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El obispo Pablo Schmitz cree que el pecado capital de los nicaragüenses es que “no se sabe lo que está pensando el otro”. Nació en Wisconsin, EE. UU., y fue ordenado sacerdote de la Orden Franciscana de los Capuchinos el 3 de septiembre de 1970.

Cuando vino a Nicaragua en 1972, pensó que sería solo por un par de años, era un joven de apenas 27 años, y llegaba por un cargo como diácono. El próximo 4 de diciembre, Schmitz cumplirá 75 años, la edad límite establecida para el ejercicio del ministerio episcopal.

Todavía no sabe si le aceptarán su retiro después de 48 años dedicados a la vida sacerdotal y 34 como obispo.

Monseñor Schmitz cumple 75 años el próximo 4 de diciembre, la edad límite establecida para el ejercicio del ministerio episcopal, pero todavía no sabe si le aceptarán su retiro.

En Nicaragua ha vivido la mayor parte de su tiempo, en Bluefields, una ciudad donde sus habitantes han aprendido a ser tolerantes, asegura.

El 22 de junio de 1984 fue nombrado Obispo Auxiliar del Vicariato Apostólico de Bluefields. En 2017, cuando el Vicariato Apostólico fue elevado a Diócesis por el papa Francisco, asume el liderazgo como obispo.

Como si fuera ayer, recuerda cada uno de los momentos que ha vivido junto a los nicaragüenses. En el terremoto que sacudió Managua en 1972 lo sacaron de los escombros, vio con tristeza los efectos de la guerra de los años ochenta y fue testigo del huracán Juana que devastó Bluefields en 1988.

Sobre la actual crisis sociopolítica de Nicaragua, Schmitz cree fielmente que el diálogo es la única salida para salir adelante.

¿Bajo qué circunstancias llegó al país?

Vine a Nicaragua en 1970 como diácono, estaba en realidad trabajando como antropólogo, estaba sacando mi maestría en Antropología en la Universidad de Montana para trabajar con los indígenas. Regresé a EE. UU., terminé Teología en Washington DC en 1971; entonces, cuando salieron los nombramientos, el superior me dijo “Nicaragua”, aunque todo estaba preparado para trabajar con los indígenas en EE. UU.

Me dijeron: solo 2 años. Entonces, estuve reflexionando durante la noche, me gustaría decir también rezando, entonces pensaba que no sería tan malo, porque en dos años uno puede aprender otro idioma. El 1 de enero de 1972 llegué a Nicaragua, fui a Bluefields y pasé seis meses en Bocana de Paiwas (Caribe Sur). Después vine a vivir con el padre Antonio Castro, en el barrio Larreynaga (en Managua), esto fue como en junio del año 1972, y aquí pasé el terremoto de diciembre, cuando dos paredes me cayeron encima. Me sacaron de los escombros.

Después fui enviado a Muelle de los Bueyes como dos años, luego a Kukra Hill, y después a formar la Pastoral Afrocaribeña. En noviembre de 1978 fui erigido superior de los Capuchinos; sabía que el Frente Sandinista iba a ganar y muchos de estos fueron preparados en Cuba, y pensamos que la Revolución iba a ser como en Cuba, entonces buscaban una persona joven para acompañar el proceso. Tenía 34 años cuando fui erigido como Superior Mayor, en la Costa habían como 36 capuchinos, y ocho que estaban trabajando en las Segovias.

En 1984 fui nombrado Obispo Auxiliar de monseñor Salvador Schlaefer. Luego, vino el huracán Juana en 1988, la Iglesia en ese entonces participaba fuertemente ordenando las cosas con el Gobierno nacional, y logramos construir más de 1,585 viviendas. Lo bonito en todo esto es que también exigía a la municipalidad dar títulos a la gente de su comunidad. En 1990 hubo un atentado entre Siuna y Rosita, en el cual murieron dos hermanas. Era 1 de enero de 1990, un día de cese al fuego para prepararnos a las elecciones. Pensaban que era una camioneta del Ejército (el vehículo en el que viajaban) y una monja que estaba manejando murió instantáneamente, y la monja detrás de mí, en una balacera murió, una misquita joven.

Nicaragua, en los últimos siete meses lleva muchas muertes. ¿Qué opina al respecto?

Es muy diferente en la Costa (Caribe), digo esto, porque en aquel lado hemos logrado diálogo con el Gobierno para evitar muertos, y aún para sacar presos. Tuvimos la muerte del periodista de Bluefields (Ángel Gahona), pero después estuvo más tranquilo. Habían manifestaciones por la mañana del Gobierno y por la tarde eran los Azul y Blanco, para que los dos no marcharan a la vez; por los dos lados han sido muy sensatos para evitar violencia. Es muy difícil para mí hacer comentarios, porque la realidad es muy diferente; sin embargo, es triste que haya muertos, es triste que haya gente que está encarcelada y supuestamente torturada.

