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En la isla de Ometepe, la crisis del negocio turístico ha obligado a parte de los trabajadores, sobre todo mujeres, a emigrar en busca de oportunidades laborales.

También, propietarios de negocios consideran esa opción. Es el caso de Mayela Gutiérrez, propietaria del hostel Coco´s, en el poblado de Moyogalpa, quien confiesa estar planeando trasladarse a Panamá a inicios del 2019.

“Muchos trabajadores de establecimientos turísticos que fueron despedidos se han ido a Costa Rica, para pagar deudas y sufragar gastos del hogar, y yo también me iré a trabajar a Panamá porque la renta de habitaciones perdió su ritmo y se debe un financiamiento”, explicó Gutiérrez.

Betania González Díaz, quien había emprendido un negocio cuando el turismo estaba en auge, optó por emigrar a Costa Rica, en busca de trabajo, relató su mamá Silvia González.

“Se fue en junio por que le estaba yendo súper mal en su pequeño negocio de comidas y bebidas, y tiene que pagar un préstamo que hizo para mejorar su establecimiento”, afirmó.

Otros habitantes han regresado a los trabajos agrícolas en la misma isla, con una remuneración menor de la que obtenían como meseros, conductores, vigilantes y guías turísticos.

“Yo soy uno que ahora sobrevivo de la venta de mi ganado, cerdos y palma real, porque en mis establecimientos donde se ofrece alojamiento no recibo ni a cuatro turistas por semana y tuve que reducir el 80% del personal y ponerme a trabar con mis hijos y mi esposa, para mantener abierto los negocios”, afirmó Oscar Flores.

Ometepe resiente la escasa llegada de visitantes extranjeros. Lésber Quintero/END

En el centro de Moyogalpa, la hotelera Melania Avellán ha decidido poner en venta su hotel o rentarlo, tras siete meses de permanecer a la espera de turistas.

La actividad turística en Ometepe está literalmente diezmada. “En diciembre a la isla deberían estar ingresando al día entre 400 y 500 turistas extranjeros, que es el promedio de la temporada alta, pero apenas llegan de 40 a 60 visitantes”, explicó Flores, un hotelero del municipio de Altagracia.

Ni motos ni cabalgatas

Entre los pequeños y medianos empresarios turísticos que esperan sobrevivir a la crisis, la expectativa es que la situación sociopolítica del país se resuelva pronto, para que los países emisores de más turistas cancelen las alertas de viaje a Nicaragua.

“El Hotel Aly tiene 16 habitaciones pero permanecen vacías, ya que ocasionalmente recibimos a dos turistas por semana y ya no es un negocio rentable porque tengo muchos gastos; por eso, decidí ponerlo en venta o rentarlo”, explicó Melania Avellán.

En ese hotel, también funciona un negocio de renta de motos y bicicletas, que es administrado por Yazzin Aly, quien confirmó que esta oferta turística también ha caído.

“En este momento, que es la temporada alta, yo debería de estar rentando las seis motos todos los días junto con las cinco bicicletas, pero más bien las tengo en venta, porque este negocio se estancó con la crisis sociopolítica del país y más bien quedé con deudas”, declaró Aly.

Dijo que las motos las alquilan a los turistas en U$15 por día, “pero con la crisis los precios han bajado a U$12 y a U$10; la demanda está estancada porque el número de turista que nos visita es mínimo”.

Los tours en caballos también han desaparecido y han obligado a isleños como Zacarías Hernández y Bismark Bosa, quienes daban ese servicio, a trabajar solo en labores del campo.

Bosa relata que desde hace tres años se dedicó a ofrecer cabalgatas a los turistas extranjeros, con cinco caballos, y para dedicarse de lleno a ese negocio hasta vendió dos manzanas de tierra cultivadas con plátano que tenía en la comunidad de Mérida.

“Las cabalgatas de una hora me permitían ingresos de U$10, por cada caballo y los tour U$20, pero ahora esta actividad está muerta y me he tenido que dedicar a trabajar como jornalero”, confesó Bosa.

Zacarías, quien habita en la comunidad El Madroñal, confirmó que las cabalgatas están sin actividad desde julio y su familia es una de las más afectadas por la caída del turismo, por lo que tres de sus hermanas se fueron a trabajar a Costa Rica al quedar sin empleo en la isla.

