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Una palabra describe la relación entre el gobierno y la Iglesia Católica: tirante. El sacerdote jesuita Fernando Cardenal, explica las causas de esta tirantez. Regresa seis meses atrás, a las elecciones municipales, y las conjuga con los nuevos acontecimientos: calumnias, explicaciones tardías e impunidad. Antes advierte que no estamos frente a la tirantez de los años ochenta. Aquí no hay revolución ni contrarrevolución, dice.

Según Cardenal, destacado personaje durante la Revolución Popular Sandinista y educador, las relaciones entre los jerarcas católicos y el gobierno actual empezaron a agriarse cuando la Conferencia Episcopal pidió un recuento de los votos por las denuncias de fraude en las elecciones municipales.

“La Conferencia Episcopal ha planteado al gobierno que hay que revisar, que hay cosas oscuras que aclarar. La Iglesia plantea que hay que ver si es cierto lo que están diciendo los gobiernos europeos, el de Estados Unidos, los políticos, la sociedad civil, que dicen que allí algo hubo de fraude”, sostiene.

El caso Núñez

Pero más allá del diálogo que proponen los obispos, está la última polémica. Un documento adjudicado al asesor presidencial Orlando Núñez, que fue enviado desde el correo electrónico de la Presidencia. El texto llevaba consigo acusaciones graves contra los obispos, quienes según el texto, no cumplen con el celibato, son corruptos y abusan del alcohol.

Rosario Murillo negó que el gobierno hiciera las acusaciones siete días después, y aseguró que fue un desconocido quien vulneró el sistema de seguridad y entró al correo. El presidente Daniel Ortega, siete días más tarde que Murillo, habló sobre el documento y dijo tener nombre del que delinquió, del “hackers de lujo”, como su esposa lo llamó.

Conferencia “de lujo” y la visita de Ortega al Cardenal

“En la última década nadie ha acusado de cosas tan graves a los obispos como en este caso, y pasaron siete días sin que el gobierno dijera nada ante las acusaciones”, dice Cardenal, quien identifica a la Conferencia Episcopal de la década de los 80 como contrarrevolucionaria. Sobre la actual dice que hay “obispos de lujo”, entre ellos el Arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes.

“Yo te digo sinceramente, he visto cómo ha mejorado la Conferencia Episcopal”, asegura Cardenal, para quien la visita que hizo Ortega al cardenal Miguel Obando y Bravo fue “para compensar la tensión” que se vive con la Conferencia.

“Que diga nombre y apellidos”

La última polémica entre el gobierno y la Iglesia ha provocado muchas suspicacias. ¿Cree usted en la versión del gobierno, de que un “hacker” envió el texto que denigra a la Conferencia Episcopal?
Yo creo en los hechos, hay siete días después de la acusación, dicen que es un “hacker” y que sabe quién es con nombres y apellidos, lo dijo en público, y el hecho es que sabe quién es el autor de esto que acusa a los obispos y no hace nada, no acusa a nadie ni dice quién es, es un hecho que te dice: algo está pasando entre la Conferencia Episcopal y el Presidente.


¿A qué se refiere con que algo está pasando entre el Presidente y la Conferencia?
Hay ahí una situación de tensión (…). El Presidente sabe quién es.


Dijo que fue un periodista y que no acusaba para evitar que se dijera que atenta contra la libertad de prensa y de expresión.

El hecho es que sabe quién es, y te puedo decir que en la última década nadie ha acusado de cosas tan graves a los obispos como en este caso, y pasaron seis días sin decir nada ante las acusaciones. No recuerdo yo, y tengo 39 años de estar en Nicaragua porque pasé una parte de mis años formándome fuera, nunca había visto que se insultara de esa forma a los obispos, y el Presidente pasa siete días sin decir nada.


¿Cree que aparte de la explicación debió haberse disculpado?
Sí, es una cosa grave.


¿En qué cree que podría desembocar esta situación tan tensa?
No sé, no sabría decirte. Los obispos son personas serenas y lo han demostrado. No hubo ningún exabrupto ante los insultos y las calumnias. Han respondido de forma serena. Yo creo que cualquier cosa que pase será una medida que ellos no tomarían normalmente.

