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Brandon Lovo, de 18 años, y Glen Slate, de 21, son amigos desde la infancia. Bailaban y cantaban juntos en las calles del barrio Punta Fría de Bluefields. Cocinaban rondón y sopas de mariscos en las casas de sus familias. En los últimos cuatro meses también enfrentaron juntos un proceso judicial en el que fueron declarados culpables por el asesinato del periodista Ángel Gahona. 

Ambos defienden su inocencia y se consideran a sí mismos presos políticos, según el abogado defensor de uno de ellos, alegando que fueron culpabilizados de un crimen que no cometieron y por haber participado de las protestas sociales en Nicaragua que iniciaron desde el 18 de abril. 

La vida en punta fría 

En el barrio Punta Fría, o Cotton Tree, uno de los más antiguos de la ciudad caribeña de Bluefields, se criaron Glen Abraham Slate, nacido el 6 de septiembre de 1997 y Brandon Cristopher Lovo, quien nació el 11 de diciembre de 1999.Floyd Slate, Jeremy Slate, Tania Benard y Connie Taylor, durante una protesta en las afueras de la cárcel Modelo en Managua, para exigir la liberación de Brandon Lovo y Glen Slate. Bismarck Picado/ ENDLos padres de ambos, sus tíos y abuelos, eran conocidos y amigos. Por eso los jóvenes se criaron muy de cerca, al igual que un grupo de niños y niñas, en su mayoría afrodescendientes, que salían a jugar y a bailar a las calles, las más céntricas de su ciudad. 

“Los muchachos de Punta Fría así son, se ponen en una esquina a bromear, después se van a la cancha a jugar basquetbol y futbol”, cuenta la tía de Brandon, Tania Benard.

El grupo de jóvenes, que a veces puede ser de hasta veinte personas, también se reunía a cantar y bailar, relata el tío de Glen, Floyd Slate: “Ellos cantaban, las chavalitas bailaban. Hacían sus cosas como si es carnaval, todas las noches allí afuera”, cuenta. Sus ritmos preferidos eran el reggae, el hip hop y el dance hall.

Brandon vivía con su madre en una pequeña casa del barrio Santa Rosa, adonde se habían mudado hace casi un año, cuando esta volvió a casarse. 

Según Connie Taylor, mamá de Brandon, su hijo “solo llegaba a dormir” porque le gustaba pasar con sus amigos en Punta Fría y en la casa de su abuela, donde se había criado. 

Allí, en la casa familiar de los Taylor, Brandon ayudaba a sus primos a hacer tareas y a dibujar, cuenta Tania. En esa casa de concreto y paredes verde menta, el joven también escribía canciones que les cantaba a sus amigos y familiares.Los sábados, Brandon estudiaba el tercer año de secundaria en el Colegio Cristóbal Colón. Durante la semana, practicaba su inglés para entrar a un call center que recién abrió operaciones en Bluefields. 

Glen, en cambio, habitaba en la vivienda familiar de sus abuelos: un terreno extenso en el que viven todos sus tíos y su madre, cada uno en una casa diferente. Glen vivía con su novia y su hija de 2 años. 

“Todos los días llevaba a su hija a pasear en el barrio”, cuenta su tío, quien asegura que ocasionalmente Glen trabajaba en la construcción o hacía “sus chambitas” cada vez que aparecía algo. 

La idea del joven de 20, que no terminó la secundaria, era empezar un curso de técnico electricista, aunque también tenía deseos de irse a trabajar a Estados Unidos o a Panamá. 

“No es un mal chavalo. En su vida han pasado cosas, nadie es perfecto, tienen sus problemitas y los arreglan como ellos quieren”, dice su tío, refiriéndose a que en el pasado Glen estuvo involucrado con tenencia ilegal de drogas, como consta en el sitio web de consultas del Poder Judicial. “Comenzaba a ir a la Iglesia porque dijo que iba a cambiar”, insiste Floyd.Los dos jóvenes condenados por el asesinato de Ángel Gahona. Archivo/END

El día del asesinato

El 21 de abril de este año las protestas contra unas reformas al Seguro Social que habían empezado tres días antes en Managua ya se habían extendido por varios departamentos del país, incluido Bluefields. Al menos 25 personas habían muerto en Managua y en Masaya, producto de la represión a las protestas.

