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Acetaminofén y agua. Y descanso en casa. Esa fue la receta de varios días en dos hospitales. Ya por último, cuando la vida se extinguía frente a los médicos, hubo suero y carreras, exámenes médicos y urgencia. Luego el infarto, y ahora Maribel Espinoza denuncia negligencia médica en la muerte de su esposo Sergio Flores.

El hombre de 47 años murió el pasado martes en una cama del Hospital Central de Managua, luego de casi una semana de dolores, fiebres y síntomas de una malaria agresiva que adquirió mientras laboraba con una organización no gubernamental en Guinea Ecuatorial, un pequeño país de África Central.

Su ex compañera narró que el hombre regresó enfermo y mostró cansancio, dolores y fiebre desde el mismo día en que pisó suelo nicaragüense, luego de un lejano viaje de casi 48 horas en el aire con conexiones en Malawi, Madrid, Costa Rica y finalmente Managua.

Dos veces al hospital

Ella asegura que acompañó a su pareja al Hospital Central de Managua en dos ocasiones, y a pesar de que presentaba fiebre y síntomas de malaria, le recetaron acetaminofén, bastante agua y descanso.

Ella relata que las pastillas no le hacían ningún efecto, que el estado de salud del hombre era peor a cada instante y que él mismo pidió ir nuevamente al hospital, donde nuevamente le recetaron más pastillas, le hicieron unos exámenes de sangre y lo mandaron a descansar mientras esperaban los resultados de laboratorios.

“A pesar de que sabían que venía de África, donde la malaria es endémica, y que estaba ya la emergencia por la influenza humana, lo trataron de lo más simple, como si no tuvieran conocimiento de la gravedad de una malaria”, se queja Maribel.

Al tercer día de la enfermedad, con la temperatura sin bajar un ápice, Sergio empezaba a perder el conocimiento, a desvariar y decir incoherencias que mostraban el inicio de posibles daños cerebrales, y fue cuando su familia decidió llevarlo de regreso al hospital, donde le hicieron otro examen de sangre y de vuelta a casa.

Agobiados por la gravedad del hombre, decidieron llevarlo al Hospital “Manolo Morales” donde lo ingresaron de urgencia y lo llevaron a una sala con otros ocho pacientes, le hicieron otros exámenes, le pusieron suero y lo dejaron ahí.

Era un riesgo para otros enfermos

“Yo vi que no lo estaban atendiendo conforme a la gravedad que presentaba y que más bien era un riesgo que lo pusieran junto a otras personas en una sala, porque su estado de malaria era avanzado, nosotros insistíamos en que lo trataran, pero no lo tomaron con la urgencia del caso, hasta que un amigo médico me dijo que lo sacara de ahí, que lo llevara de regreso al Hospital Central, donde él hablaría para que lo internaran y lo cuidaran mejor”, relató la joven viuda.

Esta vez, luego de reclamar al médico residente de turno en el hospital público debido a que no autorizó ni siquiera una ambulancia para trasladarlo (ella tuvo que rogar a la Cruz Roja por el favor porque supuestamente ni el hospital privado tenía disposición), logró trasladar al hombre al centro asistencial donde, finalmente, todo el personal disponible se volcó alarmado a tratarlo en aislamiento.

“Muchos pensaban que era víctima de la influenza humana y llegó gente de la Organización Panamericana de la Salud, del Silais, del Ministerio de Salud, del Ejército, médicos de los CPC, y empezaron las carreras, exámenes y las vueltas”, cuenta ella.

La joven relata que tres médicos del citado hospital privado atendieron a su marido, trajeron las muestras de exámenes y descubrieron cómo las plaquetas estaban en 20,000 unidades por milímetro cúbico de sangre, cuando el primer día el examen mostró una cantidad de 150,000, al segundo día 50,000 y en la tercera, ya debilitado, 20,000.

“Me dijeron que presentaba síntomas de malaria; yo llamé a Washington a la ONG donde él trabajaba para que se contactaran con un médico experto francés que los atendía en África, y él se comunicó con el hospital para pedir la sintomatología, y tras escuchar, recomendó un tratamiento específico”, dijo Maribel.

De acuerdo con la señora, el hospital no contaba con el tratamiento, y se hicieron gestiones para que se buscasen por medio de la oficina de la OPS, pero ésta sólo consiguió un medicamento para la malaria común. “No es el tratamiento, pero es lo que tenemos a mano ahorita”, asegura ella que le dijo una funcionaria de la Organización Panamericana de la Salud.

Y vino el infarto

Ella gestionó desde Washington, sede de la ONG a la que él le trabajaba en África, para que le consiguieran la medicina recomendada por el experto francés y trasladarlo a Costa Rica, a una clínica de expertos en enfermedades transmitida por vectores tropicales, y en esas gestiones estaban, cuando a su marido le dio un infarto y murió la madrugada del martes de esta semana.

El certificado de muerte extendido por el hospital establece como causa principal del fallecimiento “falla múltiple orgánica”, y como causa básica, Malaria Mixta por Plasmodium Vivax y Falciparum (transmitido por mosquitos africanos), además de trombocitopenia (trastorno por número insuficiente de plaquetas).

“En buen cristiano, un español me explicó la causa de la muerte: le dejaron avanzar mucho la enfermedad y la enfermedad le destrozó los órganos”, le habría dicho a ella un médico del hospital privado.

El cuerpo fue llevado a Medicina Legal para una autopsia esa misma madrugada, y aunque han pasado ya cinco días, a ella aún no le entregan el dictamen, y la respuesta que recibió fue que únicamente le harían entrega del documento al Ministerio de Salud.

Este sábado ella fue nuevamente a pedir el documento al Instituto de Medicina Legal de la Corte Suprema de Justicia, y le dijeron que llegara mañana lunes para explicarle. “¿Explicarme qué? Yo quiero saber qué medicinas le dieron a mi marido y por qué si sabían cómo estaba bajando drásticamente el número de plaquetas no hacían nada”, reclamó ella, pero sólo obtuvo la misma respuesta: “Venga el lunes”.

A raíz de la publicación de una nota de EL NUEVO DIARIO sobre dos muertes en menos de un año de dos personas con malaria africana, esta semana el director del Hospital “Manolo Morales”, Ariel Herrera, dijo que las dos personas fallecidas “no se vieron la enfermedad como lo ameritaba” y que “en el caso del señor (Flores), lo atendimos, pero él prefirió irse a otro hospital y no seguir en hospitalización con nosotros”, planteó Herrera, enfatizando que los casos descritos por esa enfermedad sí se pueden tratar a nivel local.

Viuda: Aquí no hay nada

A Maribel Espinoza, la viuda del diseñador gráfico recién fallecido, las declaraciones del médico la llenan de indignación.

“Es mentira, aquí no hay ni conocimientos, ni estructura, ni voluntad, ni medicina para una enfermedad como esa, que digan la verdad, que no mientan, no pudieron ni ellos ni los del Hospital Central de Managua atender a un paciente con malaria”, se quejó ella, mostrando los exámenes, las recetas de acetaminofén y el certificado de muerte.