El fraude, y “obispo Mata no puede inventar”

Hay un hecho que usted omitió en esta cadena de acontecimientos entre la Iglesia y el gobierno, y son las denuncias que hizo el Obispo de Estelí, monseñor Mata, de que hay armados por razones políticas, algo negado por la Policía y por el Ejército, ¿cree que esas denuncias influyeron a que la relación haya llegado a este punto?
Bueno, yo no creo que surja de ahí el problema. Creo que viene del 9 de noviembre, porque en eso ellos son muy sensibles (el gobierno). Alguien hasta dijo que ese tema no se tocaba ni con los historiadores. Ahora, yo no conozco bien al obispo Mata, pero si él llega a decir que la gente que él visita le ha contado que hay armados por razones políticas, eso se tiene que verificar.

No me imagino, aunque no conozco a monseñor Mata --creo que nunca he hablado con él-- qué interés tendría de inventar una cosa como esa. Los obispos no son así. Yo conozco mucho a varios obispos y creo que es difícil imaginarse a un obispo católico que invente una cosa tan seria como esa, además, comprobable.


La Policía y el Ejército han contradicho lo expresado por el obispo Mata
No han encontrado, pero dice Mata que él si. Yo no me inclino ni a una cosa ni a otra, pero me parece muy difícil que el obispo esté mintiendo. No es propio de los obispos mentir.


El Presidente hace dos días apareció con el cardenal Obando, en momentos cuando la relación entre la Conferencia y el presidente Ortega está en sus peores momentos, ¿qué lectura le da?
Aquí nos metemos a otro campo del que hemos estado hablando, que son los hechos. Éste es el campo de las interpretaciones. Una interpretación podría ser que ante la tensión entre el gobierno y la Conferencia Episcopal, él haya querido componer un poco esa situación cubriéndose bajo la sombra del cardenal Obando, que en el pasado tuvo mucha representatividad.

Es como para compensar la tensión que pasa con la Conferencia, debido al buenísimo entendimiento que tiene con el cardenal Obando. Lo que pasa es que Obando no representa a la Conferencia Episcopal. En el imaginario popular, Daniel Ortega pudo haber buscado la imagen de llevarse bien con la Iglesia, porque muchas veces aquí la gente confunde Iglesia con un obispo.


Hay quienes aseguran que este gobierno tiene actualmente la misma relación conflictiva que tuvo con la Iglesia en la década de los 80, ¿vale la comparación a su criterio?
No, no vale. En los 80 la Conferencia Episcopal estaba en la contrarrevolución, y Daniel Ortega, nuestro compañero de lucha y otros tantos compañeros, estábamos en la revolución. El enfrentamiento era entre dos concepciones en ese momento: la revolución sandinista, donde estábamos nosotros; y la contrarrevolución, donde estaban los obispos de la Conferencia Episcopal, a la cabeza Obando.

Ahora, a diferencia, no hay ninguna contrarrevolución, lo que representaba Daniel Ortega ya no lo representa, y los obispos están representando no una contrarrevolución, sino una posición muy digna, serena, respetuosa.

Yo te digo, sinceramente, he visto cómo ha mejorado la Conferencia Episcopal. Tiene algunos obispos de lujo, y ya que se ha hablado de ellos, podría decirte que podría poner mis manos en el fuego, por ejemplo, por el arzobispo (Leopoldo) Brenes, excelente, humilde, sencillo; por monseñor (Bernardo) Hombach, Obispo de Granada, mi amigo; (por) monseñor (Pablo) Smith, de Bluefields.


A pesar de que el contexto es diferente, padre, no se puede ver de lado que estamos frente a las mismas personas: el presidente Daniel Ortega y algunos obispos que estuvieron antes.

Pero no están representando los mismos papeles. La contrarrevolución desapareció como desapareció la revolución. Ahorita no hay revolución ni contrarrevolución. Eso es fundamental, la problemática es diferente.

¿Qué efectos tendrá este documento en la población?

En Nicaragua históricamente existe una profunda religiosidad y en esa profunda religiosidad va incluido el respeto a los obispos.

En la época de la revolución, y a pesar de la posición de Obando en contra de una revolución popular, la gente lo apreciaba. Ahora con los insultos graves contra los obispos y sin ninguna prueba, son muy mal recibidos por la gente. Todo el mundo sabe que no viven en grandes mansiones, que no andan bebiendo licor

¿Cree que no hay ciertos excesos?
Es que (en el texto) hablaban de la Conferencia Episcopal, no de todos los sacerdotes de Nicaragua. Eso es muy diferente. Hay centenares de sacerdotes. Lo que hace el padre que vive allá, en la montaña de Jinotega para adentro, no tengo ni idea, pero de los obispos sí.