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Desde el 18 de abril hasta el mes de julio, la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) recibió 1,600 denuncias sobre violaciones de derechos humanos, 87 de ellas por casos de torturas, bajo el contexto de la crisis sociopolítica que atraviesa el país.

Sin embargo, Denis Darce, director de proyectos de la CPDH, explicó que dichas estadísticas son solamente un aproximado, pues aún no han contabilizado las actuales denuncias de violaciones de derechos humanos, recibidas en el mes de agosto y en los primeros 15 días de septiembre. 

“Este dato es solo un aproximado porque no estamos agregando algunos casos de los presos políticos, como el del líder estudiantil Edwin Carcache, que fue capturado el pasado 4 de septiembre, y aún falta clasificar los casos por tortura sicológica, que en su mayoría provoca la detención ilegal”, señaló Darce.

De acuerdo con el director de proyectos de la CPDH, los tipos de torturas físicas que han recibido las personas activas y no activas durante las protestas antigubernamentales de parte de oficiales, paramilitares, civiles, entre otros, han sido “golpes en diferentes partes del cuerpo, aunque en algunos casos cuidan de no lastimar el rostro, choques eléctricos en las manos y partes íntimas, la gente habla de golpes con armas de fuego, culetazos, patadas, cortaduras, les socan las chachas, los encapuchan para golpearlos y no identificar a su verdugo, etc.”, detalló Darce, quien además menciona que las víctimas que se atreven a denunciar los casos de torturas coinciden con los relatos. 

No obstante, también considera, que el impacto sicológico de las personas empieza a sentirse desde que son detenidas por policías o parapolicías. “Las torturas sicológicas aunque mucha gente que las recibe no las identifica como tortura, lo son y afecta a la víctima enormemente. Cuando el victimario te dice que te van a matar, que si no confesás tal cosa, tal delito, si no te inculpás van a matar a tu familia o que te van a desaparecer, están aplicando daños tanto morales como mentales en la persona detenida”, explicó.

Destrucción de la personalidad

Para la neurosicóloga clínica, Yelba Godoy, especialista en demencia del Centro de Neurociencias del Hospital Vivian Pellas, “una de las primeras huellas traumáticas que dejan las torturas a la mayoría de víctimas que fueron reprimidas por agentes del Estado es la indefensión, porque se supone que para nosotros, los ciudadanos, históricamente las autoridades del orden son un símbolo de protección y resulta que actualmente son ellos los victimarios”, expresó Godoy.

La especialista en demencia también hizo énfasis en la violación sexual,  como “una de las más graves y es generalizada tanto en hombres como en mujeres”.

“Hay una alteración en los recursos morales, sicológicos, físicos de la persona porque se les agrede su cuerpo y su mente. Este persona siente que le destruyeron su personalidad, hay lesiones fruto de la tortura a corto plazo, en algunos casos más tardías”, añadió.

Secuelas 

Como resultado de las torturas, Godoy explica que las víctimas pueden experimentar secuelas síquicas y físicas que son incapacitantes, así como las secuelas sensoriales, oculares, debido a traumatismos o bien secuelas óseas, por golpes y fracturas y secuelas genitales.  “También hay daños neurológicos, los cuales están en la cabeza de mucha gente y van a traer consecuencias a mediano plazo”, aseguró. 

Por su parte, Godoy considera que es importante tratar las torturas desde la salud integral, “es decir, hay que pasar por una revisión médica para descartar cualquier problema que se haya generado por la tortura y luego hacer una derivación de la salud mental”.

Agregó que “el camino para superar una tortura no es guardarlo, esconderlo socialmente o aislándose. Hay que buscar ayuda sicológica y el apoyo de la familia y amigos para superar cualquier crisis”.