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“Mi hija es una presa política y está en un juicio eminentemente político y desde ese punto es ilusorio pensar que pueda haber un desenlace judicial; la salida más bien para mí será política”, afirma Frédéric Coppens al conversar con EL NUEVO DIARIO.

Es el papá de Amaya Coppens Zamora, la estudiante de quinto año de medicina, detenida y acusada de terrorismo tras liderar las protestas contra el Gobierno en la ciudad de León.

Al tener dos nacionalidades, la nicaragüense y la belga, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bélgica está pendiente de Amaya, de cómo se desarrolla el caso, afirma Coppens, indicando que una funcionaria belga vino a Managua para visitar a la joven en El Chipote.

Amaya, de 24 años, es procesada por supuestamente cometer tres secuestros simples, actos de terrorismo, lesiones sicológicas leves, portación ilegal de armas y entorpecimiento de servicios públicos.

Su padre rechaza todas las acusaciones y asegura que cuando la detuvieron, su hija fue llevada a la casa del Frente Sandinista en León donde fue golpeada por encapuchados. “Amaya es una presa política y está en un juicio eminentemente político”, enfatiza Coppens. 

¿Cómo y cuándo llega usted a Nicaragua?

Llegué en febrero de 1987, todavía en época de revolución. Fueron los años previos a la caída del muro de Berlín y en Bélgica todavía teníamos servicio militar obligatorio, que a mí no me interesaba hacerlo. Como profesional tenía la opción de hacer un servicio civil y elegí eso. Uno debía conseguir un contrato como cooperante en sustitución del servicio militar. Contacté a la Escuela de Sociología de la Universidad Centroamericana (UCA) y vine a Nicaragua. Mi primer trabajo fue como docente. Empecé a trabajar como cooperante durante dos años, luego me propusieron quedarme y estuve durante cinco años más.

Cuando llegó a Nicaragua, ¿era usted simpatizante de la izquierda internacional, o de los mismos sandinistas?

Realmente nunca milité con ningún partido, ni en Bélgica ni aquí en Nicaragua, pero obviamente como joven sociólogo era simpatizante de la Revolución. Me fascinaba la oportunidad de conocer desde adentro el proceso revolucionario que vivía el país. Además, me había especializado en sociología de la religión y Nicaragua era, en ese momento, un lugar muy importante de la corriente de la Teología de la Liberación. 

¿Cuál es la sensación que tuvo cuando empezó a recorrer el país?

Fue muy interesante porque en esa época todavía era rector de la UCA el padre César Jerez, una persona admirable y gran intelectual. Él me apoyó mucho y me facilitó contacto con varios institutos y tuve la oportunidad de viajar bastante: recorría Waslala, Nueva Guinea, Acoyapa, la zona norte, que en ese momento eran zonas de guerra. Era mucho para un joven como yo que solo tenía mi cartón bajo el brazo. Era fascinante a todo nivel conocer desde adentro la Revolución, una cultura tan diferente, las procesiones y todo lo que tiene que ver la religión. 

¿Cómo se conoció con Tamara Zamora, mamá de su hija, Amaya?

Tamara era estudiante de sociología en la UCA, pero realmente nos conocimos un año después de que llegara. Al segundo año de conocerla decidimos vivir juntos. Amaya nació en 1994, pero tiene un hermano mayor que nació en 1991.

Amaya nació en Bélgica, ¿qué los llevó a tomar esa decisión?

Yo me quedé sin trabajo, ya no me habían renovado mi contrato como cooperante y prácticamente me vi obligado a salir en 1993. Nos fuimos a Bélgica sin ninguna intención de quedarnos allá. Dediqué mi tiempo a gestionar un nuevo contrato como cooperante que me permitiera volver, eso ya fue a principios de 1995 y nos fuimos a Estelí.

Frédéric Coppens. Melvin Vargas\END

Amaya tuvo la oportunidad de ir a estudiar a Bélgica, pero se quedó aquí, ¿por qué?

