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Hace dos meses, Itzayana Massiel Reyes Lam, de ocho años, llevaba una vida como cualquier otra niña de su edad, hasta que le diagnosticaron diabetes mellitus tipo 1.

Para su familia, originaria de Corinto, el mundo “se vino encima”.

El pasado 23 de agosto, los médicos confirmaron a su madre, Lucy Lam Largaespada, que la niña padece de esta enfermedad crónica, y desde entonces ambas han tenido que modificar su estilo de vida.

“Fue una noticia dura para mí, para mi familia, igual para mi hija, porque esta enfermedad apareció tan temprano. Sentí que me iba a un abismo”, asegura Lam Largaespada.

Una semana antes de conocer el diagnóstico, su madre notó ciertos signos en la niña que la alarmaron y le obligaron a buscar un médico. La niña perdió su peso corporal rápidamente; por las noches se mantenía con mucha sed, y se “levantaba a orinar cada cinco minutos”.

“Ella era una niña hermosa. Una noche, mientras yo trabajaba mi mamá me dijo que estaba peor, la vista se le nubló, se le bajó la presión, se me descompensó, y perdió peso; en una semana se puso como una niña anoréxica, y me preocupé demasiado”, recuerda Lam Largaespada.

Cuando llegó al hospital, la pequeña Itzayana tenía en 400 los niveles de glucosa en sangre, cuando lo máximo debería ser 120. A pesar del chequeo, los médicos no lograron estabilizarla. En su desesperación como madre, buscó información en internet, y decidió venir a Managua donde otro doctor.

El drama es cada mañana, cuando se debe hacer la prueba con el glucómetro a la pequeña, y posteriormente inyectarle la insulina en el transcurso del día.

La diabetes requiere disciplina para sobrevivirla. Archivo/END

Lam Largaespada se convirtió en la enfermera de cabecera de su hija y hasta tuvo que solicitar en su trabajo que la asignen únicamente jornadas nocturnas para asistir a Itzayana durante el día.

“Ella ha ido poco a poco asimilando esta enfermedad, está más estable que antes, pero para ella a veces es muy difícil estarse inyectando todos los días y tomar las pruebas de glucosa, hay momentos que tiene sus recaídas y se pone depresiva, pero vamos saliendo adelante con esta enfermedad”, señala Lam Largaespada.

En la familia, los abuelos paternos de Itzayana también padecen diabetes. Lam Largaespada asegura que ahora invierte su tiempo en buscar información sobre el tema.

En este corto tiempo han aprendido a controlar la enfermedad siguiendo las indicaciones del médico. Itzayana mantiene entre 90 y 120 los niveles de glucosa en sangre.

Cada mañana los pacientes de diabetes deben revisar su estado. Archivo/END

Causa de muerte número uno

La diabetes es una enfermedad silenciosa que está matando en el mundo y es la primera causa de defunción en el país, según se desprende de un informe del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, (INSS).

Esta enfermedad es una causa de defunción muy frecuente en Nicaragua, a la que las autoridades sanitarias no le están prestando la atención que se merece, considera el médico pediatra endocrinólogo, Enrique Medina Sandino.

“La diabetes ha tenido un repunte sin precedentes en nuestro país (…) Esto que va creciendo es terrible desde el punto de vista de salud y debería de llamar la atención de las autoridades para decir, bueno, aquí se está muriendo la gente, de una manera alarmante”, insiste el especialista.

Entre 2013 y 2017 esta enfermedad constituyó la primera causa de mortalidad entre la población que acudió a las Instituciones Proveedoras de Servicios de Salud, (IPSS).

El médico pediatra endocrinólogo, Enrique Medina Sandino. Archivo/END

Las estadísticas refieren que en 2013 fallecieron 85 personas, mientras que en 2017 fueron 176 los que sucumbieron ante esta enfermedad.

El riesgo de ser diagnosticado con este tipo de diabetes es mayor si se trata de un adulto mayor, si la persona tiene obesidad, no hace ejercicio o hay una historia familiar de diabetes como en el caso de “doña Blanquita”, como la conocen sus vecinos allá en la Colonia Tenderí.

Septuagenarios con diabetes

Blanca Rosa Maradiaga Gómez tiene 73 años. Proviene de una familia donde “casi todos” fueron diagnosticados con diabetes.

“Mi madre murió de diabetes, mis hermanos, mis sobrinas que ahora tienen 40 años, también fueron diagnosticadas con esta enfermedad”, dice Maradiaga Gómez, quien fue diagnosticada con diabetes tipo 2, hace 22 años.

