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La celebración del Torovenado y los agüizotes no saldrán a las calles de Masaya este año el 30 de octubre, como ya era una tradición centenaria.

La noticia fue dada conocer a través de un comunicado de los organizadores del Torovenado "Elías e Israel Rodríguez Zelaya", y entre las razones para  tomar la decisión argumentan "la fuerte represión que vivió el pueblo de Masaya por civiles armados y antimotines, el cual dejó 35 muertos en nuestra ciudad".

“La festividad se realizará en un ambiente de oraciones, solemnidad, de recogimiento y sobretodo de austeridad y sobriedad”, expresaron los organizadores, quienes también indicaron que siguen todas las recomendaciones del mayordomo José Antonio Espinoza.

La mala atención hospitalaria satirizada en el Torovenado de Masaya el año pasado. Archivo/ END

En el comunicado también se informa que "no se va a exponer la vida de todas las personas que asisten a la tradicional actividad y de igual manera también a los mismos integrantes del grupo, ya que se les debe respeto, cuido y protección".

“Nuestro pueblo se enfrenta a los conflictos sociales con humor, con picardía, funcionando como parodia, sátira y burla, es humor con resistencia, que se inicia cuando se dio la relación entre oprimidos (pueblo-venado) y el opresor (poder-español-toro), y eso se ha conservado hasta nuestros días”, expresa el comunicado.

Por último, el comunicado finaliza diciendo que el único objetivo que tienen es proteger las tradiciones del pueblo de Masaya, organizado por la Iglesia católica que busca siempre como mantener la calma ante situaciones difíciles y complicadas.

También señalaron que históricamente al poder nunca le han gustado las críticas acompañadas de humor.

Y para demostrarlo citaron un antiguo reglamento de la policía en Masaya del 10 de diciembre de 1862, el cual en su época consideró que el humor del pueblo "afecta las costumbres y la honra de los ciudadanos respetables”.

Destacaron que el artículo 48 de ese antiguo reglamento dice: “Como en las fiestas públicas suelen salir hombres enmascarados, vestidos de sacerdotes, militares o de alguna otra profesión de carácter pública, hombres vestidos como mujeres o casi desnudos, todos los empleados de la policía deben empeñarse en que destruyan tales corruptelas, conduciendo a la cárcel a toda persona vestida así”, señala el documento de hace más de 150 años.