La actividad turística en Ometepe está literalmente diezmada. Lésber Quintero/END

En el establecimiento de bebidas y comidas El Navegante, en la entrada al puerto de Moyogalpa, las ganancias en temporada alta oscilaban entre C$7,000 y C$8,000 por día, porque se llenaba de turistas.

“Actualmente no sacamos ni para el alquiler del local, porque ni a la semana se venden C$2,000 y por eso decidimos cerrar el negocio en octubre; y reabrimos en diciembre con personal mínimo, porque permanecemos sin clientes y la idea es llegar hasta el fin de año”, comentó Alejandra Selva, gerente del establecimiento.

Los taxistas de la isla también han sufrido los golpes de la crisis. Eddy Hernández, quien ofrece el servicio de taxi en Moyogalpa, relató que la situación para su gremio es más difícil porque “los habitantes de la isla de Ometepe no están acostumbrados al uso del trasporte selectivo y por eso hemos dependido del turismo”.

Los tour que los taxistas ofrecían a grupos de turistas, en microbús, tenían precios entre US$60 y US$90, según el destino; y quienes pedían traslados en carros de cinco pasajeros pagaban entre US$20 y US$30.

“Aquí ganábamos los 30 taxistas que trabajamos en Moyogalpa, y realizábamos entre tres y cuatro viajes por día. Ahora, a la semana quizás hacemos dos viajes”, aseguró Hernández.

Turistas nacionales

Ángel Jacinto Hurtado, un pequeño emprendedor de la comunidad de Mérida, Altagracia, dijo que se vio obligado a cerrar temporalmente su establecimiento Café El Imperio, por la ausencia de clientes.

“Junto a mi esposa llegamos a diciembre con la esperanza de que la situación mejoraría, pero seguimos sin poder recuperarnos y es triste porque el turismo ha venido a mejorar la calidad de vida de muchas familias”, comentó Hurtado

En este sector, la poca afluencia de turistas también ha impedido la reapertura del Hotel Congos, confirmó el cuidador de ese negocio David Torrentes.

El centro recreativo Ojo de Agua recibe ocasionalmente excursiones de turistas nacionales.

“Nosotros hemos mantenido abierto el local porque apostamos al turista nacional que está visitándonos con mayor frecuencia, sobre todo en días festivos y en ocasiones también recibimos excursiones familiares y de iglesias”, afirmó Wendy Cabrera, gerente del centro recreativo.

También se ha estancado el turismo comunitario que promueven 17 familias de la Asociación Puestas del Sol, en el barrio Guadalupe del municipio de Moyogalpa, donde ofrecen alojamiento y actividades recreativas.

“Aquí, hasta el vino de Jamaica que elaboraban las mujeres se ha paralizado, debido a que la demanda de esta bebida desapareció a medida que disminuyó el flujo de turistas, nuestros principales clientes”, dijo Socorro Ponce, de 72 años.

En este lugar ofrecían el tour del vino de Jamaica, pero los turistas han dejado de frecuentar el lugar desde mayo, y los empleados despedidos retornaron a labores agrícolas o se fueron del país en busca de empleo, afirmó Ponce.

Algunos extranjeros

Entre los pocos turistas extranjeros que están visitando la isla de Ometepe, se encontraba la pareja de canadienses Dave MacMillan y Tara Dittrick, quienes relataron a El Nuevo Diario que decidieron venir a conocer este país pese a conocer de la alerta de viaje.

Las rentas de motos es parte de la oferta turística. Lésber Quintero/END

“Una amiga de Canadá nos recomendó visitar Ometepe, y antes de viajar investigamos la situación de nuestro destino y llegamos a la conclusión que no representaba un peligro y nos venimos para acá, aunque nos costó, porque el vuelo de México a Nicaragua lo cancelaron dos veces, pero es un lugar maravilloso”, dijo MacMillan.

Una pareja del Reino Unido, que se identificó como Kevin All y Claire Murphy, comentó que salieron de su país con la misión de recorrer Centroamérica, que muy poco conocen de lo que sucede en Nicaragua y se han sentido seguros.