La vida para doña Blanquita cambió radicalmente allá por el año 1996.

Antes de ser diagnosticada, poco a poco fue perdiendo peso, a tal punto de ponerse muy “demacrada”, recuerda esta mujer que se describe como una persona activa y acostumbrada a sonreírle a la vida.

Su hija, siguiendo el consejo de una de sus primas que observaba la extrema delgadez de doña Blanquita, la llevó a realizarse un chequeo médico. Era una delgadez fuera de lo común.

La diabetes provocó casi 200 muertes el año pasado entre los asegurados en Nicaragua. Archivo/END

“Mi cara estaba demacrada, pero mi hija no me decía nada, sino que fue mi sobrina que le dijo a ella”, señaló.

En aquél entonces -lo recuerda claramente- acudió al médico consciente de que podría enfrentarse al mismo diagnostico que le arrebató la vida a su progenitora.

“Me fui adelgazando poco a poco, y con más miedo que otra cosa fui al médico, pero yo ya estaba preparada y resulta que tenía los niveles de glucosa arriba de 400 (miligramos de glucosa en sangre)”, recuerda Maradiaga Gómez.

Un nivel de glucosa en sangre menor que 140 se considera normal. Entre 140 y 199 miligramos de glucosa en sangre se considera prediabetes, y más allá de ese parámetro advierte de una diabetes, explicó el doctor Medina Sandino.

¿Cómo llegó a la insulina?

El médico que la atendía en aquel entonces no logró controlarle el nivel alto de glucosa en sangre, a pesar de todo el esfuerzo que hizo como especialista y amigo de la familia. Para ese entonces, sus chequeos con el glucómetro eran diarios y muy frecuentes.

“No me bajaba de viaje (el nivel de glucosa en sangre), y mi hija me decía que yo manejaba al médico, y no él a mí, porque cuando él (el doctor) me decía de la insulina, yo le prometía que me iba a cuidar, pero no era así”, dice entre risas doña Blanquita.

La diabetes provoca otros riesgos a la salud. Archivo/END

Al llegar al consultorio del doctor Medina Sandino, este “sin contemplaciones”, le dijo que debía suministrarse diariamente una dosis de insulina para controlar los niveles de glucosa en sangre, después de evaluarla una semana y le ordenó comprar un aparato, tipo lapicero, que hace su aplicación más fácil.

“Eso es lo que le da miedo a uno, porque yo miraba a mi mamá y a mis hermanas cómo se inyectaban la insulina, yo no quería porque esas agujas son muy grande”, dice doña Blanquita, quien aprendió a ser disciplinada y eso le he permitido convivir más años con la enfermedad.

Las correctas dosis de insulina, sumado a una dieta balanceada, y el ejercicio constante que realiza, son parte el complemento perfecto para convivir muchos años con esta enfermedad.

Ahora que ha aprendido a controlar los niveles de glucosa en sangre, sus chequeos con el glucómetro son cada tres días.

“Yo manejo a la enfermedad, no ella a mí, gracias a Dios. Uno debe saber administrar su enfermedad para poder estar bien, he aumentado de peso y no padezco de la presión”, enfatiza doña Blanquita.

Seguir las indicaciones

Mario Alberto Marenco, de 70 años, para su chequeo de la diabetes acude periódicamente a las clínicas que el INSS ha destinado para atender a los adultos mayores. Fue diagnosticado hace ocho años.

“Cuando me diagnosticaron comencé tomándome unas pastillas, pero yo no me las tomaba porque me daban mareo, entonces cuando volví ir a la clínica el médico me trató, porque eran nueve meses después, desde la primera vez, y tenía alterada el azúcar, la llevaba en 400”, recuerda este diabético.

En su familia no existe ningún antecedente, es el primero en contraer este padecimiento crónico. Nunca se ha complicado, pues de igual forma sigue al pie de la letra la medicación y los cuidados de salud que manda su médico de cabecera, como por ejemplo caminar media hora diario.

El especialista Ernesto Medina Pérez. Archivo7END

Según Marenco, para él es un tanto traumático el “pinchazo” diario con el glucómetro, pues eso le produce cierta reacción de dolor.

“Cuando me siento que ando mareado me hago el examen, lo normal es que te lo hagas en ayuna en la mañana”, dice Marenco.

Si una persona está en riesgo de desarrollar diabetes, es posible que pueda evitarla o retrasarla, manifestó el doctor Medina Sandino, pero para lograrlo debe balancear su dieta, hacer ejercicio y hacer un chequeo médico de forma frecuente.