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Centenares de amigos acompañaron a los familiares de Matt Andrés Romero, de 16 años, quienes entonaron el himno nacional, soltaron chimbombas azul y blanco y cantaron la canción Nicaragua, Nicaraguita, antes de sepultarlo en el cementerio Las Puertas del cielo, en el barrio Milagro de Dios.

El adolescente es la víctima más reciente de los ataques y asedios por parte de grupos de choque y parapolicías que cada vez que se anuncian marchas de protesta contra el gobierno salen a enfrentarse contra los manifestantes para impedirles que protesten, y que además cuentan con la protección de la Policía Nacional.

El cortejo fúnebre salió del barrio Larreynaga, de la casa donde residía Romero y eran tantos los asistentes que se formó una caravana que incluía la presencia de dos buses repletos de amistades y familiares, además de decenas de vehículos y motorizados que portaban banderas azul y blanco.

Con carteles como este se hicieron presentes amigos de Matt Andrés Romero a sus funerales. Humberto Galo/ END

Previo a la salida de la carroza fúnebre que portaba el cuerpo de Romero, se hicieron presentes a la casa compañeros de clase del colegio Rubén Darío, del barrio San Luis, donde el joven adolescente cursaba el cuarto año de secundaria.

"Teníamos previsto realizar una marcha desde el colegio hasta aquí dond eestaban velando a nuestro compañero, pero la dirección del colegio Rubén Darío prohibió que la hiciéramos y además orientaron a los profesores de no asistir ni a la vela, ni al entierro de Matt", denunciaron varios estudiantes de ese centro escolar.

Varios de los jóvenes estudiantes se pintaron sus rostros con los colres de la bandera de Nicaragua y rayaron con marcadores sus camisas blancas del uniforme escolar con mensajes dedicados a Matt Romero.

El cuerpo de Matt Romero salió de su casa en medio de aplausos y de gritos de los asistentes que decían: Viva Nicaragua Libre y coreaban a una la palabra "presente", tras pronunciar el nombre de Matt Andrés Romero.

Compañeros de clase de Matt Andrés Romero, lloran y se abrazan durante la vela realizada en barrio Larreynaga. Humberto Galo/ END

Muchos de sus compañeros de clases expresaban que lo recordarán como un muchacho alegre, bromista, creyente y buen consejero.

"Siempre fue un gran amigo, nos apoyaba en momentos y situaciones que estábamos pasando, nos daba buenos consejos, nos decía que buscáramos el camino de Dios, y cuando nos enteramos que había muerto nos llenamos de gran angustia al saber que se perdió una vida joven que tenía un futuro por delante, que le arrebataron sus sueños y le tumbaron sus metas que tenía por delante", expresó uno de sus compañeros de clase.