El tío de Glen le aconsejó a Brandon, a quien encontró sentado en una acera platicando con otro joven, que ese día no salieran a las calles. “Les dije que mejor se quedaran aquí porque allá estaban protestando”, recuerda Floyd, quien esa tarde fue a jugar un partido de softball. 

Pero el grupo de jóvenes no se quedó en casa. Según Maynor Curtis, el abogado defensor de Glen, los muchachos participaron en una marcha que empezó a las 3 de la tarde y terminó dos horas después, en la cancha del Barrio Beholdeen.

Los familiares de Brandon y Glen negaron que ellos fueran parte de las protesta, más bien aseguraron que ellos habían ido a asomarse a la manifestación por curiosidad.

“Después, otras personas estuvieron tirando morteros hacia la Policía. Ellos (Brandon y Glen) no participaron en eso, pero estaban en el sector”, relata Curtis.

De acuerdo con los familiares de Brandon y Glen, el grupo de jóvenes llevaba consigo un arma hechiza.“Glen aceptó que él sí llevaba la mochila con el arma hechiza”, dice Tania, tía de Brandon. Sin embargo, Curtis señala que la Fiscalía nunca presentó una declaración hecha por Glen o por Brandon y más bien trató de demostrar esa versión con un video en donde presuntamente aparece Glen con un arma hechiza en la mano y Brandon caminando a la par.

“El dictamen del perito forense en informática dice que la persona de camisa blanca y short camufle anda dos piezas de tubos en las manos, pero ni siquiera determinan que es un arma hechiza”, refiere Curtis, añadiendo que además, el informe policial indica que “no se pueden identificar los rasgos faciales” de las personas que aparecen en el video.

Sin privacidad

“Tampoco se los pregunté, porque no teníamos privacidad para preguntarles”, señala el abogado defensor. 

“Dispararon, solo para probar, en el aire. Estaban probando cómo era, como muchachos curiosos”, asegura la madre de Brandon, aunque detalla que habían usado el arma más temprano y no en la hora y en el lugar que señala la Fiscalía. 

Los jóvenes estaban cerca de los disturbios, pero no eran parte de él, según la versión de sus familiares y el abogado defensor.

Brandon fue alcanzado en la espalda por una bala, la cual presuntamente provino de un oficial antimotín.

“Creo que me dieron un balazo”, le dijo Brandon a Glen, según Floyd. “Dejá de bromear”, le respondió Glen.Al voltearse Brandon, sus amigos vieron la sangre. Una ambulancia pasó cerca y trasladaron al joven al hospital. El grupo entonces se disolvió y cada uno volvió a su casa. Escucharon que había muerto una persona, pero hasta entrada la noche se confirmó que había sido Ángel Gahona, el periodista que pasaba casi todos los días por Punta Fría, reporteando a veces historias en ese barrio. 

Según la Fiscalía, Gahona recibió tres disparos: uno en la cabeza, otro en el antebrazo derecho y uno más en el tórax. El periodista grababa con su celular un Facebook Live para su noticiero El Meridiano y su muerte quedó grabada en su transmisión. 

La detención

Once días después del asesinato de Gahona, agentes policiales arrestaron a Glen Slate. A Brandon Lovo lo apresaron el 5 de mayo, y ambos fueron trasladados a Managua el domingo 7 de mayo por la noche. Fueron acusados por la Fiscalía del asesinato del periodista Ángel Eduardo Gahona López, del asesinato frustrado en perjuicio del policía Anselmo Rodríguez, quien fue herido de bala en los mismos hechos, de portación ilegal de armas de fuego y municiones, y de exposición y abandono de personas al peligro. 

