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El día que murió a balazos Richard Eduardo Pavón Bermúdez, en Tipitapa, también mataron a Darwin Urbina y al policía Hilton Manzanares, en el sector de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), en Managua. Era el fatídico 19 de abril.

Tras siete meses del estallido de las protestas antigubernamentales, el caso del oficial Hilton Manzanares está cerrado y hay una persona condenada a 90 años de prisión.

Por la muerte de Urbina no se conoce ninguna investigación y el caso de Pavón Bermúdez “está engavetado”, afirma su padre, Carlos Pavón.

A Richard Pavón lo asesinaron el 19 de abril frente a la alcaldía de Tipitapa, cuando protestaba contra las reformas al seguro social.

Carlos Alberto Pavón, padre de Richard, sostiene que a su hijo lo mataron hombres armados que estaban en los alrededores de la alcaldía de Tipitapa.

“En el caso de mi hijo, dijeron que él era un militante sandinista y que los ‘vándalos de la derecha’ lo habían asesinado. Hubo un tiempo que mi hijo anduvo con la Juventud Sandinista, pero nosotros lo regañábamos porque dejó cuarto año por andar metido en esas cosas y él se había apartado de eso hace mucho tiempo”, relata Carlos Alberto Pavón.

Aquel 19 de abril hubo protestas en varios puntos de Nicaragua desde la mañana hasta la noche.

Estaba molesto

Richard Pavón Bermúdez, de 17 años, cayó en una balacera. Al verlo herido, uno de sus compañeros logró arrastrarlo en el trayecto de unos 10 metros y después, entre varios jóvenes, lograron sacarlo de aquella batalla campal.

Carlos Pavón asehura que nada podrá llenar al ausencia de su hijo Ruchard. Nayira Valenzuela/ END

El joven aún estaba con vida, podía hablar y pidió agua. A como pudieron, un grupo de personas lo llevó hasta donde unos bomberos, en misma zona.

“Yo miré un video en el que decían ‘está vivo, está vivo, aún respira’, pero nunca lo levantaron ni lo sacaron, nunca miré que le dieron primeros auxilios”, critica Carlos Pavón.

El pasado 29 de octubre, Richard hubiese cumplido 18 años. Estaba en quinto de Secundaria, le gustaba estudiar inglés, jugar baloncesto y tocar en la banda rítmica de su colegio, el Gaspar García Laviana.

Los padres aseguran que no sabían que Richard participaba en las protestas aquel día.

“Cuando yo vine del trabajo, le pregunté a su mamá dónde andaba (Richard) y me dijo que posiblemente estuviera practicando con la banda rítmica, entonces yo me quedé tranquilo”, recuerda Carlos.

La tranquilidad duró poco. Esa noche unos amigos le comentaron a Carlos que su hijo se había ido a protestar porque estaba molesto por la agresión que sufrieron jóvenes y ancianos en Camino de Oriente, el 18 de abril.

“Ese día él fue a clases, parece que por la bulla salieron temprano. Vino a la casa y después salió; allí fue cuando se metió en la protesta que tenían los muchachos, pero luego él se vino a cambiar porque andaba con uniforme (escolar)”, detalla Carlos Pavón.

El adolescente se dirigió a un comedor donde trabajaba por las mañanas y las noches.

“Él fue, y la señora le dijo que iba a cerrar temprano por el problema que había (la protesta), él todavía guardó las sillas y le dijo a la señora ‘mire, yo voy a ir a ver allá a la alcaldía’ y desgraciadamente él se fue”, lamenta su padre.

La noticia

Carlos Pavón, con 39 años, moreno, alto, de ojos café oscuro y la mirada apagada, tiene presente el momento cuando le dijeron que su hijo había muerto.

“Tenía como 10 minutos de haber cenado cuando vino un grupo de muchachos. Mi esposa no salió porque se sentía indispuesta, entonces yo me levanté y les dije qué querían. ‘¿Usted es el papá de Richard?’, me preguntaron. ‘Es que lo balearon’. ‘¿Cómo?, ¿Adónde?’”, relata.