Enviarla a Bélgica siempre fue una posibilidad, pero ella quiso quedarse en Nicaragua por distintos motivos. Después de su bachillerato en Estelí hizo un bachillerato internacional en Hong Kong y a su regreso decidió estudiar medicina. La idea era estudiar medicina general aquí y después —lo que por ahora está pendiente— es hacer una especialidad afuera. Le interesaba estudiar medicina aquí porque en Nicaragua son mucho más prácticos para los estudiantes y tiene una implicación social mucho más fuerte. En Bélgica, por ejemplo, deben esperar hasta cuarto año para tener prácticas y contacto con los pacientes. Siendo estudiante de medicina, Amaya ha prestado servicios sobre todo en las zonas rurales. La Facultad de Medicina de la UNAN - León funciona por módulos y especialidades, en ese contexto también ha dado prácticas en la comunidad Lechecuagos y en el (Hospital Escuela Óscar Danilo Rosales Argüello) Heodra, de León. 

¿Por qué decidió estudiar medicina?

Amaya siempre ha sido muy buena estudiante en matemáticas y ciencias, pero medicina le parecía más aplicado y con mayor relevancia a nivel social.

¿Cómo puede describir a su hija?

Es una muchacha alegre, sonriente y positiva. Es una chavala con un gran compromiso social. Desde pequeña las injusticias le han indignado, no le gusta ver situaciones de pobreza extrema, le molesta la desigualdad de género, es bastante feminista sin ser militante de una organización particular. Tiene un compromiso con la equidad de género bastante fuerte. Es muy decidida. Cuando decide comprometerse en algo lo lleva hasta el final, no cuelga los guantes rápidamente. 

Supongo que no le sorprendió enterarse que ella era una lideresa de las protestas antigubernamentales en León…

La primera manifestación fuerte de León fue el 19 de abril, también se dio una golpiza contra un grupo de ancianos y ella estaba ahí. Ella salió en una foto en los periódicos y me enteré por eso. Al ver esa foto me di cuenta que no iba soltar la lucha porque eran las situaciones de injusticia que la indignan.

¿En algún momento intentaron persuadirla para que dejara la lucha?

No. Siempre hemos respetado sus decisiones, ella es de las que no abandona la lucha cuando decide hacerlo.

Lo que hacíamos era recomendarla, darle consejos hasta tres veces al día, que fuera prudente, que se cuidara, pero nunca de abandonar la lucha. 

¿Cómo se enteró de la detención de Amaya?

Ese día yo estaba en Bélgica y mi esposa me llamó. La detención de Amaya no fue una sorpresa porque el día anterior había hablado con ella y le insistí en que buscara otra forma de lucha. Le habíamos dicho que tal vez podía ser más útil al movimiento desde un espacio más diplomático y político, pero no cargando adoquines. Ella más bien me colgó el teléfono. Siempre decía que si ella se iba los demás se iban a desmoralizar. 

Amaya, de 24 años, es procesada por supuestamente cometer tres secuestros simples. Melvin Vargas\END

¿Qué tipo de medidas había tomado en los días previos para evitar la detención?

Como sabía que los líderes eran perseguidos, sé que cambiaban de casa periódicamente, se había cortado el pelo y mi esposa le consiguió una peluca, pero hay muchas cosas que por seguridad no compartía. 

¿A nivel diplomático, qué es lo que ha hecho y qué es lo que se ha logrado?

Hay que entender que Amaya tiene dos nacionalidades, lo que significa que el Estado de Nicaragua la considera nicaragüense y la juzga como tal. El Estado de Bélgica la considera belga, pero no tiene ninguna capacidad de exigir cualquier cosa. Aquí en Nicaragua no hay embajada de Bélgica, la embajada concurrente queda en Panamá. Muy rápidamente mandaron a la cónsul que vino cuatro días después del arresto y ella, acompañada por un representante de la embajada de la Unión Europea, gestionó en la Cancillería una “visita humanitaria”. La consiguieron, fueron a verla a El Chipote, le llevaron artículos personales y creo que eso ha incidido en que no la maltraten, aunque en el momento del arresto sí fue golpeada.

¿Cómo ha sido el trato de las autoridades nicaragüenses con Amaya, cree que se le han respetado las garantías? 

