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La Alianza Cívica de Nicaragua recordó ayer al primer niño fallecido en las protestas contra el presidente Daniel Ortega, víctima de un balazo en la garganta y de la prohibición de atención médica, mientras repartía agua entre los manifestantes, el 20 de abril pasado.

“Prohibido olvidar, hace cuatro meses le quitaron la vida a Álvaro (Conrado)”, publicó la Alianza, en sus redes sociales.

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El caso de “Alvarito”, como le llaman los nicaragüenses, es emblemático, por las características que rodearon su muerte.

Era un estudiante y deportista destacado de 15 años de edad, no estaba cometiendo ningún delito cuando recibió un disparo de un francotirador, pese a lo cual pudo haberse salvado, pero el Gobierno había ordenado a los hospitales negar la atención médica a los manifestantes heridos, según diversos informes de organizaciones humanitarias.

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Desde entonces, sus últimas palabras, “me duele respirar”, se convirtieron en un grito de reclamo de los manifestantes autoconvocados.

“Al igual que más de 300 personas fallecidas, él lo único que quería era ver libre su patria”, afirmó la Alianza, con base en unas palabras que escribió a sus padres antes de morir.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia del mandatario, después de once años en el poder.