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  • EFE

Nicaragua vive una "tensa normalidad", afirmó hoy el cardenal Leopoldo Brenes, al referirse a persecuciones y amenazas del Gobierno en medio de la crisis que ha dejado entre 317 y 448 muertos desde abril, en protestas contra el presidente Daniel Ortega.

"La persecución a personalidades y a personas que disienten de una actitud del Estado, yo lo veo como algo negativo, hay que bajar esas situaciones para que verdaderamente el país pueda llegar a una verdadera normalidad, porque ahorita (ahora) tenemos una tensa normalidad", dijo Brenes, a periodistas.

Las palabras del cardenal contradicen el discurso del Gobierno y Ortega, que insisten en que Nicaragua "ha vuelto a la normalidad" después de tres meses de estallido social, que el presidente afirma se trató de un "golpe de Estado".

"Es triste que, cuando se habla de que el país va tomando normalidad, se den estos casos (amenazas o secuestros), porque eso no significa que haya normalidad", insistió el cardenal.

"Es triste que al hablar de normalidad, se den estos casos (amenazas o secuestros)", lamentó el cardenal. ARCHIVO/ END

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha denominado acciones como estas como una "tercera fase" de represión consiste en la "criminalización de los manifestantes", y la ha denominado como "más ruda, más explícita y burocrática".

Las relaciones entre la iglesia Católica y Ortega están fracturadas desde mayo pasado, cuando los obispos, como mediadores el diálogo nacional para superar la crisis, pidieron al mandatario adelantar para marzo de 2019 las elecciones de 2021, lo que el presiente rechazó.

A raíz de la petición de los obispos, tanto el clero como diversos templos católicos han recibido amenazas, así como agresiones físicas y verbales por parte grupos oficialistas, conocidos en Nicaragua como "turbas".

"Me dolió que los señores obispos tuvieran esa actitud de golpistas", explicó Ortega el 19 de julio, durante la celebración del aniversario 39 de la revolución de Nicaragua.

La CIDH y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) han responsabilizado al Gobierno de Nicaragua por "asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura y detenciones arbitrarias", lo que Ortega ha negado.

Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, también con Daniel Ortega siendo presidente.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, iniciaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.