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  • EFE

El onceavo aniversario de la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y la antigua guerrilla se cumplió en Guatemala bajo el silencio de los fusiles, pero sin que las causas del antiguo conflicto, que desangró al país durante 36 años, hayan desaparecido.

El vicepresidente guatemalteco, Eduardo Stein, quien encabezó los deslucidos actos de conmemoración de la fecha, reconoció ante un desnutrido grupo de funcionarios, diplomáticos y activistas sociales, que "aún falta mucho camino por recorrer" para alcanzar los objetivos de los acuerdos de paz.

Aunque subrayó que "han habido avances importantes", Stein lamentó que la pobreza, la discriminación y marginación en que viven millones de guatemaltecos continúen "siendo una sombra" en el proceso de pacificación y democratización de este país centroamericano.

La guerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) -convertida ahora en partido político- y el gobierno del presidente Álvaro Arzú, con la mediación de las Naciones Unidas, suscribieron el 29 de diciembre de 1996 un legajo de acuerdos en los que se pactó la finalización de una guerra interna de 36 años que se cobró la vida de más de 200.000 guatemaltecos.

Los denominados "acuerdos operativos", que incluían la desmovilización y desarme de las fuerzas guerrilleras, así como la reducción del Ejército y la institucionalización de organismos encargados del respeto de los derechos humanos, fueron cumplidos al pie de la letra en los meses siguientes a la firma de los acuerdos.

Acuerdos aún no se cumplen
Sin embargo, los "acuerdos sustantivos", que pretendían combatir males estructurales como la pobreza -principal motivo del alzamiento armado-, continúan sin ser cumplidos del todo.

Según cifras oficiales, el 51 por ciento de los 13,3 millones de guatemaltecos viven en condiciones de pobreza, y el 15 por ciento en pobreza extrema.

Los más afectados siguen siendo los indígenas que representan el 42 por ciento de la población, y que en su mayoría radican en las alejadas comunidades rurales que carecen de servicios básicos.

El crimen organizado y falta de voluntad
Las violaciones a los derechos humanos por motivos políticos, que durante los años de la guerra fueron una constante permanente, han desaparecido casi en su totalidad, pero en su lugar ahora son los hechos de violencia los que se han convertido en el pan diario de los guatemaltecos.

Los poderosos grupos del crimen organizado se han convertido en un lastre imposible de derrotar por parte de las autoridades, que cada día con sus hechos violentos se cobran, en promedio, la vida de 16 personas.

El ex comandante guerrillero Carlos González, el único suscriptor de los acuerdos de paz que participó en los actos oficiales, acusó al "Estado empresarial" de ser incapaz de desarrollar la democracia, combatir la pobreza y garantizar la seguridad de los ciudadanos, "por falta de voluntad".

"Hay algunos aspectos en lo que se ha avanzado, pero no son los sustanciales. Hay muchas cosas pendientes de cumplir, pero el factor más notorio es la falta de voluntad política, tanto de la parte gubernamental como de los signatarios, pues se ha podido observar que ahora de los signatarios habíamos sólo tres", lamentó González.

Agregó que "no hay ninguna transformación como país ni en lo económico, ni en lo social, ni en lo político. Las transformaciones que se presentan son de maquillaje, no de cobertura, no son reales, como lo dice el espíritu de los acuerdos de paz".

Ni el presidente Óscar Berger, ni quien le sustituirá en el cargo a partir del próximo 14 de enero, Álvaro Colom, ni quienes hace once años fueron los principales protagonistas de la firma de la paz, participaron en los actos oficiales organizados por el gobierno.

Colom fue representado por el vicepresidente electo, Rafael Espada, quien aseguró que durante la nueva administración se "renovará el proceso de paz, sobre la base de objetivos firmes, los fines y los procesos contenidos en estos acuerdos".

La celebración de la fecha inició a primera hora con una ceremonia maya, en el centro arqueológico Kaminal Juyú, en el oeste de la capital, en la que sacerdotes indígenas dieron gracias por la finalización del enfrentamiento.