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Existe una cruda realidad que viven las mujeres trabajadoras de las maquilas en el país que cumplen con extensas jornadas laborales, y que con el tiempo tienden a desarrollar trastornos músculo esquelético, entre otras enfermedades.

Esto forma parte de un diagnóstico que ha sido divulgado este sábado por el Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra.

El informe denominado “Prevalencia de los Trastornos Músculo Esqueléticos en la Población Trabajadora de la Maquila”, evidencia que después de varios años de trabajo las mujeres desarrollaron molestias en diversas partes de su cuerpo.

Para hacer el diagnóstico se entrevistaron a 1,016 mujeres de todas las edades en las zonas francas de Ciudad Sandino, Tipitapa y Managua, comentó Mario Argüello, consultor del Movimiento de Mujeres.

La investigación concluyó que las áreas donde se concentran más los dolores son: el cuello, la muñeca, los hombros, el codo, la columna vertebral, las rodillas, los tobillos y los antebrazos.

“Esto mina la fuerza física de las mujeres para realizar el trabajo, esa intensidad del trabajo está provocando estas situaciones. En 300 de ellas pudimos comprobar cuáles son las áreas de su cuerpo que están afectadas y el tiempo de las dolencias, así como los tipos de tratamientos que reciben cuando van a consulta”, refirió Argüello.

Limitada atención médica

El diagnostico, también arrojó que las mujeres afectadas por este tipo de dolencias reciben una precaria atención médica.

Según la investigación, las trabajadoras de las maquilas empiezan a desarrollar estas dolencias en los primeros cinco años de su trabajo, y generalmente son mujeres que tienen entre 18 y 25 años, cuando de forma silenciosa empiezan a desarrollar estas molestias.

“Las dolencias son atendidas como enfermedades comunes, y no como enfermedades de riesgo laboral, y esto hace que el deterioro sea progresivo en la medida que tardan en llegar a un diagnóstico, porque tardan en pasarlas con un especialista”, enfatizó el consultor.

El drama en común

Reyna Isabel Morán, de 47 años, ha pasado la mitad de su vida laborando en una empresa de zona franca. Después de entregar veinte años de su vida en empresas maquiladoras, enfrenta molestias en la columna vertebral.

“A mis 47 años no es para que yo tenga esa enfermedad, ha sido un proceso largo de consulta en consulta para que me pudieran diagnosticar. Aparte de las ocho horas laborales normales, siempre se nos pedía que nos quedáramos cuatro horas más, y con la misma meta de trabajo”, comenta Morán, habitante de Tipitapa.

La historia de Martha Lorena Obando, de 47 años, es muy similar. Pasó 25 años de su vida trabajando en una zona franca, y tiene problemas en los hombros, las muñecas y las rodillas. El pasado ocho de noviembre la despidieron de su trabajo por los constantes permisos que solicitaba para ir al médico.

“A uno joven no le da ese dolor, en los primeros ocho años empecé a sentir dolores en los hombros, y ahora no tengo fuerza ni para ponerme la blusa, tengo que pedir ayuda a mi hija porque no puedo levantar los brazos”, señaló Obando, quien no puede evitar llorar al darse cuenta en la condición que se encuentra.

Por su parte, Mercedes Soza, de 43 años, no escapa de esta triste realidad. Ella es habitante de la Villa Miguel Gutiérrez, y debido a sus dolencias dejó de trabajar en este tipo de empresas. Ahora se dedica a vender ropa usada en su casa.

“Tengo desgaste en la columna, y una fisura en la pelvis, eso hace que yo no pueda movilizarme para trabajar, tengo inflamadas mis manos, y me diagnosticaron artritis reumatoidea. Yo trabajaba doce horas, de siete a siete, y cuando no cumplíamos nos obligaban a quedarnos más tiempo”, manifestó Soza.

Lo que exigen

El Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra, además de brindar apoyo legal a estas trabajadoras, solicita a las empresas un trato apegado a las leyes laborales del país, explicó el consultor de este diagnóstico.

Las trabajadoras de las maquilas tienen derecho a recibir de manera inmediata atención médica para identificar de forma ágil sus “dolencias” que acaban con su vida laboral a muy temprana edad, aseguró Argüello.

“Ellas demandan mejoras en las condiciones de salud, mejora en las condiciones del trato, mejoras en el tipo de medicamento que les dan, y por eso, es que sus malestares no deben ser tratados como enfermedad común cuando ellas experimentan mucho dolor”, concluyó el especialista consultor.