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Un año de cárcel solicitó este martes la Fiscalía de la ciudad de Rivas, en contra de una mujer de Managua, que minutos antes de la petición fue declarada culpable de un delito ambiental que le imputó tras ser detenida con 72 docenas y media de huevos de tortugas paslama.

La mujer identificada como Alejandra Soza, de 45 años, había sustraído los huevos de tortuga del refugio de Vida Silvestre La Flor, localizado en el municipio de San Juan del Sur, pero cuando pretendía ir a comercializarlos a Managua, fue detenida por la Policía Nacional en el kilómetro 105 de la carretera Panamericana Sur.

Según el expediente judicial, la mujer trasladaba los huevos en un bus de transporte colectivo en horas de la mañana del 5 de agosto, y tras ser detenida fue remitida a la Fiscalía y luego acusada en el Juzgado Local Penal de Rivas por el delito de pesca en época de veda.

La acusación, presentada por la fiscalía, fue admitida por el juez local penal Emilio Enrique Chang, y este desde un inició mantuvo la prisión preventiva en contra de Soza, quien alegó que su proceso judicial fue abandonado por la Defensoría Pública y que durante el juicio le nombraron un nuevo abogado.

En el juicio que concluyó este 23 de octubre, el juez declaró culpable a Soza, tras basarse en las declaraciones de tres policías que presentó la Fiscalía como parte de sus pruebas testificales.

“Al juicio no comparecieron testigos particulares que había ofrecido la Fiscalía ni se presentó pruebas científicas que demostraran que los huevos eran de tortugas paslama y que estaban en peligro de extinción, pero al final la declararon culpable”, relató el abogado defensor Marvin Mora.

Rompe en llanto

Añadió que tras dictarse la sentencia de culpabilidad, él solicitó al judicial aplicar una pena de dos meses y 15 días de cárcel para Soza, tras aducir que su defendida tiene tres atenuantes a su favor, que conllevan a una reducción de la pena.

Entre lágrimas la mujer relató que por necesidad decidió recolectar huevos en las costas de La Flor, “ya que no tengo ayuda económica de nadie y tengo que mantener a mi hijo Miguel Ángel Navarro, que padece de discapacidad intelectual”, explicó.

En el juicio Soza, tuvo la oportunidad de abrazarse con su hijo, quien al escuchar la sentencia condenatoria, tampoco pudo evitar contener sus lágrimas.