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Al comentar las últimas declaraciones de funcionarios del Gobierno estadounidense, Francisco Aguirre Sacasa afirma que los más de seis meses de insurrección cívica y de represión gubernamental en Nicaragua han calado en Estados Unidos, y “si no revertimos esta imagen rápidamente, podría reflejarse en una reducción aún mayor de nuestras exportaciones, y de empleos en las zonas francas”.

¿Qué impresión le causó el discurso del señor John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca?

Fue muy importante, tanto por el alto cargo que el señor Bolton ostenta y su proximidad al presidente Trump como por su contenido. El que Bolton haya incluido a Nicaragua en lo que él denomina la “troika de la tiranía” con Cuba y Venezuela, es pésimo al igual que los otros adjetivos que usó para describir a los tres países. En cuanto a Nicaragua concierne, Bolton maneja conocimientos tantos históricos como de nuestra actualidad.

Francisco Aguirre Sacasa, ex canciller de Nicaragua. Oscar Sánchez/END

Esto se demostró; por ejemplo, cuando se refirió a la represión del Gobierno contra sus ciudadanos y medios de comunicación y en su referencia explícita a los prisioneros políticos en la cárcel de El Chipote. Pero lo más importante es que confirmó la línea contundente y dura que la embajadora Dogu exteriorizó en Managua el lunes pasado. Después de las palabras del señor Bolton, nadie puede negar que lo que ella afirmó es la posición oficial de los Estados Unidos

¿Ve algo nuevo en lo que dijo Bolton sobre Nicaragua?

Ratificó que Estados Unidos le impondrá más presión, más sanciones, al Gobierno de Nicaragua y a sus allegados por su desmantelamiento de la democracia que heredó en 2007, al igual que por su corrupción y falta de estado de derecho. Y esta vez lo dijo ante una audiencia mucho más amplia que la nicaragüense. Afirmó, además, que esta presión adicional se sentiría en un futuro próximo. Esto es significativo.

Bolton se reunió hace poco con el presidente Putin, de Rusia, y se sabe que pronto habrá una cumbre entre los presidentes Trump y Putin en Estados Unidos. ¿Cree que el tema de Nicaragua surja en esa reunión?

No lo descarto. Pareciera que existe una buena química entre los dos presidentes y que están buscando un acercamiento entre sus dos naciones. Esto podría resultar en una negociación para facilitar ese acercamiento. Y en este juego de ajedrez geopolítico, podría figurar como peón Nicaragua. Hay un precedente para esto. A finales de los años 80, Washington y Moscú estrecharon sus relaciones y en ese proceso se negoció una apertura a la democratización de Nicaragua. Esto se dio a través de las elecciones, adelantadas, por cierto, de 1990, que doña Violeta (Chamorro) ganó.

¿Cómo ha interpretado usted del discurso de Laura Dogu de esta semana?

Fue de trascendental importancia y duro. La embajadora no se escudó detrás del lenguaje diplomático. Tan es así que en los 25 años que tengo de darle seguimiento cercano a las relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos, no recuerdo ningún otro discurso más completo, impactante o más brutalmente franco pronunciado por un alto funcionario estadounidense.

Algunas personas han restado importancia a ese discurso, porque la embajadora Dogu estaba de salida. ¿Qué piensa usted?

Varias personas me han hecho ese mismo comentario. Según ellos, lo que ella dijo el lunes lo debería de haber dicho recién llegada a Nicaragua. Yo no comparto esa valoración. En primer lugar, cuando ella llegó hace tres años la situación de Nicaragua no era tan grave como es ahora. Y no existía en Washington ni en el Poder Ejecutivo ni en el Congreso, el interés que hoy existe en nuestro país.

Tampoco existía en Norteamérica un consenso en cuanto a la necesidad de sancionar al Gobierno de Nicaragua y sus allegados por el retroceso de la democracia, la corrupción, el derramamiento de sangre y la violación de los derechos humanos. Para ponértelo crudamente, cuando ella llegó no había más de 500 muertos, miles de heridos, cientos de prisioneros de conciencia ni cerca de 30,000 refugiados políticos en países vecinos.

¿Compartirá el nuevo embajador los planteamientos de Dogu?

Estoy seguro que sí. El discurso refleja la apreciación que existe en “Foggy Bottom”, el apodo que en Washington se le da al Departamento de Estado, el Tesoro, la Casa Blanca y en ambas cámaras del Congreso.

Es más, en la comparecencia del próximo embajador Kevin Sullivan ante el Comité de Asuntos Extranjeros del Senado, sus comentarios de introducción como sus respuestas a preguntas de los senadores estaban totalmente en línea con los planteamientos de la embajadora Dogu.

Francisco Aguirre Sacasa, ex canciller de Nicaragua. Oscar Sánchez/END

El análisis que ella hizo en AmCham fue un resumen de cómo Estados Unidos nos está viendo y un derrotero de su futuro actuar. Su discurso es la posición oficial del Gobierno estadounidense y del Congreso. Y, por cierto, cuaja con la apreciación de las oenegés más influyentes norteamericanas, incluyendo las de izquierda que en los ochenta apoyaban el gobierno sandinista.

¿Qué elementos del discurso de Dogu considera más importantes?

Hay muchos. Por ejemplo, ella notó que una salida política negociada no prosperaría mientras el Gobierno no esté interesado en dialogar de buena fe. También anticipó que las sanciones para miembros del gobierno y de particulares que apoyan al gobierno se darán a conocer después de las elecciones de medio término estadounidenses, que son el próximo martes. Y añadió que las sanciones que ya existían, refiriéndose a los desvisados y los castigados por la ley Global Magnitsky, eran tan solo el comienzo de la presión bilateral norteamericana y no el final de medidas que Washington tomará. Esta fue una poderosa advertencia que debería de ser escuchada.