El diálogo es sumamente importante, diálogo con un grupo imparcial, neutral, independientemente de sus propios sentimientos. Los que son mediadores tienen que ser neutrales, aunque sientan pensamientos diferentes, y quizás un diálogo donde haya menos gente, donde verdaderamente se busque una solución a esta crisis que estamos viviendo, y estar abiertos a diferentes posibilidades sobr
e la mesa, y no excluir nada en este momento, creo yo. Buscando un diálogo es como se puede resolver para el bien común de todos los nicaragüenses, que es algo bien importante.

¿Hace suyas las palabras del cardenal Brenes, sobre estar del lado del pueblo?

Yo estoy muy de acuerdo con el cardenal, siempre es el diálogo, buscando los diferentes medios, siempre se tiene que promover, no solamente la parte negativa, sino también la parte positiva.

 Pablo Schmitz , Obispo Católico/END

¿Sigue siendo la iglesia católica la más idónea para dirigir un diálogo?

No sé si debe ser la Iglesia; quizás testigo del diálogo, pero no sé si debe ser mediadora.

¿Qué le gustó de Nicaragua para decir: yo me quedo?

No pensaba quedarme tanto tiempo, tengo que dejarlo en las manos del Señor para averiguar lo que pasa.

¿Qué ha cambiado desde que llegó a Nicaragua?

Muy poco se habla de la carretera a Bluefields. Yo iba montado de Río Blanco a Mulukukú cuando llegué aquí en 1972, me tomaba ocho horas y ahora uno lo hace en 40 minutos. Ahora uno puede llegar a Managua si tiene un enfermo.

Con el huracán Otto no habían pangas, entonces agarré mi jeep, llegué de Nueva Guinea hasta Bluefields. Hay cosas positivas que deben darse cuenta, sin negar la parte negativa. En la Costa (Caribe) hay hospitales, Sistema Penitenciario, es un lugar mucho más humano. Hay lugares donde pueden aprender una tarea tanto hombres como mujeres, pero también creo que en la Costa hemos logrado vivir con diferentes etnias, idiomas, regiones.

Habían momentos que los moravos y los católicos estaban peleando, unos con otros, sobre todo cuando llegaron los católicos, porque los moravos habían llegado 60 años antes; entonces, ellos sentían una amenaza con la llegada de la Iglesia católica, pero logramos entendernos, celebramos la Semana de la Biblia juntos. No hay otro lugar, quizás, en toda América Central donde se realicen estas cosas, hemos logrado la tolerancia a pesar de nuestras diferencias, es sumamente importante; por eso, yo digo que el diálogo es posible, y puede tenerlo para una salida.

¿Se marchará del país si le aceptan su retiro?

En primer lugar, no sé si me conviene quedarme porque el obispo que tome el lugar en Bluefields debe tener la libertad de ser libre para llevar las cosas, y no pensar lo que está pensando monseñor Pablo. Tiene derecho a equivocarse como yo me equivoqué en este proceso de 34 años como obispo. También es un momento para no ser el que maneja desde atrás; como dije una vez, uno puede tener derecho de manejar la Diócesis de Bluefields como piense mejor. Ir a los EE. UU., me dijo un excompañero de clases, para trabajar con los chicanos y los de habla español porque más de la mitad de los católicos en EE. UU. son hispanos por el lado de Tucson (Arizona).

¿Si decide marcharse, se iría dejando su corazón aquí en Nicaragua?

Me gustaría decir que sí. Donde me necesiten estoy dispuesto a ir; si es mejor estar en EE. UU., estoy dispuesto a ir allá, pues, por supuesto, tengo tantas amistades y de vez en cuando venir, pasar quizás los inviernos acá y después ir a Wisconsin, que es donde nací. Yo estoy abierto.

¿Cuál es el legado de monseñor Schmitz en Nicaragua?

Yo creo, quizás reconociendo la importancia de los laicos, y los laicos tomando su lugar; por ejemplo, durante el huracán Juana no había ningún sacerdote, todos eran laicos. Tenemos que dejar de ser politiqueros y ponernos al servicio de los demás, de todos, y evitar el güegüense, que creo es el pecado capital entre los nicaragüenses; uno no se sabe lo que está pensando el otro. Bluefields es parte de Nicaragua pero tiene una historia muy diferente, y puedes caminar de noche en Bluefields, hay drogas, pero no se siente que es tan peligroso como acá (Managua). Donde uno cierra las puertas la violencia existe, pero (Bluefields) no es como acá.