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Después de permanecer 75 días en prisión entre El Chipote y el sistema penitenciario de mujeres “La Esperanza”, Elsa Valle afirma que “la represión continúa en las cárceles”.

Tiene 19 años, confirma que está embarazada y el papá de la criatura es Tony Merlo, un joven estudiante que conoció en las protestas, asesinado por parapolicías el 23 de junio mientras resguardaba un tranque en el barrio 8 de Marzo. Pese a su estado, dice que no abandonará las calles.

Entre los abusos policiales que denuncia está el hacer que se desnudara en varias ocasiones, amenazar con violarla, evitar el contacto con sus familiares e incluso amenazar con matarla. “Una terrorista como vos, ni derecho a la vida tiene”, le dijeron. Valle, la joven detenida por participar en las protestas estudiantiles contra el gobierno en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), describe las celdas de El Chipote y las del sistema penitenciario de mujeres en esta entrevista con El Nuevo Diario.

Elsa Valle. Melvin Vanegas\END 
¿Cómo se da tu detención?

A mí me agarran en la casa de mis compañeras de lucha, Yuri Valerio e Irma Rivera (a quienes también detuvieron). La Policía llegó porque, según ellos, ahí habíamos resguardado a las personas que iban a tomarse la Upoli. Decían que éramos terroristas y que nos iban a llevar a la Estación VII. A las cuatro cuadras nos cambiaron de patrulla y llegó un muchacho con una bolsa de armas, ellos mismos nos pusieron las armas para decir que éramos una banda que andaba azotando en Managua. De ahí nos llevaron directo a El Chipote. Durante el arresto, además de los golpes, hubo maltrato psicológico: nos decían terroristas, prostitutas y nos apuntaban con AK-47 directo a la cabeza.

¿Qué pasó cuando llegaron a “El Chipote”?

Ese lugar se mantiene lleno de civiles encapuchados y desde que entramos ellos comenzaron, como en cámara lenta, a insultarnos, fue como un pasillo al calvario: nos gritaban delincuentes, asesinas y más. Después de tomarnos los datos, nos pasaron a un cuarto de espejo donde se notaba que al otro lado había personas viéndonos. Nos hicieron quitarnos la ropa, quedamos completamente desnudas y nos pusieron a hacer 10 sentadillas con la vista siempre al frente.

¿Cuando las envían a las celdas, en qué condiciones estaban?

Es un lugar asqueroso. Los baños son lamosos y la gente hasta se resbala, teníamos que poner los pies encima de las botellas que nos llevan para no entrar en contacto con el piso. Había ratones, gatos, garrapatas que caían del techo y teníamos mucho frío porque, en el caso de nosotras, nos dejaron solo una mudada y una pieza de ropa interior. Aunque había gente que dejaban en únicamente ropa interior. Sé que algunas de las reclusas en El Chipote adquirieron infecciones vaginales.

¿Qué viste de eso ahí adentro?

Muchas de las prisioneras que pasamos por ahí adquirimos infecciones vaginales, una de ellas fue Irlanda Jerez. No nos dejaban pasar útiles de aseo personal, nos quitaban los cepillos y fue por el mismo desaseo que agarramos infección. En el caso de las celdas de mujeres sí hay inodoro, no es en un orificio en el piso, como les pasa a los hombres. El baño está en la misma celda, pero en condiciones antihigiénicas, que ni siquiera dan ganas de sentarse ahí. 

¿Qué fue lo más difícil para vos mientras estuviste en El Chipote?

Yo siempre lloraba porque no me dejaban entrar en contacto con mi familia. Mientras estuve en El Chipote intenté muchas veces que me concedieran una llamada para hablar con mi familia, pero nos decían que las terroristas no teníamos derecho ni a una llamada, ni ver a la familia e incluso ni a la vida. “Una terrorista como vos, ni derecho a la vida tiene”, me decían constantemente. Esas eran las amenazas.

 Elsa Valle, permanecio presa 75 días presa. Melvin Vanegas\END
 
¿Cuándo te envían al penal de mujeres?

Al sexto día de la detención me llevaron a los juzgados. Yo estaba siendo procesada por supuestamente cometer el delito de portación ilegal de armas. El juez ordenó la prisión preventiva y me envían al penal de mujeres. Ahí lo mismo de nuevo: desnudarnos, recibir insultos y malos tratos desde la entrada.
 
¿Qué diferencias hay entre el trato que recibe una prisionera que andaba protestando y las que llegan por delincuencia común?

