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Hay una directriz de los obispos en Costa Rica, de recibir y dar asistencia a los migrantes. Incluso, han recibido a refugiados referidos por párrocos nicaragüenses.

La red eclesial brinda servicios de asesoría legal, sicológica, facilitación de albergues, atención médica y alimentación a quienes llegan a Costa Rica en condiciones vulnerables. Al frente de esa atención está Cáritas, una pastoral social de la Iglesia católica que dirige el sacerdote Edwin Aguiluz.

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“Una parte importante de la acogida es el discurso de apertura y solidaridad hacia los hermanos que vienen llegando” a territorio costarricense, un reto grande para la Iglesia, asegura Aguiluz, quien también es párroco de la iglesia La Natividad de la Santísima Virgen María, en la Uruca, San José.

¿Cuál ha sido la labor de Cáritas en respaldo a la población nicaragüense que se ha refugiado en Costa Rica?

Nosotros tenemos un eje de trabajo que se llama movilidad humana, que incluye los temas de migración, refugio y trata de personas. Tenemos una comisión interdiocesana de movilidad humana y recientemente hemos constituido la Red Latinoamericana y Caribeña de Migración, Refugio y Trata de Personas (Clamor), que es una red eclesial.

Padre Edwin Aguiluz, secretario ejecutivo de la pastoral social Cáritas Costa Rica y párroco de la iglesia La Natividad de la Santísima Virgen María, en la Uruca, San José.

Tenemos esas dos instancias ahorita, Cáritas es un promotor de ambos espacios de articulación y encuentro de servicios de la Iglesia para la población migrante. Cada entidad tiene una especialidad: Cáritas tiene un centro de derechos laborales y migratorios, el Servicio Jesuita de Migrantes brinda asesoría; la pastoral social Cáritas de la Arquidiócesis de San José tiene un centro de atención sicosocial también para las personas migrantes, sobre todo brindan asesoría sicológica y jurídica.

Luego, dentro de las redes está el centro social Sor María Romero, de las religiosas salesianas; brindan atención en materia de salud, atención médica, medicamentos, alimentación. También hay otras instancias que trabajan en la integración de las personas en las comunidades y en los barrios, como las hermanas clarinianas y la pastoral social en general.

En la coyuntura del reciente flujo de población migrante, ha habido tres parroquias en la zona de Guanacaste que han brindado servicio de alojamiento. También la Diócesis de Ciudad Quesada, desde su pastoral social Cáritas ha abierto recientemente otros dos centros de acogida, de asistencia básica de población migrante que pasa por la zona norte de Costa Rica. Nuestra red eclesial tiene espacios de coordinación para compartir estos servicios.

Por lo que me comenta, toda esta red de atención a migrantes ya estaba bien establecida. Entonces, ¿el reto sería reforzar estas instancias ante una mayor ola migratoria de nicaragüenses?

Sí, es reforzar un trabajo que ya existe. Aunque se plantean nuevos retos, porque es cierto que llega gente que no tiene ningún tipo de vínculos en el país, que no tiene una red de soporte.

Estamos atentos a ellos, aunque no son la mayoría de las personas. Allí están los centros de acogida en la zona del cantón de San Carlos y en la zona de La Cruz, que son centros de acogida para personas que van en tránsito porque la tendencia principal es que la población que está llegando recientemente tiende más a llegar a la zona central del país, a la Gran Área Metropolitana.

Recientemente el arzobispo Leopoldo Brenes mencionó que, en comunicaciones con el arzobispo Rafael Quirós, de San José, este le indicó que había una orientación de abrir las puertas de las iglesias costarricenses a los refugiados. ¿Cómo funciona exactamente esta orientación?

La Conferencia Episcopal (de Costa Rica) ha instado a la Iglesia para que sea acogedora de la población migrante, sobre todo con los nuevos flujos a partir de la crisis que hay en Nicaragua.

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Que estemos atentos para brindar acogida y asistencia a los migrantes en la medida de las posibilidades. Sí, hay una directriz de los obispos para todas las parroquias. Esto no significa necesariamente que se abran albergues, porque eso es más difícil, aunque algunas parroquias lo han hecho.

Hay otros tipos de atención y de acogida, sobre todo la integración de la población migrante, que ese es el reto más grande. Una gran parte de la población de llegada más reciente se ha instalado con amigos, familiares, personas cercanas en las diferentes comunidades; entonces, el reto que se presenta principalmente es cómo acoger e integrar a la población recién llegada.

¿Y cómo facilitan esa integración?

De momento, hay una directriz para que las parroquias se muestren abiertas en la medida que se vaya manifestando. Ya tenemos casos de personas que acuden a la parroquia a pedir ayuda, que también es difícil porque tenemos un gran déficit en cuanto a ayudar ya al conjunto de la población en el país en situación de extrema pobreza.

(La integración) es sobre todo, con una actitud y un talante de acogida, porque también es cierto que en el país existen grupos muy beligerantes de línea xenofóbica. Una parte importante de la acogida es el discurso de apertura y solidaridad hacia los hermanos que vienen llegando al país.

