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Jueves 7:30 p.m. Parque Luis Alfonso Velásquez. Managua. La cancha de futbol que hace cuatro meses hubiera estado repleta de jugadores hoy luce vacía y con las luces apagadas. La pizarra donde se calendarizan los juegos está en blanco. Así ha estado la mayor parte del tiempo desde el 18 de abril.

En la rotonda de Bello Horizonte, otro lugar emblemático de la vida nocturna de la capital, solo quedan cuatro grupos de mariachis de los 25 que en una noche normal estarían sonando sus trompetas, guitarras y acordeones.

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Al caer la noche, más temprano que tarde, Managua se apaga. La cotidianidad de sus habitantes ha cambiado en los últimos cuatro meses. Los horarios ya no son los mismos.

El temor a la delincuencia común, el asedio policial y de grupos civiles armados (parapolicías), sumado al miedo a la persecución, se ve reflejado en bares, avenidas, parques, destinos turísticos, centros comerciales y rotondas.

El parque Luis Alfonso Velásquez, que cuenta con cómodas y equipadas canchas para varias disciplinas deportivas y lugares de esparcimiento familiar, en un jueves normal estaría con niños corriendo por todos lados, la algarabía de las tribunas predominaría y los establecimientos comerciales estarían, tal vez, a su máxima capacidad.

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Los guardas de seguridad hacen rondas por todo el terreno, pero este jueves no hay mucho por hacer, dice uno de ellos que prefiere el anonimato. Los pasillos lucen desiertos y los establecimientos de comidas rápidas a las 7:30 de la noche ya están cerrados.

“Esto, está palmado y así ha estado. Los equipos que vienen a jugar en el día son contados con los dedos de las manos. Un jueves normal esto estaría full”, comenta.

El horario de cierre del parque se ha adelantado dos horas. A las 8:00 de la noche todas las luces se apagan y el personal de seguridad se dispone a sacar a los pocos visitantes y trabajadores que quedan en el lugar.

La historia se repite en el Puerto Salvador Allende, ubicado en el Malecón de Managua, al norte de la capital. El lugar se ha convertido en uno de los centros turísticos referentes de la ciudad. En días normales, el mayor apogeo se vive en horas de la noche.

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Inaugurado en el año 2008, el lugar ofrece una amplia variedad de entretenimiento y servicios a los visitantes: gastronomía, lugares de recreación familiar, bares, discotecas, recorridos turísticos al lago Xolotlán y hasta una pista de vehículos Go Karts.

Según datos oficiales, el Puerto Salvador Allende recibe al menos 3,000 visitantes al día y los fines de semana la cantidad de turistas, en su mayoría nacionales, llega hasta los 10,000.

en La rotonda La Virgen, usualmente con mucha actividad, se apreciaban pocas personas a las 6:30 de la tarde del jueves. Orlando Valenzuela \END

Pero este jueves no fue un día normal. A las 8:30 de la noche el ambiente era desolador. Los estacionamientos lucían vacíos, casi la mitad de los negocios estaban cerrados y los que abrieron tenía dos o tres mesas ocupadas.

En la entrada de los locales, los meseros aguardaban la llegada de algún cliente y los taxistas que se mantienen en las afueras del Puerto esperaban sentados en sus vehículos la salida de los trabajadores. La pista de Go Karts no estaba funcionando y un popular restaurante que opera desde un barco, estaba cerrado.

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En el Paseo Xolotlán, que contiene atractivos como el parque acuático y réplicas de los principales templos de Nicaragua, se observó una escasa cantidad de visitantes. En el parqueo había solamente cuatro vehículos. 

II

En la rotonda de Bello Horizonte, un lugar emblemático de la vida nocturna popular de Managua, el panorama también era atípico. En un día normal a las 8:00 p.m. la gente empezaría a llegar. En estos días, a las 10:00 p.m. la mayoría de negocios empieza a cerrar, aseguran trabajadores de la zona.

Este lugar, que se ha caracterizado por la masiva presencia de mariachis, la variedad de discotecas, bares y restaurantes lucen apagados. Los grupos de mariachis son de los más afectados por la falta de clientes.

Vestidos de charro negro, botas blancas y cargando sus instrumentos, un grupo de mariachis está sentado sobre la cuneta. Cuatro músicos mayores de 40 años lucen tristes y desanimados.

