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La jornada de protestas cívicas convocada para este domingo en diferentes puntos del país fue marcada por el asedio e intimidación por parte de la Policía Nacional y simpatizantes sandinistas.  La mayor tensión se vivió en Jalapa y Masaya, donde las marchas para demandar la liberación de los presos políticos fueron disueltas con violencia.

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En Diriamba, Rivas y León los ciudadanos autoconvocados se vieron obligados a cancelar las réplicas de la  “Marcha de los globos”, debido al extremo despliegue de fuerzas pro-Gobierno.  

Centenares de personas recorrieron ayer las calles de Managua.

Mientras que en Managua los manifestantes lograron sortear el asedio policial y de simpatizantes del Gobierno, y marcharon ondeando banderas, globos y consignas en demanda de libertad para los presos políticos.

Balas y piedras en Jalapa

En el municipio de Jalapa el ataque se produjo minutos después de haber iniciado una caravana, según informó el Movimiento Azul y Blanco de esa ciudad.

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De acuerdo con la información, la marcha había avanzado 600 metros cuando civiles encapuchados, a bordo de camionetas y con banderas del oficialista Frente Sandinista, comenzaron a tirar piedras y luego balas en dirección de los manifestantes, según imágenes publicadas en las redes sociales.

Los organizadores no reportaron ningún herido, mientras que las autoridades aún no se han referido a ese incidente.

Managua marchó pese al acoso

En la capital, la “Marcha de los globos” tenía como punto de partida la rotonda Cristo Rey; sin embargo, desde tempranas horas fuerzas antimotines y simpatizantes progubernamentales se tomaron el lugar.

El fuerte dispositivo policial era coordinado en ese punto, por el comisionado general Fernando Borge, segundo jefe de la Policía de Managua, quien se abstuvo de brindar declaraciones.

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La protesta fue organizada por los familiares de las personas detenidas, entre ellos Carlos Valle, papá de la joven Elsa Valle, quien guarda prisión y está siendo acusada por diversos delitos, entre ellos tenencia ilegal de armas.

Carlos Valle, padre de Elsa Valle, reclamó a los antomotines que trataron de impedir la Marcha de los globos, en Managua.

Asimismo, estaba presente Mercedes Dávila, mamá de Edwin Carcache, integrante de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, quien fue capturado la semana pasada y presentado por las autoridades policiales con cargos de terrorismo.

“Pedimos la libertad de todos los presos políticos, libertad eso es lo que queremos”, demandó Dávila.

Originalmente el recorrido estaba previsto para efectuarse desde la rotonda Cristo Rey, hasta la rotonda La Virgen; pero debido al asedio los organizadores decidieron modificar la ruta.

Fue así como después de recorrer la pista Juan Pablo II, los barrios El Riguero, Campo Bruce, San Cristóbal, María Auxiliadora, el barrio Costa Rica, la manifestación siguió sobre la carretera Norte y siguió hacia Bello Horizonte y el barrio URSS, hasta concluir en el paso a desnivel de Rubenia, en donde los manifestantes exclamaron a todo pulmón: “Sí se pudo, sí se pudo”.

Diriamba bajo intimidación

La marcha de los autoconvocados, que estaba prevista para este domingo en la ciudad de Diriamba, Carazo, tuvo que ser suspendida debido a la presencia de policías y civiles armados en las cercanías del reloj público, lugar donde iniciaría la manifestación.

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“Creo que llegará el momento oportuno en que el pueblo vuelva a tomarse las calles, ahorita no es miedo lo que el pueblo caraceño tiene, es precaución y amor a nuestras vidas. Ya no queremos más muertes de personas inocentes”, dijo una diriambina que no se identificó.

Pocos salieron en León

En León, los ciudadanos tampoco pudieron manifestarse en las calles debido al asedio policial y de grupos pro-Gobierno.  

Jóvenes que se atrevieron a protestar con sus banderas azul y blanco fueron retenidos por la policía, situación que ocasionó indignación entre los asistentes y vecinos del barrio San Juan.

Los oficiales de las fuerzas antidisturbios de la Policía cuadruplicaban la cantidad de manifestantes azul y blanco que desafiaron el acoso. Se podían cuantificar, al menos, ocho patrullas policiales, cuatro de ellas repletas de antimotines.