Hablando sobre xenofobia, ¿cómo explica usted los recientes ataques hacia nicaragüenses que se encontraban en el parque La Merced, en San José?

Esto que pasó el sábado fue algo lamentable que ha causado mucho repudio en el país. Aunque siempre hay una parte de la población que tiene un talante xenofóbico, tampoco podemos decir que es algo mayoritario. Esta manifestación fue en realidad de un grupo de gente que no es representativa de la sociedad: grupos marginales neonazis, algunos con antecedentes delictivos, barras de hinchas de futbol.

Este grupo ha logrado organizar espacios en redes sociales y desde allí fueron caldeando los ánimos con información falsa, como decir que había nicaragüenses que estaban quemando banderas costarricenses; se decía que el Gobierno estaba subsidiando a la población migrante que estaba llegando, que estaban actuando aquí militares nicaragüenses o delincuentes. Lo cierto es que eso ha generado un repudio muy grande a nivel de muchas instancias que se han pronunciado y rechazado esos actos, que afortunadamente no son de carácter masivo.

¿Cuál es el llamado de la Iglesia católica hacia estos sectores que incitan a la xenofobia?

La Iglesia ha publicado ya dos comunicados de la Conferencia Episcopal en el sentido de acoger, de responder humanitariamente, de tender la mano a la población que llega. En el caso del último mensaje del arzobispo, este rechazó como algo completamente extraño a nuestra tradición y a la trayectoria nuestra de Costa Rica como un país que es de tránsito y de migración desde hace mucho tiempo.

Además, en las homilías hubo una parte del clero que predicó contra esto en este fin de semana, cuando ocurrió esta manifestación. En mi parroquia hubo una receptividad positiva porque este tema yo lo incorporé, por supuesto, en todas las misas que tuve, hablando con la gente acerca de lo que San Pablo decía en la segunda lectura de la misa, “no se embriaguen con vino”.

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Pues yo les decía: “hay muchas formas de embriagarse, que no es con vino; por ejemplo en las redes sociales con ese tipo de campañas tan xenofóbicas y antisociales”. En general, hubo una resonancia positiva hacia este tema, porque también había ya sensibilidad en la arquidiócesis al respecto.

La población estaba muy sensible y solidaria con la población que venía llegando, porque hay consciencia de la gravedad en la crisis en Nicaragua, y de todo lo que estuvo ocurriendo que provocó la venida de tanta gente. Por ejemplo, en la arquidiócesis y en mi parroquia, recientemente se había hecho una gran campaña para recoger alimentos y otros artículos para reforzar el apoyo y la asistencia de las organizaciones de la Iglesia que estaban atendiendo a los migrantes.

¿Ustedes han tenido comunicaciones directas con la Iglesia católica de Nicaragua respecto a este tema migratorio?

Nosotros hemos tenido conversaciones con Cáritas de Nicaragua, pero no tenemos tampoco un margen muy amplio de coordinación, porque cada uno está centrado en su zona. Sí, ha habido coordinación de algunas parroquias para la recepción de muchachos referidos por esas parroquias. Sobre todo, los días en los que estuvo más tensa la situación, hubo referencias que algunos párrocos hacían aquí a la Iglesia costarricense de personas que venían saliendo de Nicaragua para ser atendidas.

Ese tipo de coordinación sí se ha dado, aunque no ha sido algo masivo. El próximo lunes y martes va a haber una reunión de carácter binacional, convocada por la Organización Internacional de Migración (OIM), que nos han invitado a Cáritas de Nicaragua y Costa Rica, en un contexto de articulación más amplio con otras instancias de ambos países y también instituciones del Gobierno.

¿Qué opina usted del papel que ha desempeñado la Iglesia en Nicaragua durante estos últimos cuatro meses de crisis?

Desde la Iglesia costarricense se ha apreciado y ha habido también mensajes de obispos solidarizándose con la Iglesia y los obispos de Nicaragua, que sin duda alguna, por la información que tenemos desde aquí, ha sido una posición de mucho compromiso con los sectores más vulnerables.

Han jugado un papel importantísimo de protección a la población, de denuncia de los hechos violentos que han terminado con la muerte dolorosa de cientos de personas y varios miles de heridos. Se aprecia desde aquí muchísimo ese papel de pastores, porque el pastor debe estar con sus ovejas más vulnerables, y así lo hemos percibido desde aquí, admirando mucho el trabajo de la Iglesia nicaragüense, tanto de obispos como sacerdotes y laicos.

Pero también los obispos y sacerdotes han sufrido agresiones, persecuciones, campañas de desprestigio por esa labor…

Eso lo hemos ido siguiendo, solidariamente de parte de la Iglesia costarricense. Las agresiones que ha habido, físicas en algún momento, también verbales. Ha sido un mensaje solidario, porque realmente ha sido una gestión muy valiente y comprometida, eso siempre se aprecia mucho como la misión de los pastores y por supuesto también aquí el pueblo costarricense, en general, eso lo ha apreciado con comentarios muy positivos.

Hace unos días fue secuestrado frente a su propia familia un asesor de la Conferencia Episcopal, cosas que duelen mucho porque son acciones contra la Iglesia en todos sus estratos.