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Marina Ramírez, de 26 años, se dedica desde hace pocas semanas a vender queso junto a su papá y su hermano en la pista del mercado El Mayoreo. La joven interrumpió sus estudios en la Universidad de Managua (UdeM) y fue despedida de la empresa textil TexNica, por la crisis sociopolítica que inició en abril.

“Tenía media beca en la UdeM, pagaba US$25 mensuales, pero por la crisis ahorita a uno le dicen que es muy difícil obtener un empleo y estoy esperando que esto se componga para volver a reanudar mis clases. Por el momento, nos estamos defendiendo aquí”, relata Marina en su negocio de queso.

Marina trabajaba como operaria de máquinas de coser en TexNica y en la universidad cursaba el tercer año de Periodismo, los domingos.

Marvin Ramírez, papá de Marina, se dedicaba a comerciar alimentos que traía de los departamentos, sobre todo granos, pero con la crisis optó por la venta de queso que compra en la capital.

“Ahora que se puso feo ir a la montaña, nos quedamos aquí cerca de El Mayoreo y vendo cuajada y queso crema que logro adquirir aquí en Managua para revender”, explicó.

Con Marvin también trabaja su hijo Cristian, quien quedó desempleado hace un mes. Laboraba como operario de máquinas de coser en Rocedes, una empresa de zona franca. “A mí me dijeron que me despedían por las complicaciones que se están presentando para exportar el producto”, dijo Cristian.

“Mis hijos perdieron sus empleos, pero ahora trabajan conmigo”, expresó Marvin Ramírez, quien vive con su familia en Sabana Grande.

Venta de comida

Ignacia Catalina Pérez, otra nicaragüense afectada por la crisis sociopolítica, puso un puesto de venta de comida casera en la calle principal de Veracruz hace tres semanas, al resultar afectado su negocio de recorrido escolar.

“Tenemos un servicio de transporte escolar en el Colegio Verbo (ubicado en Veracruz), pero debido a que la presencia de los niños se bajó por esta situación que está pasando el país, decidí alquilar este local para poner un puesto de comida. Estoy comenzando, tengo tres semanas de estar en esta lucha, comienzo a hacer la clientela”, dijo Pérez.

Explicó que tiene un microbús que todavía trabajaba en el recorrido, pero que de 24 niños que pagaban por el servicio, solo quedaron 10. El valor por el recorrido es de 25 y 30 dólares, pero se le complicó el negocio por la crisis.

Agregó que ella andaba como cuidadora, pero debió dejar el trabajo para poner la venta de comida.

“Mi esposo se quedó como chofer del microbús para hacer el recorrido de los pocos niños y yo estoy haciendo comida para vender en este local, un servicio de comida aquí se da a C$70 y con fresco vale C$80. No he dejado de vender, entre 10 a 15 servicios diarios, cuando menos seis servicios”, informó.

Vendiendo plátanos

Luis Espinoza ha tenido que estar amarrando un mecate en los extremos del porche de la propiedad de su mamá en Veracruz, para colgar plátanos que vende a cinco por C$20.

“Soy finquero, saco leche, queso, cerdo, granos en mi propiedad que está en la comunidad el Nuevo Sauce, en el municipio de El Rama (Caribe Sur). Ahora tengo dos meses de estar vendiendo solo plátanos aquí, los compró en Tipitapa y los revendo aquí”, explicó Espinoza.

Aseguró que vino desde El Rama a visitar a su mamá, en Veracruz, y por la situación del país no ha podido retornar a su hogar. Por eso buscó cómo improvisar un negocio.

“Tengo tres meses de estar aquí, desde que comenzó el problema”, añadió Espinoza, quien comentó que aún hay temor de manejar en la carretera hacia El Rama, una ruta considerada insegura.

“Una vez que todo esté normal, me voy de regreso con mi esposa a El Rama”, enfatizó Espinoza.