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En septiembre de este año la vida de Jimmy López Gaitán cambió. Pasó de tener un empleo formal a ser vendedor ambulante de palomitas de maíz y algodón de azúcar. A él lo despidieron de la empresa donde laboraba como electricista, con un salario de C$ 8,000 al mes.

Con la liquidación que recibió no ajustó para pagar todas sus deudas y cubrir los gastos del hogar, por lo que el insomnio comenzó a ser su principal acompañante.

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Antes del despido “me sentía realizado porque trabajaba en el curso que estudié. Tenía mi pago fijo y estaba asegurado en el INSS. Me falta mucho para jubilarme, por eso busco empleo estable para cobrar mi pensión”, relató López.

Ahora, no tiene un salario fijo ni cotiza al INSS, pero tampoco se echó a llorar. De martes a domingo este hombre sale de su casa, en el barrio 18 de mayo de Managua, a vender palomitas de maíz en la zona occidental de la capital, trabaja más de 10 horas por día y cuando vende todo, obtiene una ganancia de hasta C$300 por día.

López es una de las 417 mil personas que perdieron el empleo desde abril, según cifras de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico Social (Funides). El gobierno calcula que son 142 mil quienes perdieron su trabajo formal tras el estallido de la crisis.

Gisella Castillo, una joven profesional de 29 años, recibió en junio su carta de despido por “reestructuración de personal”. Decidió invertir parte de su liquidación en la comercialización de pollo, que distribuye en Linda Vista, San Sebastián, Acahualinca y en cinco comiderías en los barrios orientales de Managua.

Iniciativas

Antes de abril, Verónica Arana cuidaba un huerto en el patio de su casa, sin pensar que con estos cultivos se ganaría la vida. Ella trabajaba en un restaurante en Managua y en septiembre la despidieron, porque las reservas y la clientela disminuyeron por la crisis sociopolítica del país.

Ahora elabora aderezos caseros y se integró a la Red de Empresarias de Nicaragua (REN) para sacar adelante su negocio y vender por consignación café, accesorios de orfebrería y ajo orgánico.

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También cuida a hijos de sus amigas, por una remuneración económica o pago en productos.

Gisella Castillo, una joven profesional de 29 años, recibió en junio su carta de despido por “reestructuración de personal”. Decidió invertir parte de su liquidación en la comercialización de pollo, que distribuye en Linda Vista, San Sebastián, Acahualinca y en cinco comiderías en los barrios orientales de Managua.

“Al quedarme sin empleo, empecé a analizar en qué podía invertir C$8,000 que tenía. Pensé que con esta crisis la gente prioriza la alimentación; entonces, decidí poner un puesto de pollo”, relató.

Vuelve al arte

En agosto Ernesto Zúñiga dejó de ejercer como economista para valerse como cantante, un arte que había relegado desde el año 2014.

Trabajaba como gestor de fondos en una oenegé, y al quedar desempleado pensó en emigrar, trabajar en un call center o esperar hasta enero y sobrevivir de las remesas que le envía su mamá.

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“Aunque la música no me genere muchos ingresos “al menos no me echo a morir”, afirmó.

Elisa María Zelaya tiene 25 años y vive en Managua. En mayo de 2018 la despidieron de un medio de comunicación, donde laboró seis años como camarógrafa.

Obed Mairena tuvo que despedir a la mitad de los trabajadores de su taller automotor, Repuestos Mairena. “Junio fue el mes más difícil porque trabajamos con menos del 20% de nuestra capacidad. La calle estaba cerrada y ese mes trabajamos unos cuantos días, por eso tuve que despedir a dos mecánicos y un chofer”, explicó.

Este pequeño empresario calcula que de abril a noviembre sufrió pérdidas entre US$15 mil y US$20 mil, lo que equivale a un 8% menos de lo que tenía proyectado para este 2018.

También tuvo que reestructurar sus créditos porque no tenía cómo pagar las deudas; priorizó gastos, disminuyó el consumo y canceló la adquisición de electrodomésticos que tenía que comprar. Su negocio sigue funcionando.

Elisa María Zelaya tiene 30 años y vive en Managua. En mayo de 2018 renunció a un medio de comunicación, donde laboró seis años como camarógrafa.

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Luego decidió enfrentar su situación económica invirtiendo en la venta de nacatamales en tres barrios del distrito II de Managua. Emplea a cuatro personas y trabaja los días viernes, sábado y domingo.

Verónica Arana elabora aderezos caseros desde que perdió su trabajo formal.

Tony Keyner Dávila perdió el empleo en un hotel importante de Managua, y ahora ofrece sus servicios en soldadura, reparación y mantenimiento de aires acondicionados, enderezado y pintura automotriz.

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Ganaba un salario de 10 mil córdobas y ahora “con el dinero que consigo con mis ‘rumbos’ únicamente puedo pagar mi comida; mi mamá está pagando los gastos del hogar con lo que obtiene de la pulpería”, dijo.