Se han cuidado porque antes de que llegara la cónsul la visita fue avisada. Teniendo al Ministerio de Relaciones Exteriores de Bélgica pendiente del caso, se evitaron un incidente diplomático.

¿Cómo valora las acusaciones de la Fiscalía contra su hija?

Son ridículas. En primer lugar, esa acusación de terrorismo, que es el principal delito imputado contra todos los presos y presas políticas, es algo descabellado. Amaya lo único que ha hecho es hacer uso de su derecho constitucional a la manifestación pacífica. También la acusan de portación ilegal de armas, que es una acusación montada. Durante su arresto, que fue ilegal, no había armas, las armas aparecieron dos días después cuando la presentaron en una conferencia de prensa donde exhibieron un arsenal. Puedo decir que soy profundamente antimilitarista y detesto las armas, en mi casa nunca tuvimos armas y yo sé perfectamente que mi hija no puede manipular armas. Lo que sí andan los chavalos en las protestas son morteros, tiradoras, piedras, pero las armas de fuego son montajes. En Nicaragua hay dos recursos pendientes por inconstitucionalidad contra la Ley de Terrorismo; en un país con estado de derecho, dos recursos de esos pesan, esa Ley estaría congelada, sin aplicarse. Sin embargo, aquí a todos los detenidos se les acusa de terrorismo, aplicando una reforma a la Ley que fue hecha a la medida.

¿Cuántas veces ha podido ver a su hija y qué le ha dicho?

Una semana después de haber sido arrestada fue llevada a su audiencia preliminar, que fue otra de las violaciones del debido proceso, porque debió haber sido llevada en un plazo no mayor a las 48 horas. La vi en los juzgados durante cinco minutos. Al día siguiente fue trasladada al penal de mujeres La Esperanza, donde el pasado miércoles pudimos verla durante 20 minutos, pero en ninguna ocasión hemos podido tener un encuentro privado, a solas. Nos ha dicho que no ha sido víctima de tortura física, pero sí nos contó que después de su arresto la llevaron a la casa zonal del Frente Sandinista de León. ¿Por qué?, me pregunto. Ahí fue golpeada no por policías, sino por paramilitares. Luego la llevaron a El Chipote. 

Papá de Amaya Coppens Zamora. Melvin Vargas\END

¿Qué les dijo sobre su estadía en El Chipote?

No estaba sola en una celda, la compartía con dos muchachas más. Nos dijo que durante una semana la habían dejado con la misma ropa, a pesar de que mi esposa al día siguiente le había llevado, pero no se la entregaron. Solo le pasaron ropa cuando la iba visitar la cónsul.

¿Cómo cree que va terminar el caso de su hija? El jueves se ordenó la liberación de tres jóvenes que fueron detenidas en el contexto de las protestas. ¿Cree que su hija puede salir?

Mi hija es una presa política y está en un juicio eminentemente político y desde ese punto es ilusorio pensar que pueda haber un desenlace judicial; la salida más bien para mí será política. 

¿Usted cree que hasta que no haya un diálogo, donde se negocie la liberación de los presos políticos, su hija no va salir?

Todo puede pasar. Una de las hipótesis que se maneja es que el acumular tantos presos políticos es para tenerlos como rehenes y usarlos en una negociación ante una posible amnistía. Pero, aquí puede haber cambios de la noche a la mañana por política más que por orden judicial o diplomática. Considero que hasta cierto punto, al Gobierno le resulta más incómodo mi hija en la cárcel que afuera, porque hay una presión política internacional muy fuerte que el caso de mi hija, por ser belga, es emblemático, pero no quiero que eso haga olvidar la situación de todos los presos políticos. El caso de mi hija puede servir para denunciar lo que está pasando a nivel internacional. 

¿Si su hija llegara a salir mañana, cree que volvería a las calles?

Amaya tiene un carácter fuerte que cuando se propone algo, no lo abandona. Yo creo que sí, volverá a la calle, aunque tal vez nos haga caso y tome un respiro o busque otra trinchera de lucha. Pero de que vaya abandonar la lucha, no lo creo.