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Ana Pastora Quintanilla, originaria de Nandaime (Granada), arribó a la edad de 104 años, de los cuales dedicó más de 40 años a la docencia en varios colegios públicos y privados del departamento.

A pesar de su avanzada edad, Quintanilla aún recuerda los momentos cuando se desempeñaba como educadora de varios niños, quienes ahora son profesionales, además, narra que fue fundadora de un colegio en la comunidad La Barranca.

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“Aquí en Nandaime hay una pequeña comunidad que le dicen La Barranca, ahí se reunían muchos niños analfabetos, la escuela más cercana quedaba muy lejos, no conocían ni las vocales, por esa razón tome la iniciativa de llegar enseñarles hasta que aprendieron a sumar, restar, dividir y leer muy bien”, recordó Ana Pastora Quintanilla.

La profesora expresó que le gustaba mucho dar clases, también recordó que “no había día que no fuera a dar clases”, mismas que preparaba con mucha anticipación.

La profesora dedicó más de 40 años de su vida a la docencia. Foto: Katherin Chavarría/END

“Habían niños inquietos, otras más aplicados, algunos hablantines y otros a quienes no les sacaba ni una palabra”, comentó Quintanilla.

Ana Quintanilla nunca tuvo hijos, sin embargo, expresa que cada niño era como su hijo, pues con mucho amor y dedicación todos los días llegaba a enseñarles la lección para que un día fueran profesionales, útiles para la sociedad.

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“Muchas personas que ahora son adultas vienen a saludarla, ellos recuerdan cuando fue su maestra, ella es una reliquia, por eso la cuidamos mucho, porque es un personaje muy reconocido en este lugar, ahora vive con nosotros, porque no tuvo hijos y sus familiares están en Rivas y nunca quiso irse a vivir allá”, explicó María Isabel Talavera, amiga de la otrora profesora.

Reconocimientos

En honor a su ardua labor como docente, una escuela ubicada en el campo lleva su nombre, también le han otorgado varios diplomas de reconocimientos por su más de 40 años de trayectoria como profesora.

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“Fue una gran maestra, muy respetada en Nandaime, me dio clases hace muchos años y aun la recuerdo con su gran energía y ánimo, siempre llegaba muy bien arreglada y con sus libros en mano, lista para enseñarnos matemáticas o español”, recordó Eduardo Vega, quien fue uno de sus estudiantes.