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Ninguno quiere dar nombres, pero coinciden en que este lugar vive una situación que les ha afectado económicamente. Sus ingresos se han reducido hasta en un 70% y la mayoría de sus compañeros han migrado a Costa Rica y El Salvador.

Los mariachis amontonan sus guitarras a la espera de que aparezca algún cliente en Bello Horizonte. Orlando Valenzuela\END

Ellos son, uno de los cuatro grupos que quedan. En un día normal, explican, estarían 25 grupos de mariachis haciendo de la rotonda Bello Horizonte una de las más alegres y bullangueras de la capital.

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“El problema es que los países adonde se han ido los compañeros ya están saturados de mariachis. Pero también aquí estamos mal. Estamos ganando apenas para sobrevivir. A esta hora no me he ganado ni un córdoba y no tenemos ni una serenata arreglada”, explica.

Los mariachis también han modificado su horario. Antes del 18 de abril amanecían, ahora se retiran a las 10:00 p.m. Le temen a la delincuencia común, que, según dicen, se ha desatado en el lugar, pero también al asedio policial. 

Los bares, restaurantes, discotecas y negocios de comidas rápidas de Bello Horizonte también se han visto afectados, dice una mesera de un reconocido bar de la zona.

“Los bares pueden estar abiertos, el problema es que no hay clientes. Mirá ahorita apenas tenemos una mesa ocupada y lo peor es que no vemos que esto se vaya a componer.

III

La cotidianeidad de la gente en Managua ha cambiado. Los negocios de comida y medicina a domicilio han modificado sus horarios, algunos taxistas trabajan con miedo y una gran cantidad de restaurantes cierran sus puertas antes de las 8:00 p.m.

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Tres reconocidas pizzerías ofrecen el servicio a domicilio hasta las 7:30 p.m. En circunstancias normales, lo harían hasta las 10:00 p.m.

“Es por la situación del país y por seguridad de nuestros colaboradores”, dice la operadora de una pizzería.

Los centros comerciales de la capital también cierran más temprano y la última tanda de los cines es a las 7:30 p.m.

he, la normalidad no ha vuelto. Si bien desde hace dos semanas decenas de personas han retomado sus rutinas, las mismas son realizadas más temprano.

A las 6:00 p.m., un grupo de cuatro amigos de entre 18 y 21 años dan vueltas a la rotonda con más prisa que la de costumbre. Por órdenes de sus padres, deben volver a sus casas antes de las 8:00 p.m.

El puerto Salvador Allende ya no tiene visitantes por las noches. La actividad se terminó desde que iniciaron las protestas en abril.

“Antes veníamos a las siete y nos íbamos a las nueve. Ahora venimos a las cinco porque después de las ocho ya no podemos andar en la calle. La gente que viene también se está yendo temprano por el mismo miedo que hay y más en esta zona”, relatan.

Juan Carlos Martínez tiene 55 años de edad y 15 de ser taxista en Managua. En los últimos cuatro meses se ha visto forzado a modificar su horario de trabajo y a colocar un machete debajo de su asiento.

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Antes del 18 de abril, este hábil conductor de barba canosa y voz gruesa trabajaba de noche. Su turno iniciaba a las 8:00 p.m. y culminaba a las 5:00 a.m. Ahora, ha decido trabajar de día por su propia seguridad.

Su turno inicia a las 12 del mediodía y culmina a las 8:00 p.m. El cambio de horario le afecta económicamente porque, según dice, los viajes nocturnos dejan mejores ganancias.

“En mi caso y el de muchos taxistas que conozco, ahora hemos pasado a trabajar de día porque en primer lugar ya la gente de noche casi no está saliendo; y en segundo lugar, es demasiado peligroso”, comenta.El gremio de taxistas de Managua tiene razones para tener miedo. Juan Carlos Martínez recuerda a su amigo y taxista Marvin Antonio Solórzano Salinas, de 34 años, asesinado por encapuchados el pasado 3 de junio en el barrio Enrique Smith, en el Distrito VII de la capital.

“Desde ese día, ando con mi machete debajo del asiento. Es por si me salen los encapuchados. Nunca se sabe”, explica