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El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se refirió este lunes por primera vez a las sanciones impuestas por EE. UU. la semana pasada a altos funcionarios de su Gobierno y criticó nuevamente el papel de la Iglesia católica en el diálogo nacional, en un acto de la progubernamental Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN).

En su discurso, el mandatario incriminó a la Iglesia Católica, afirmando que “dejaron de ser mediadores y pasaron a ser parte activa” de lo que él llama “las fuerzas golpistas”.

Los jerarcas de la Iglesia sirvieron como testigos y mediadores en el diálogo que se suspendió en julio pasado ante la falta de acuerdos.

“Ya sé claramente, quiénes estaban detrás de los tranques, alentando tranques, es decir, alentando crímenes, que por principio, como cristianos, como pastores debían rechazar totalmente, cualquier crimen (…) No tienen nada de cristianos y actúan con una mentalidad terrorista, criminal; se sumaron alegremente al golpe terrorista y criminal”, dijo Ortega.

Desde abril pasado, cuando estallaron las protestas contra el gobierno, a criterio de Ortega hubo un intento de “derrocar al pueblo, que es el Gobierno, y que es el presidente de este país”.

Sin embargo, la Conferencia Episcopal, el sector privado y la sociedad civil mantienen la postura de reanudar el diálogo nacional, para darle una salida cívica a la crisis sociopolítica.

El mandatario nicaragüense señaló que desde 2007, cuando él ganó las elecciones presidenciales, después de 16 años fuera del poder, “los vendepatria”, como llama a la oposición, han venido “conspirando” hasta que “comenzaron a pedir sanciones en contra de Nicaragua”.

“Se empezaron a aplicar sanciones, pero nosotros dijimos, hay que continuar, porque tenemos la inteligencia, tenemos la fortaleza, tenemos el capital humano para poder continuar más allá de las sanciones”, dijo Ortega durante el acto de clausura del XVI Congreso Nacional de la UNEN. 

Señala a su hermano

Ortega recordó que tras su derrota en 1990, cuando asumió la presidencia Violeta Barrios de Chamorro, él tuvo que esperar más de una década para volver a gobernar Nicaragua.

“Nunca se nos ocurrió a nosotros decir, que se vayan. Que termine su período y nos vemos en las elecciones, esa era nuestra posición”, enfatizó el gobernante. 

Según Ortega, cuando se vivió la época de las privatizaciones de los servicios públicos, “para nosotros hubiera sido fácil derrocar al gobierno de la señora Chamorro, al gobierno del doctor Alemán, o al gobierno de Enrique Bolaños, era fácil, pero no se me ocurría (…) No se nos ocurría a nosotros derrocar al Gobierno”.

Añadió que durante las protestas que sus seguidores realizaron contra la privatización de los servicios y los despidos que eso trajo, los que entonces gobernaban “no titubearon” en lanzar a las calles al Ejército de Nicaragua contra los manifestantes.

El jefe del Ejército era su hermano, el general Humberto Ortega. 

“Y quién era el jefe del Ejército” entonces, se preguntó Daniel Ortega este lunes, respondiendo que su hermano, quien, a su criterio, decidió pasarse al lado de quienes habían ganado las elecciones para convertirse en “un peón de la oligarquía y del imperio, un servidor de la oligarquía y del imperio”.