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De Nicaragua, el último recuerdo que tiene María Contreras es haber sufrido una punzada en el lado izquierdo del corazón cuando atravesaba la puerta de abordaje en el Aeropuerto Internacional Augusto Calderón Sandino, en Managua. 

Era de tarde y todavía tenía fijado en su mente el momento en que un joven delgado con un bolso colgando de su espalda rociaba con gasolina un cadáver que ya ardía en llamas durante las protestas. 

“Tenía dudas de viajar, pero al ver eso me terminé de convencer, nunca imaginé que al encender la televisión vería tanta barbaridad”, explica Contreras desde España. 

Es una nicaragüense de 24 años que llegó a España en julio de este año, huyendo del conflicto político social en Nicaragua, y sin haberlo previsto, tendrá que pasar Navidad en el exilio.

Antes de poner un pie en Madrid tenía novio, empleo y estudiaba los fines de semana. En sus planes estaba viajar a México y España, quizás algún día, pero por turismo. 

Su hermana, de 39, emigró dos años antes a España buscando mejores oportunidades, así que la idea que se tenían entre manos era que ella viajara, aunque nunca acordaron fecha. 

Al recrudecer la violencia, tomó el ticket de avión y desde entonces, cada vez que recuerda su trayecto a la puerta de abordaje, siente esa punzada en el pecho que le deja llorosos los ojos.

En los últimos días, esa punzada la ha experimentado con mayor frecuencia. En una esquina del apartamento que renta con su hermana, construyó un nacimiento parecido al que anualmente armaba en Managua.

“Desde la distancia voy a celebrar la Navidad con lo que tengo y eso son recuerdos de mi madre y de mi gente. Allá comprábamos gallinas y la idea era comer varios días, pero ahora será diferente, para empezar aquí hay nieve, pero no está la familia”, expresa.

Miles de nicas están en Costa rica. Archivo/END

Para la cena navideña, las Contreras harán una versión del pollo que acostumbraban cocinar en Nicaragua y a la medianoche llamarán a los familiares.

“No es lo mismo, para empezar, no tenemos ni el mismo horario”, afirma vía redes sociales desde España.

NADA QUE CELEBRAR

Tania es otra nica en España. Tiene dos meses en ese país y considera que en esta Navidad no hay nada para celebrar.

“Este año no hay alegría en nuestros corazones, nuestro país y las familias nicaragüense están pasando por situaciones muy difíciles, donde solo hay dolor, luto, llanto, tristeza y porque somos nicaragüense y nos duele lo que vivimos. Esta Navidad será diferente”, apuntó. 

La joven consultada es profesional y vendió todos sus bienes para hacer el viaje. En este momento, precisó, está enfocada en adaptarse y trabajar; la celebración de Navidad no es su prioridad.

UN COMPARTIR

A pesar de la difícil situación que enfrentan, un grupo de nicaragüenses, entre los que está Rafael, han decidido reunirse y compartir una comida.

La idea, según cuenta Rafael, un médico que laboraba para el Ministerio de Salud hasta que decidió curar heridos pese a la prohibición gubernamental, es aminorar las penas y las nostalgias que surgen al estar lejos de la patria. 

“Vamos a celebrar en la medida de lo posible. No hay ni el ánimo ni la esperanza. No tenemos a los amigos cerca para saludar, pero aquí estamos tratando de organizarnos, acompañarnos, sabemos que estas son épocas nostálgicas por estar lejos de la familia, pero lo son más por la situación que se vive”, explicó Rafael. 

El médico comentó que también tienen planeado recoger ropa para entregar a los nicaragüenses que siguen llegando. 

“Nos hemos estado reuniendo para solidarizarnos entre todos, los que llegamos no sabemos qué hacer, no tenemos ropa adecuada ni idea de cómo funcionan las cosas. Así que la idea es ayudarnos”, manifestó el doctor.

LA AMENAZA

Ninoska Torres también huyó de Nicaragua, pero se exilió en Costa Rica. No participó en protestas ni tranques, pero su hermano sí. Un día de agosto, un hombre vestido de civil tocó la puerta de su casa y les lanzó una advertencia: “Si tu hermano regresa a las calles, todos van presos”. 

Por esa razón Torres empacó su maleta y está ahora en Costa Rica. Nunca había viajado y ya extraña a la familia. 

“Quiero regresarme porque mi mamá va a estar sola. Siempre en Navidad nos reunimos en la casa, quemamos pólvora y esta la fregadera de los chavalos. No sé qué haré esta vez, supongo que lo mismo de Nicaragua, el pollo relleno”, expresó Torres.

Son miles las familias de Nicaragua que celebrarán esta navidad separadas. Archivo/END

Datos oficiales del Departamento de Migración de Costa Rica precisan que entre abril y agosto de este año, entre 23 mil y 25 mil nicaragüenses solicitaron refugio.

En España las solicitudes de asilo político o protección internacional alcanzaban hasta el 31 de agosto, 313 casos. Esta cifra representaba un 900 por ciento más que las registradas en 2017, cuando apenas se recibieron 31 casos.