Es completamente diferente. En la cárcel sigue la represión. Hubo dos días en que estuvimos 18 mujeres en una celda y protestamos para que al menos nos dividieran en nueve y nueve. En cada celda había seis literas de dos colchones, las otras dormían en el suelo. Las literas estaban con cucarachas y garrapatas. Los ratones entraban a comerse la comida que nos llevaban. Además, teníamos vigilancia aparte de que nos acechaban todo el tiempo.

¿En algún momento las amenazaron con violarlas?

En el Sistema Penitenciario no, pero sí en El Chipote. Cuando iba a los interrogatorios y pasaba al lado de los policías varones, me decían con palabras obscenas que me iban a violar y que me iban a electrocutar.
 
¿Qué pasó el 14 y 15 de septiembre con una protesta cívica que hicieron dentro del penal?

Los dos días nos unimos todas y armamos una bandera improvisada con los uniformes azules y toallas blancas. Cantábamos el himno nacional a las seis de la mañana, al mediodía y a las seis de la tarde. El día que empezamos eso, llegaron las autoridades mayores del Sistema Penitenciario e incluso llegaron tenientes de La Modelo para decirnos que ahí adentro no teníamos derecho a nada. Nos obligaron a quitar la bandera, pero desde el otro pabellón nos gritaron que no tuviéramos miedo y volvimos a armar la bandera. Volvieron a llegar y les cantamos el himno a todo pulmón. Nos grababan, se reían de nosotras y decían que eso era acto de indisciplina.
 
El 13 de septiembre un grupo de mujeres feministas les llevó una serenata, ¿eso qué significó para ustedes?

Ese día sentíamos extraño que hubiera culto, pero raramente llegó un pastor y pusieron música a todo volumen. Sin embargo, más tarde escuchamos otro parlante más allá de las paredes, oímos nuestros nombres y la marimba. En ese momento empezamos a bailar, a brincar, cantar canciones nicaragüenses y eso les molestó muchísimo. Un grupo de trabajadoras del penal llegó con “amansa bolos” a querernos intimidar, pero nunca les hicimos caso. Esa serenata significó mucho para todas porque siempre esperábamos una protesta afuera por nosotras. Nos sentimos conmovidas, que estábamos con el pueblo y que no estábamos olvidadas.
 A mí me agarran en la casa de mis compañeras de lucha. Melvin Vanegas\END
¿Cómo eran las noches en el penal?

Es muy difícil conciliar el sueño en la cárcel. El sonar de las AK cuando las cargaban era traumante, las funcionarias se ponían a hablar en voz alta toda la noche. El calor es insoportable y tampoco nos dejaban asomarnos a las ventanas a tomar un poco de aire. Solo nos sacaban a tomar aire y sol 40 minutos una vez a la semana.
 
Háblame de tu lesión en el tobillo, ¿cómo está?

Ahora que salí libre, lo primero que hice fue buscar atención médica porque en los meses que estuve en el penal nunca me atendieron bien. Siempre pedí que me atendieran, pasé más de nueve días con dolor intenso. Hubo una protesta entre todas y empezamos a golpear las paredes para que me llevaran una pastilla. Las otras reas se sumaron a nosotras, las presas políticas, y las amenazaban con quitarles todos sus derechos. Llegué a caer al piso a retorcerme del dolor y llegó una trabajadora que dijo que hasta que se callaran todas me la iba a dar. Al final tiró la pastilla al piso.


 
Elsa, ¿cuál es el estado en que se encuentran las demás reas?

Irlanda Jerez está con una infección vaginal terrible, no hay atención médica seguida, todas tienen ronchas. Hay una joven de Jinotega que no se le ha permitido visitas.
 
En la orden de libertad para vos y tus compañeras, las autoridades argumentan que colaboraron con las instituciones en investigaciones en curso. ¿A qué se refieren?

Ese fue un montaje de ellos porque siempre dije que el día que saliera no me iba a callar nada, que todo lo iba a contar y denunciar. Creo que esa fue una jugada para que el pueblo no me creyera. En El Chipote me propusieron salir la misma noche de mi detención si leía un papel que ellos tenían preparado. Me preguntaron si quería ser la parte acusada o testigo, yo me negué. Eso hizo que tomaran más represalias en mi contra.

Tu papá está detenido y tiene un juicio en su contra, vos estuviste 75 días presa, ¿cómo esto ha impactado a nivel familiar?

Esto solos nos ha unido más como familia. Ahora que salí voy a seguir en las calles luchando por la libertad de mi papá y de todas las presas y presos políticos de este país. Si creyeron que me iban a doblegar, se equivocaron. Voy a seguir protestando hasta que Nicaragua sea libre.