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El estallido social ocurrido hace ocho meses cambió la cultura del nicaragüense, afirma el sociólogo Manuel Ortega Hegg, quien destaca el papel de los milénicos en la exigencia de cambios democráticos.

La transformación social está acompañada, además, por una crisis económica, como reflejan los informes del Banco Central de Nicaragua y comprueban los estudios de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

Ortega Hegg sostiene que la ola de protestas contra una reforma a la ley de seguridad social, iniciada el 18 de abril, que después se extendió exigiendo cambios democráticos, marcó un cambio total en la cultura política del país.

La protesta de los jóvenes “ha sido un movimiento que ha mantenido contra viento y marea ese sentido de buscar una salida pacífica a la crisis; la nueva generación se plantea una manera totalmente distinta de pensar y de hacer política, con tolerancia, con igualdad y menos diferencias sociales”, explica el sociólogo.

Los jóvenes se han convocado desde las redes sociales. Archivo/END

Afirma que ocho meses después “Nicaragua no es la misma en ningún sentido, porque ha visto surgir una nueva forma de concebir el poder y demandar democracia”.

El académico considera que en la Nicaragua anterior a las protestas de abril, la sociedad prefería sacrificar sus derechos para mantener la paz.

Había “un rezago de una guerra prolongada, de los años 70 y 80, dura y con más de 50 mil muertos; entonces la gente estaba dispuesta, en algún momento, a ceder una serie de derechos y condiciones con tal de mantener un período de paz, un reposo de los muertos”, comenta Ortega Hegg.

Sin embargo, la propuesta juvenil de protestas pacíficas, sin el uso de las armas, inspiró a muchos a seguirles y tomarse las calles para defender la democracia y los derechos humanos.

Un líder del Movimiento Campesino Anticanal, que prefiere omitir su nombre porque está en Nicaragua y se considera un perseguido por su participación en las protestas contra el Gobierno, asegura que tras el estallido social ellos no titubearon en respaldar a los jóvenes, porque ya habían vivido acciones similares del Gobierno.

En los últimos ocho meses se han registrado más de 300 personas muertas de forma violenta, más de 2,000 heridos y más de 600 detenidos por participar en las protestas contra el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), según registros de organismos de derechos humanos nacionales e internacionales.

Nuevo espacio

En la nueva propuesta pacífica, dice Ortega Hegg, fueron los jóvenes quienes jugaron un papel destacado, especialmente la generación de los millennials (milénicos), porque instauraron otro concepto de hacer política.

“Ellos nos mostraron que hay nuevos lugares para hacer política, que no son los tradicionales, no son los partidos políticos, ahí entraron en juego las redes sociales”, asegura.

Opina que el poder de esta nueva propuesta de la generación del milenio fue la que logró convocar masivamente a todas las expresiones cívicas. “Ese nuevo espacio de hacer política tiene un extraordinario poder social, que no existía antes, y los muchachos, no solo en Nicaragua, se dieron cuenta y lo empezaron a hacer durante el estallido social”, remarcó.

La protesta de los jóvenes “ha sido un movimiento que ha mantenido contra viento y marea ese sentido de buscar una salida pacífica a la crisis. Archivo/END

En los últimos meses, jóvenes manifestantes han convocado desde las redes sociales a expresiones como “El Pico Rojo”, “Adopta a un preso político”, “Altares vandálicos”, “Yo apoyo a 100% Noticias”, “SOS Nicaragua”, “Grito por Nicaragua”, “SOS Indio Maíz”, “Yo soy Cenidh” y “Navidad Sin Presos Políticos”, las cuales han calado a nivel internacional.

Manuel Díaz, estudioso del impacto de las redes sociales, resalta que el uso de aplicaciones como WhatsApp y Facebook ha constituido un “núcleo duro” para comunicar y divulgar convocatorias, video, imágenes y advertencias durante los meses más violentos.

“Considero que lo que hicieron los jóvenes fue tomar lo que a diario utilizaban, por supuesto que el impacto fue enorme, masivo y logró ser escuchado a nivel internacional, tanto que los nicaragüenses radicados en otros países retomaban la iniciativa”, explicó Díaz.

El costo económico

Las pérdidas económicas en Nicaragua, como consecuencia de la crisis sociopolítica, asciende a más de US$1,300 millones, según el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri.

Estas pérdidas generarán este año un retroceso de casi nueve puntos porcentuales en el crecimiento económico de Nicaragua, advirtió la empresa privada.

En el reporte de estadísticas del mercado laboral de marzo a octubre, las últimas cifras publicadas por el Banco Central en ese campo especifican que se han perdido 142,760 empleos formales.

Sin embargo, el Cosep calcula que las pérdidas de empleo ya superan los 400 mil puestos de trabajo, como consecuencia de la crisis que se ha extendido porque el Gobierno se niega a dialogar para buscar una salida política.

La inseguridad

Ricardo De León, experto en seguridad y asuntos internacionales, afirma que luego de ochos meses de manifestaciones y represión violenta, “la Policía no es bien vista y ha llegado a generar temor en la población”.

“La Policía no ha trabajado en tratar de finalizar la crisis, sino que se ha visto involucrada en temas como la inseguridad, temas de represión contra la población que se manifestaba pacíficamente y en algunos casos la cuestión se miraba de la peor manera, ya que muchos de los oficiales de la Policía andaban sin uniforme y encapuchados”, comentó De León.

Insiste en que los niveles de inseguridad han llegado a tal grado que “las personas no se sienten seguras cuando ven a los agentes de la Policía, porque hay un aumento excesivo de la presencia policial en las calles, en sitios donde normalmente nunca estaban; además, hemos visto las detenciones sin orden judicial y no hay justicia para todos”.