Desde entonces, las madres de ambos y sus tíos estuvieron en Managua para acompañarlos de cerca en su proceso judicial. La primera vez que los vieron y hablaron con ellos después de la detención, fue en un pasillo del Complejo Judicial de Managua.

“Nos abrazamos y lloramos juntos”, recuerda la madre de Glen, Jeremy Slate. “Él me dijo (en inglés): ‘Mama, yo no hice eso, yo no maté a ese periodista’. Se puso a llorar y yo también”, agrega la mujer.

La madre de Brandon tuvo una experiencia similar. “Cuando me acerqué a él, me dijo ‘mama, yo no maté a Gahona’”, recuerda Connie, quien es más lacónica en su relato. 

Después de eso, los familiares de Brandon y Glen pudieron verlos en la Dirección de Auxilio Judicial, El Chipote, y en el Sistema Penitenciario La Modelo. 

“Espiritualmente ellos están más positivos que nosotros, más bien ellos nos dan ánimos”, dice la tía de Brandon, quien asegura que incluso dentro de la cárcel los jóvenes hacen cultos y se ponen a predicar y a cantar. 

“Cuando ellos cantan, los otros reos comienzan a cantar con ellos”, agrega Tania, comentando que desde que empezó su juicio y hasta la actualidad estos se mantienen en ayuno matutino todos los días y comen hasta la tarde. 

Proceso judicial

El 27 de agosto, Brandon y Glen fueron condenados culpables de todos los delitos que les imputaban. Sin embargo, el abogado defensor Maynor Curtis asegura que la Fiscalía no logró demostrar la culpabilidad de ninguno de los jóvenes.

La versión de la Fiscalía es que Glen le entregó un arma hechiza a Brandon y que este disparó a un grupo de agentes antimotines, pero el disparo más bien alcanzó a Gahona. 

“En la acusación, le imputan a Brandon estar a 1.05 metro del costado oeste de la discoteca Bacu y de disparar al sur. Eso nunca lo intentó probar la Fiscalía”, señala Curtis. 

Y enumera: No hay videos de Brandon y Glen en ese lugar, ninguno de los testigos vio a quién disparó, excepto un muchacho que atestiguó, aunque Curtis desmiente ese testimonio tras el análisis de un video en el que se ve la discoteca Bacu despejada, y el croquis balístico no coincide con la acusación, puesto que en el croquis ubican al tirador que dispara de la Bacu hacia el norte.

De acuerdo con Curtis, “no hay ninguna sola prueba de que Brandon disparó y que Glen le entregó el arma”, aunque el Juez Sexto Distrito Penal de Audiencia de Managua, Henry Morales, alegó que “todas las pruebas que le dio la Fiscalía despejaron todas las dudas y le dan la plena convicción que él es culpable”. 

“Nuestra teoría es que quien le disparó a Ángel, le disparó con una escopeta convencional y no con una escopeta hechiza”, sostiene Curtis, añadiendo que así como no hay pruebas que inculpen a Brandon y Glen, tampoco hay pruebas “de que lo hizo la policía”.

Tanto Migueliuth Sandoval, viuda de Gahona, como los familiares del periodista, sostienen que Brandon y Glen son inocentes y que el verdadero criminal no ha sido condenado.

“Otro nos va liberar”

La última vez que Tania Benard y su hermana Connie Taylor vieron a Brandon Lovo, fue el 6 de septiembre durante una visita en el Sistema Penitenciario. “Yo sé que yo no voy a estar aquí mucho tiempo, no se preocupen por mí que yo voy a estar muy bien, yo todavía tengo fe en Dios que voy a salir”, les dijo Brandon a su tía y a su madre. 

Justo antes de ser declarado culpable, Brandon fue claro al dejarle saber a las dos mujeres que lo han acompañado de cerca en estos cuatro meses que “tarde o temprano vamos a salir de aquí, y si este juez nos condena, otro nos va a liberar”. A eso se aferran los dos jóvenes y sus familias.