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A continuación, El Nuevo Diario presenta el discurso íntegro de Luis Almagro ante el Consejo Permanente de la OEA

La Secretaría General de la OEA, recibe y hace suyo este informe de la CIDH sobre la situación de los derechos humanos en Nicaragua, así como lo contenido en el segundo informe del Grupo de Trabajo, las constataciones sobre la situación en Nicaragua se repiten y en consecuencia se agravan.

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La violación de los derechos humanos, las prácticas contrarias a la democracia y el estado de derecho, la represión, la tortura, las tenemos que denunciar y rechazar cuantas veces sea necesario.

Somos reiterativos, pero la verdad también necesitan de la reiteración las denuncias de las víctimas, deben ser repetidas y sus testimonios deben ser conocidos.

No pocos a través de la historia han repetido consignas, falsedades y versiones que no se ajustaban a la realidad y así han pretendido engañar a la comunidad internacional por algún tiempo, nunca para siempre.

La OEA debe ser fuerte para enfrentarse a esto que afianza la democracia y los derechos humanos, nosotros somos insistentes porque ese es el trabajo que tenemos, si no levantáramos nuestra voz, la CIDH no levantará su voz, estaríamos faltando al compromiso que nos inspira, moviliza y mandata el sistema interamericano.

Solo se trata de ser fieles a la OEA, pero más a lo que debemos ser, por eso es imposible mantenerse callados, por eso debemos continuar nuestras denuncias, es más cómodo quizá no poner el foco, pero sí debemos llamar la atención del caso, porque lo amerita, porque esa es nuestra obligación como garantes del acervo latinoamericano, como garantes del acervo internacional de la región, es nuestro deber seguir haciendo lo que estamos haciendo.

Desde nuestra postura hay una mirada objetiva de la triste constatación de estar presenciando acciones que violentan los derechos humanos de la gente, repetimos, se están violando los derechos humanos en Nicaragua.

¿Qué es lo que no se comprende de esta situación?, ¿Cómo tenemos que afirmarlo para los que atropellan? Los violentos sepan que la comunidad internacional está atenta y vigilante ante semejantes desmesuras.

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¿Acaso no seríamos cómplices si nos calláramos la boca?, en definitiva, ese es el sentido de la voz de la CIDH y de la OEA.

Cuando reclamamos, no lo hacemos únicamente por la institución a la que pertenecemos, sino por la gente que representa a nuestra organización, la gente de a pie, el ciudadano de un pueblo pequeño, el que vive en una comunidad diminuta, que quizás no conozca jamás que nosotros estamos acá o con la obligación de defenderlos, o el propio ciudadano que aspira a que el derecho internacional sirva como justicia para así blandirlo, para así reconstruir el camino democrático, único camino por el que debe transitar Nicaragua.

Nosotros vamos a insistir en esto, debemos hacerlo, digamos las cosas como son, por estas horas en Nicaragua todo se ha desbordado, lo venimos afirmando hace semanas y meses.

Cuando en un país hay violaciones de derechos humanos, uso de la violencia por parte del gobierno y grupos afines al gobierno, y muertes al por mayor, ya no se está ante hechos coyunturales, pasibles de ser interpretados de maneras diversas, cuando se produce este cóctel criminal estamos ante la caída del estado de derecho y se ingresó en un ataque contra el ser humano totalmente incompatible con la democracia.

En épocas como las actuales, en donde la agenda del derecho se empieza a reorientar hacia derechos que jamás debieron ser conculcados, los derechos humanos, el derecho a la vida, el derecho a subsistir en la sociedad que no ataque la propia existencia, es siempre el derecho central a tener presente.

Por algo la vida es el bien jurídico, tutelado con mayor precisión jurídica por el derecho, sin ello nada tiene sentido, absolutamente nada.

Cuando desde la OEA sostengo que no podemos quedarnos pasivos ante esos delitos, solo estamos cumpliendo con el deber que nos impone la organización, siendo fiel a los principios que le dieron sentido a su existencia.

Si no lo hiciéramos no estaríamos siendo fieles al mandato histórico y actual que debe regir a esta organización que nos toca representar.

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Hoy sucede exactamente algo terrible en Nicaragua, ya es demasiada la sangre derramada, llegó la hora de exigir, inquirir, reclamar, solicitar y demandar que se detenga el actual momento de violencia. Nada surge de eso, ni gloria, ni historia, solo dolor y más dolor.

Nicaragua debe reinstitucionalizarse, democratizarse, es imprescindible ese compromiso del Gobierno para hacerlo, para llamar a los nicaragüenses a un entendimiento.

La continuidad de las políticas represivas, obligará a recurrir al procedimiento del artículo 20 de la carta democrática interamericana, por eso también en este momento debemos representar a las víctimas en sus testimonios, su voz es la que debe ser escuchada, su voz es la que debe despertar a la justicia, su voz es la que nos debe llamar a la acción.