En un primer momento, Carlos Pavón tenía la esperanza de que la herida no fuese grave, pero de inmediato los jóvenes le dieron una noticia que nadie quiere escuchar: “El disparo fue en el corazón”.

“Yo corro y le digo a mi esposa, ‘Mari, levantate, dicen que balearon a Richard’. Ella me dice: ‘¿Adónde?, ¿Cómo?’, ‘No sé, corré, dicen que está en el hospital’”, rememora.

A eso de las 7:30 p.m., Carlos Pavón y su esposa, Maricruz Bermúdez, tomaron un taxi para ir al hospital Yolanda Mayorga, de Tipitapa. Sabían que su hijo tenía un balazo en el pecho, pero esperaban que sobreviviera.

En el hospital un trabajador acabó con esa esperanza: “Lo siento, su hijo vino fallecido”.

Nueve disparos

“Yo le dije que eso no podía ser, que a mi hijo lo habían llevado con vida. Entonces me dijo que si lo quería ver y yo le dije ‘claro que lo quiero ver, es mi hijo’”.

El cuerpo de Richard estaba tendido sobre una camilla, en un pasillo del hospital. Al verlo, Carlos Pavón se lanzó sobre él, lo abrazó y lo besó. Revisó cada una de las partes de su cuerpo. Contó nueve balazos: uno en el pecho, otro en la mano, uno le había entrado por la boca y le salió por la mejía derecha, tenía otro en el hombro derecho y cinco en la espalda.

“A mi hijo lo acribillaron”, afirma Carlos Pavón.

“No entiendo por qué tanta saña, no pueden decir que fue un accidente, que a alguien se le salió una bala o es una bala perdida, porque no fue un balazo, fueron varios. A veces, pienso que las personas que lo conocían le tomaron odio o represalia al mirar que él estaba del otro bando”, comenta.

Cuando la policía llegó al hospital de Tipitapa a tomar la denuncia por la muerte de Richard Pavón y levantaban las declaraciones, una tía del joven dijo: “¿Cómo es posible que hayan matado al chavalo, si fue de la Juventud Sandinista?”.

El papá lo recuerda así: “A los cuarenta minutos que ella dijo esas palabras, llegó Sonia Castro (ministra de Salud), la ministra de la Familia; también llegó la directora del hospital y me dijeron ‘mire, no se preocupe por los gastos funerales, nosotros le vamos ayudar’. Entonces, yo les dije: ‘Si ustedes me quieren ayudar, está bien, porque a mi hijo ya no lo puedo revivir’. Pero, les digo, ‘quien haya matado a mi hijo, sea un policía, sea un CPF o quien sea, yo quiero que se haga justicia’”.

Siguen esperando

Según Carlos Pavón, hay personas que podrían identificar a sospechosos del crimen, pero no lo hacen por temor. “Yo pregunto, que me digan (qué pasó), a quienes estuvieron cerca de él, pero solo me dicen que se corrieron, que lo único que saben es que los balazos venían de la alcaldía”, lamenta.

Carlos Pavón relata que su esposa muchas veces se levanta por las noches a llorar. “Ella observa sus fotos y se siente mal, pero tenemos que mirar por nuestras hijas, seguir adelante. Ella dice que dejemos las cosas en las manos de Dios, porque justicia terrenal tal vez no vamos a tener, pero de la justicia divina nadie se va a capear. Yo seguiré luchando para que la muerte de mi hijo no quede impune”, enfatiza el papá.

Carlos Pavón se despierta cada mañana recordando a su hijo Richard. Nayira Valenzuela/ END

El día que se cumplieron seis meses de la muerte de este adolescente, una de sus dos hermanas llegó al colegio con una camiseta que en la espalda tenía una fotografía del joven, y la subdirectora del centro le dijo que por culpa de Richard les habían quitado muchas actividades.