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La rusa Elis Leonidovna Gonn vivió durante dos meses en el barrio 19 de Julio, lugar donde compró el ácido sulfúrico con el que atacó al sacerdote Mario Guevara y pretendió dar clases a niñas de esa zona, constató El Nuevo Diario.

Leonidovna ofreció, en septiembre pasado, impartir clases gratuitas de inglés en el Hogar San José Protector, ubicado en el mismo barrio, pero ahí le negaron esa posibilidad debido a su apariencia física desaliñada.

Ácido sulfúrico no afectó visión del padre Mario Guevara

Elis Leonidovna vivió en un pequeño apartamento en el barrio 19 de Julio, por el cual pagaba 120 dólares al mes. Después, se trasladó a vivir al sector de carretera Masaya.

Hermana Socorro Trujillo.

La hermana Socorro Trujillo, de la Congregación religiosa de la Anunciación, aseguró que para inicios del mes de septiembre, ella (Leonidovna Gonn) llegó al Hogar San José para ofrecer sus servicios gratuitos como maestra de Inglés de 50 niñas de este centro.

“La hermanita Dora la atendió, pero al ver la apariencia, pues andaba tatuada, no se le permitió”, relató la religiosa Socorro, quien es la encargada de la administración del hogar que atiende a las niñas, muchas de ellas abandonadas por sus padres.

Mujeres que la conocieron en el barrio 19 de Julio, recuerdan que la hija de Leonidovna, de 2 años de edad, lloraba más cuando estaba con la madre. En varias ocasiones ellas la cuidaron mientras Leonidovna salía de la casa y regresaba al anochecer.

“La niña pasaba tranquila cuando no estaba la mamá, pero cuando ella (Elis) venía, era como que si miraba al diablo”, relató una exvecina que pidió el anonimato.

La hermana Socorro, con un gesto de preocupación, se preguntó qué consecuencias habrían sufrido de haber aceptado a la extranjera para impartir clases a las niñas de ese centro.

Rondaba catedral

A la rusa la vieron salir con su hija del apartamento, contiguo a Total Gym en carretera Masaya, a las 10:00 a.m. del pasado miércoles 5 de diciembre. Vivía allí desde noviembre.

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Media hora después, a las 10:30 a.m., según relatan los guardas de seguridad y uno de los sacristanes de la Catedral Metropolitana de Managua, Elis rondaba los predios y el interior del templo junto a su hija de 2 años.

Ese mismo día, a las 2:00 p.m., la ciudadana de origen ruso compró el ácido sulfúrico a un precio de C$100, en el establecimiento comercial de Carlos Fernando Cortez, en el barrio 19 de Julio.

Según Cortez, la mujer pasaba constantemente por las calles del sector y en una ocasión, en septiembre, compró “soda cáustica”, un producto utilizado para destaquear cañerías.

“Después, vino el miércoles sin la niña, a las 2:00 p.m. (día del ataque en catedral), pidió algo más fuerte y le recomendamos el ácido sulfúrico, sin pensar que lo utilizaría para cometer un delito”, relató Cortez.

El negocio Químicos Cortez cerró durante un día sus operaciones por el proceso investigativo realizado por la Policía Nacional. Actualmente continúan ofreciendo los productos, porque toda su documentación está en regla.

El comerciante explicó para adquirir el ácido sulfúrico no se necesita ningún permiso. Sin embargo, evitan venderlo a menores de edad y personas en estado de ebriedad.

Por la espalda

Elis Leonidovna roció de ácido sulfúrico al padre Mario cuando este se dirigía al área de confesionarios; fue interceptado por un feligrés, quien le pidió que bendijera unos crucifijos, y en ese momento Leonidovna le echó el líquido por la espalda.

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“El padre, al sentir el líquido volteó hacia atrás y fue ahí cuando la mujer le tiró en la cara”, relató uno de los guardas del templo.

La mujer fue capturada en el atrio de la Catedral de Managua, cuando intentaba escapar después haber arrojado el ácido al sacerdote.

En el piso de catedral aún se observa el deterioro que causó el ácido.

Según guardas de seguridad, en el bolso que la mujer dejó botado, había un rollo de billetes de 500 córdobas y dólares, los cuales fueron resguardados por agentes de la Policía Nacional.

Cura la perdona

Uno de los hermanos del padre Mario Guevara, quien lo cuida en la casa cural de la catedral de Managua, dijo a El Nuevo Diario que agentes de la Fiscalía se presentaron a ese templo, pero el sacerdote prefirió no interponer denuncia.

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“Él perdona a la muchacha y deja todo en las manos de la justicia de Dios”, afirmó.

Además, mencionó que el presbítero Guevara siempre dice que espera que los problemas de Gonn puedan tener solución “y como hijos de Dios, al igual que ella, merecemos perdón”.