¿Significa que las sanciones no solo se limitarían a funcionarios?

Así es. Y en esto la embajadora está reflejando el proyecto de ley que llamo el Magnitsky Nica Act y que está en la tubería del Congreso. Este afirma que Washington no solo podrá castigar a miembros del Gobierno nicaragüense, sino a aquellos particulares que son corruptos o que han facilitado o autorizado la represión y abusos de derechos humanos que han sido el pan nuestro de todos los días desde mediados de abril. A como dijo la señora Dogu, estos individuos están “en la mira” de su gobierno.

¿Qué otros puntos del discurso considera memorables?   

Uno fue su admisión de que la Embajada norteamericana en Managua no podría recomendarle a empresarios norteamericanos invertir en Nicaragua, por la falta de transparencia, gobernabilidad y estado de derecho.

Más claro no canta un gallo. También afirmó que la Embajada continuaría advirtiéndole a ciudadanos estadounidenses no visitar Nicaragua por lo riesgosa que es nuestra situación. Esto tampoco es ningún secreto.

Pero ninguna de estas dos posturas públicas las manejaría un embajador en un país con que se mantienen relaciones correctas y cordiales. Por ejemplo, Lino Gutiérrez, mi contraparte cuando yo era el embajador de Nicaragua en Washington, apoyaba mis esfuerzos de estimular inversión y turismo estadounidense en Nicaragua.

Francisco Aguirre Sacasa, ex canciller de Nicaragua. Oscar Sánchez/END

Este cambio de postura refleja una importante nueva realidad: las relaciones entre el Gobierno de Nicaragua y el norteamericano ¡son malas! La embajadora también negó rotundamente que las cosas en Nicaragua se están normalizando. En esto contradijo a uno de los mantras constantes del Gobierno.

Finalmente, ella tocó la espantosa situación socioeconómica y hasta humanitaria que Nicaragua está atravesando, y afirmó que esta se empeoraría aún más si no se daba rápidamente una salida política incluyendo elecciones libres, transparentes, observadas y justas.

Añadió que las instituciones financieras internacionales como el BID, Banco Mundial y el Fondo Monetario no se prestarían para financiar las necesidades del país, por temor a que sus reales fuesen desviados a la represión y violencia. Por cierto, las cosas están aún más negras de lo que quizás ella se imagina. Por ejemplo, considero que será muy difícil que el Gobierno coloque los bonos del Estado nicaragüense, a como pretende. Como consecuencia, tanto el presupuesto de 2019 y el de 2018 están desfinanciados.

Se ha comentado que Dogu fue dura con el sector privado. ¿Usted lo ve así?

Al inicio de sus reflexiones, la embajadora citó la promoción de la prosperidad, la seguridad y la democracia como el trípode en que descansa la estrategia norteamericana para Nicaragua.

Añadió que con frecuencia sus interlocutores del sector privado privilegiaban la prosperidad y seguridad ciudadana y relegaban la democracia a un segundo plano. Esto, explicó ella, lo justificaban como una manera de no caer en la misma situación de los países del Triángulo Norte del istmo.

Ella también reconoció la evolución de las condiciones en Nicaragua al notar en sus reflexiones que desde abril el propio comandante Ortega les había declarado la guerra a los empresarios al tildarles de “terroristas económicos” que no tenían futuro en su Nicaragua. Y comentó que la idea de Daniel (Ortega) de sustituir a empresas estatales por las del sector privado traería consecuencias económicas desastrosas para Nicaragua.

Me parece, en otras palabras, que la embajadora reconoció explícitamente el papel que el empresariado está jugando ahora y que debería de jugar en la Nicaragua democrática, segura y próspera del futuro.

¿Hay algo que Dogu omitió en su análisis?

Me extrañó que no haya tocado el tema de la libertad de prensa y el papel de la Conferencia Episcopal en Nicaragua. Imagino que en su intento de cubrir una gama amplia de nuestra realidad en un solo discurso, dejó estos dos temas en el tintero.

¿Qué aspectos del discurso de Dogu merecen una reflexión mayor?

El primero, su advertencia del daño de reputación empresarial que corrían productores en Nicaragua por la deteriorada imagen del país. Mencionó que algunas firmas norteamericanas ya estaban teniendo problemas comercializando productos nicaragüenses, desde las exportaciones agrícolas hasta las de zonas francas, por el mero hecho de ser “made in Nicaragua”. Esto es peligrosísimo para nosotros.

Mirá, la verdad es que los más de seis meses de insurrección cívica y de represión gubernamental han calado en Estados Unidos. Ya no es un secreto que solo lo manejan el pequeño círculo de latinoamericanistas en Washington y personas que viven en Miami. Y si no revertimos esta imagen rápidamente, podría reflejarse en una reducción aún mayor de nuestras exportaciones, y de empleos en las zonas francas y hasta el campo.

En este sentido, Laura no está exagerando. También fue importantísimo su señalamiento de que Nicaragua tenía que enterrar el caudillismo que a través de la historia le había causado tanto daño a nuestra nación.

En efecto, nos estaba diciendo que tenemos que madurar políticamente. Comparto esta conclusión. Somos los culpables de la situación actual, y como ella dijo explícitamente, en el último análisis sólo nosotros, los nicaragüenses, podemos y debemos resolver nuestros propios problemas. Para eso tenemos que cambiar nuestro “disco duro” político, ¡Domar nuestro ADN!