•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“No acepto la tesis del Gobierno de que Nicaragua ha vuelto a la normalidad”, dice a El Nuevo Diario el excanciller y exembajador de Nicaragua en Estados Unidos, Francisco Aguirre Sacasa.

“Todo lo que se ha construido en términos económicos está seriamente amenazado, y no aguantarían ninguno de nuestros sectores otros cinco meses” de crisis sociopolítica, advierte.

En una semana se cumplirán cuatro meses del inicio de las protestas en contra del gobierno. ¿Cómo valora este período de crisis?
Sentimientos encontrados. Por un lado, admiración por la valentía que ha demostrado el pueblo nicaragüense al enfrentar al régimen Ortega Murillo en las calles, con manifestaciones masivas y otras formas de protestas pacíficas y exigiendo un retorno a la democracia representativa. Por otro lado, tengo enfermo el corazón por la decisión tomada por el comandante Ortega de pretender mantenerse en el poder por la fuerza, lo cual ha desembocado en una crisis humanitaria que ha arrojado un saldo de más de 450 muertos, más de 2,500 heridos, cientos de desaparecidos y decenas de miles de compatriotas que han emigrado hacia nuestros vecinos centroamericanos, Estados Unidos y hasta Europa. Finalmente, me preocupa que esta crisis se vaya prolongando con consecuencias cada vez más nefastas, no solo para los nicaragüenses sino para toda Centroamérica.

Francisco Aguirre Sacasa analiza la crisis en Nicaragua. Oscar Sánchez/END

¿A qué atribuye esta crisis?
Considero que el Gobierno cometió una serie de errores graves que causaron esta explosión histórica. El más inmediato fue su sobrerreacción a las protestas de personas de la tercera edad, que fueron golpeadas en León por ejercer su derecho constitucional  en contra de las supuestas “reformas” al INSS. Si hubiera habido un manejo más político, más humano de esa situación, quizás nada hubiera pasado. Con el pasar del tiempo, este mal cálculo no se corrigió y en la medida que el rechazo popular crecía, la represión fue cada vez más cruenta, asegurando de esa manera la espiral de violencia y violación de derechos humanos que ha enlutado a la mayoría de la familia nicaragüense.

¿Ha cometido errores la oposición que contribuyeron al conflicto?
Mirá, reza el dicho que “errar es humano” y creo que también han cometido errores los miembros de la Alianza Cívica. Por ejemplo, recuerdo la primera sesión plenaria del diálogo nacional. Sentí en ese momento que representantes de la Alianza Cívica pecaron de triunfalistas. Actuaron como que si ya habían derrotado al Gobierno y que no era momento de negociar, sino de exigirle a Daniel su salida inmediata. Y todo esto, en un espectáculo televisado. Comprendo que para esa fecha ya se había derramado mucha sangre y que era natural que esa sesión se convirtiese en una experiencia catártica. Pero más  pragmatismo y frialdad pudiese haber sido más provechoso, así como haber ventilado las diferencias en privado. Otro error fue pretender abordar una agenda política demasiada ambiciosa de un solo viaje, en lugar de enfocarse en el tema medular: efectuar una expedita transición política con elecciones libres, justas y anticipadas.

Francisco Aguirre Sacasa sostiene que la iglesia Católica en Nicaragua vive uno de sus mejores momentos. Oscar Sánchez/END¿Los obispos también se equivocaron? 
Al igual que la vasta mayoría de mis compatriotas, considero que la Iglesia católica ha vivido sus mejores momentos en décadas, durante esta crisis. ¿Quién se puede olvidar de la entrada a Masaya del cardenal Brenes, el Nuncio Apostólico y monseñor Báez? ¿Quién puede olvidar la manera en que fueron agredidos los obispos groseramente por las turbas afines al Gobierno en Carazo? Por su valentía e identificación con el pueblo, se ganaron la simpatía y admiración  de todos los nicaragüenses. Y esta admiración se ha extendido a la comunidad internacional, por la declaración de guerra de Daniel y Rosario en contra de la Iglesia.

¿No se ha equivocado la Conferencia Episcopal durante este episodio?
Bueno, acertaron al acordar servir de mediadores y testigos en el Diálogo Nacional y especialmente al establecer una fecha límite de un mes, para reportarle al pueblo cómo el diálogo estaba funcionando. Implícito en esta última acción era que lo denunciarían si no fuese fructuoso, por la mala fe de una o las dos partes. Ahora bien, el diálogo está aplazado. No ha avanzado absolutamente nada en la agenda política, que es crítica, y tiene más de cincuenta días de no sesionar. Quizás hubiera sido más provechoso cancelarlo hace meses culpando al Gobierno de no estar verdaderamente interesado en negociar y estar más empecinado en resolver la crisis a través del uso excesivo de la dureza.

¿Cómo ve a la comunidad internacional, ante la crisis nicaragüense?
Creo que durante los primeros cien días de la insurrección, muchos –al menos en Estados Unidos donde me encuentro— ignoraron la magnitud y lo histórico que era lo que estaba pasando en Nicaragua. Pero ahora sí es noticia. Grandes diarios y medios televisivos estadounidenses la están cubriendo y esto está contribuyendo a la acción que estamos viendo no solo en la OEA, sino que en el Congreso y gobierno norteamericano y alrededor del mundo. Creo que el no haber reaccionado de manera más oportuna y vigorosa en el caso de Nicaragua ha creado una suerte de remordimiento de conciencia, al menos en Washington. Existe una convicción de que ahora la comunidad internacional tiene que ser más beligerante en pro del restablecimiento de la democracia en Nicaragua. Esto se manifestará, creo yo, con medidas cada vez más fuertes para lograr ese objetivo.

¿Cómo valora el impacto que tendría en la economía si la situación política de Nicaragua continuara?
En primer lugar, no acepto la tesis del Gobierno de que Nicaragua ha vuelto a la normalidad. ¿Cómo podemos decir que todo está normal cuando, por ejemplo, más de 200,000 empleos se han perdido, el 80% de los hoteles pequeños del país han cerrado y los hoteles grandes de Managua tienen menos de un 15 por ciento de ocupación? La verdad es que nuestra economía está agonizando. Todo lo que se ha construido en términos económicos está seriamente amenazado, y no aguantarían ninguno de nuestros sectores otros cinco meses del statu quo, incluyendo una pieza fundamental de toda economía moderna exitosa: el sistema financiero. No es una exageración decir que si esta situación no se revierte, regresaremos a niveles socioeconómicos no vistos desde la década perdida de los ochenta.