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“Estaba muy interesado en ver la posición que tomaría México en esta sesión, en vista del cambio de gobierno en esa hermana república”, pero la representación mexicana no participó en la sesión, comentó el excanciller nicaragüense Francisco Aguirre Sacasa al responder preguntas de El Nuevo Diario.

Sobre una posible solución negociada a la crisis sociopolítica en Nicaragua, Aguirre advierte que “cada día que pasa la ventanilla para un aterrizaje suave se va achicando”.

¿Qué conclusiones saca usted de la sesión extraordinaria de la OEA de este jueves, convocada para considerar el caso de Nicaragua?

Me sorprendió que se diese en la semana entre la Navidad y el Año Nuevo. Es extremadamente difícil convocar una reunión como esta en este período cuando la mayoría del staff de la OEA está de vacaciones, igual que los representantes permanentes, como llaman a los embajadores que integran ese foro. Y esta dificultad fue exacerbada por el hecho de que parte del gobierno estadounidense está cerrado, incluyendo el Departamento de Estado para el que trabaja el embajador Trujillo, por el hecho de que el Congreso no aprobó una parte del presupuesto de 2019. Mi conclusión es que el hecho de que se haya celebrado esta reunión en estas circunstancias subraya la preocupación que existe en el hemisferio por la situación crítica que atraviesa Nicaragua.

Francisco Aguirre Sacasa. Archivo/END

¿Cómo analiza lo ocurrido en la OEA?

Considero importante que, a pesar de que en las últimas semanas el número de muertos y heridos ha disminuido drásticamente en Nicaragua, ha provocado un gran malestar en las capitales americanas la expulsión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como el MESENI y GIEI. La represión selectiva en contra de oenegés y medios de comunicación, como Confidencial y 100% Noticias, también despertó un avispero que a lo mejor el Gobierno no esperaba por darse durante las fiestas de fin de año. En esto, francamente, el Gobierno no supo valorar el clima internacional. La realidad es que Nicaragua sigue en la palestra mundial. Antier, por ejemplo, el New York Times publicó un extenso reportaje sobre la crisis nicaragüense.

¿Cuáles, a su criterio, fueron las grandes conclusiones que arrojó esta reunión extraordinaria de la OEA?

Primero, que con cada día que pasa se va formando un consenso alrededor de las ideas de que el Gobierno de Nicaragua no es democrático, que es el responsable de la violación de derechos humanos y que no muestra el deseo de buscar una salida pacífica a la crisis que estalló a mediados de abril. Esto quedó clarísimo en los discursos de los representantes de países como Estados Unidos, Colombia, Brasil y Argentina. Segundo, que el Gobierno de Nicaragua está cada vez más aislado. Sólo dos países, Venezuela y Bolivia, salieron a su defensa, y la intervención boliviana fue corta y francamente tibia. Me llamó también la atención que El Salvador guardó silencio, igual que las pequeñas islas caribeñas que en el pasado escudaron a Nicaragua. Pareciese que el continente entero está inclinándose cada vez más a condenar al gobierno Ortega-Murillo al ostracismo.

¿Hubo alguna sorpresa para usted?

Para serte franco, estaba muy interesado en ver la posición que tomaría México en esta sesión, en vista del cambio de gobierno en esa hermana república. Recordemos que durante la Administración de Peña Nieto las relaciones entre Managua y Ciudad México se habían tensionado un poco, hasta el punto que México aceptó participar en el Grupo de Trabajo formado para propiciar una salida pacífica a la crisis nicaragüense. A pesar de estos antecedentes, la silla mexicana no participó en la sesión de esta mañana. Eso no lo esperaba. Es difícil saber a qué atribuir este silencio. Quizás habrá un cambio de seña en Los Pinos, o quizás solo refleja el hecho de que la diplomacia mexicana fue agarrada movida por convocarse esta reunión en plenas fiestas de fin de año. Sólo el tiempo nos dirá cuál será la postura azteca hacia Nicaragua. Pero cualquiera que sea, será importante por el peso que México tiene en asuntos mesoamericanos.

Francisco Aguire Sacasa. Archivo/END

¿Y qué le parecieron las declaraciones de Luis Almagro?

Fuertísimas. Ha virado 180 grados su postura en los últimos seis meses. Ahora da por un hecho de que Nicaragua vive bajo una dictadura y que hay que pensar en la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, incluyendo la eventual suspensión de Nicaragua del Sistema Interamericano. Este planteamiento, por cierto, lo habían adelantado varios oradores antes de que Almagro hablase. En respuesta a Almagro, el representante permanente nicaragüense también usó una retórica fuerte. Pidió la destitución del Secretario General y se refirió a la OEA como el “Ministerio de Colonias” de Estados Unidos. Esto seguramente no cayó bien entre los otros miembros de la OEA.

Varios embajadores hablaron de la violación de derechos humanos en Nicaragua usando términos poco diplomáticos. Se refirieron hasta de castigos internacionales en contra de quienes los han perpetrado. ¿De qué se trata esto?

Con el pasar del tiempo, ha surgido una tesis en el derecho internacional, de que severas violaciones de derechos humanos son crímenes de lesa humanidad que deben ser castigados internacionalmente. El representante permanente ecuatoriano habló de esta evolución del derecho internacional y explicó que la soberanía no puede ser utilizada para escudarse contra acusaciones y sanciones internacionales por las violaciones graves de derechos humanos, como los que se han visto en Nicaragua, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

¿Qué piensa usted de ese argumento?

Es una importante tendencia global que incluso resultó en la creación de la Corte Penal Internacional. Pero en ese sentido, hay que estar consciente de que hay países que no han aceptado la jurisdicción de esta Corte, incluyendo Nicaragua y Estados Unidos, aunque por diferentes razones. Aquí lo importante es que existe un consenso internacional de que Daniel Ortega y Rosario Murillo no sólo no se han abierto a una solución negociada y pacífica a la aguda crisis nicaragüense, sino que han optado por una criminalización de protestas cívicas. Y cada día que pasa su posición se vuelve más peligrosa. Dicho de otra manera, con cada día que pasa la ventanilla para un aterrizaje suave se va achicando. Esta mañana, el representante permanente de Panamá señaló en su intervención que Daniel y Rosario eran los responsables de la crisis en Nicaragua, pero añadió que ellos también podían resolverla. Coincido con su valoración, y ojalá ambos asuman su responsabilidad, a como Almagro instó, por el bien de Nicaragua y antes de que esa ventanilla, la del aterrizaje suave, se cierre por completo.