar compras de ropa y otros productos artesanales que son muy apreciados por los canaleros.

Desde que iniciaron las protestas, en el mes de abril, las excursiones con ciudadanos panameños dejaron de venir, y eso ha bajado las ventas en el comercio de Masaya.

Los pequeños hoteles se mantienen vacíos y hasta las fritangas, que proliferaban por muchas calles de la ciudad, han disminuido sus ventas porque los pobladores están comprando menos.