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A las siete de la noche el tráfico en las principales vías de Managua se mueve con más fluidez que hace nueve meses, cuando era una hora pico y las vías principales se atoraban de vehículos, en especial los días viernes.

Varios motociclistas zigzaguean sobre la Carretera Norte, una vía de seis carriles, mientras buses copados de pasajeros circulan con una velocidad moderada.

Al llegar a la Avenida Bolívar, una zona recreativa, deportiva y gubernamental, los adornos navideños y los más de 30 altares dedicados a la natividad lucen algo vacíos. Pocos ciudadanos caminan por el lugar.

A un costado de los pesebres, uno de los portones de ingreso al parque Luis Alfonso Velásquez se abre para que un grupo de jóvenes salga y siga hacia la parada de buses. Las canchas de baloncesto del lado oeste del complejo están vacías minutos después de las 7 pm, pero en el parqueo interior todavía se observan automóviles estacionados.

Las calles lucen con poco tránsito y pobladores. Oscar Sánchez/END

Roberto Martínez, quien desde hace 15 años conduce un taxi en Managua, afirma que este diciembre ha sido menos activo que los años anteriores. “La mayor parte de la gente no está saliendo a sitios recreativos, sino que están procurando comprar alimentos”, comentó.

El taxista asegura que la vida nocturna de la ciudad está reducida a su mínima expresión y se limita a ciertas zonas, donde puede conseguir clientes. Entre los lugares más concurridos, añade, están Bello Horizonte y el puerto Salvador Allende, pero en este caso durante las tardes.

“Hay mucho delincuente operando ahora en motos, he visto asaltos en calles centrales y ya ni se diga en barrios”, afirma Martínez, quien ha optado por dejar de laborar a las nueve de la noche.

En un centro comercial, muy concurrido por los cines y las comidas, hay un aviso en la entrada principal confirmando que cierra a las 9:00 p.m. de lunes a jueves, y a las 10:00 pm de viernes a domingo.

El puerto Salvador Allende tiene menor afluencia. Oscar Sánchez/END

Oferta para pocos

Hace más de seis años el Gobierno hizo fuertes inversiones en el puerto lacustre Salvador Allende, convirtiéndolo en un atractivo turístico, pero esta noche el lugar luce vacío, comparado con la cantidad de visitantes que había en otros tiempos.

La música suena en bares y restaurantes, y entre las luces de sus portales destacan pizarras de madera en que se leen las promociones: “20 córdobas el vaso de cerveza de sifón”… “dos por uno en tragos nacionales”. No obstante, adentro pocas mesas están ocupadas y en otros negocios ninguna.

Algunas familias se entretienen con los hijos en los juegos infantiles, y en la cuarta etapa del puerto, donde está la pista de autos Go Karts solo hay dos personas.

“La poca cantidad de gente que está viniendo ha hecho que también se suspendan los viajes de los barcos, y solo se hagan los fines de semana”, dice uno de los trabajadores del lugar que pide el anonimato.

Las dos embarcaciones que ofrecen zarpes nocturnos de una hora, a un precio de C$150 por adulto y C$80 los menores de edad, están en el muelle.

Los juegos mecánicos que están el Paseo de los Estudiantes y el Paseo Xolotlán también tienen pocos visitantes.

La Navidad luce opacada en Managua. Oscar Sánchez/END

Mariachis callados

A las once de la noche en la rotonda de Bello Horizonte, la música suena poco en los bares, mientras en las bancas de cemento, al aire libre, algunos mariachis conversan o toman un trago para espantar el frío.

“La noche está más lenta, pero casi siempre picamos algo”, dice uno de los músicos con una sonrisa.

Pablo Rafael, como se identifica, tiene nueve años de tocar el acordeón en el Mariachi 2000, uno de los grupos que han hecho de la rotonda su lugar de trabajo. Uno de sus colegas se acerca para unirse a la conversación.

Carlos García es su nombre, residen fuera de la ciudad de Managua, en Ciudad Sandino, pero desde el año 1982 ha frecuentado la rotonda de Bello Horizonte.

Pobladores en el puerto Salvador Allende. Oscar Sánchez/END

Ambos afirman que los músicos de esta área de la capital han sido los más afectados por la crisis surgió tras las protestas antigubernamentales de abril pasado. Los clientes desaparecieron por meses y ahora con dificultad vuelven unos pocos.

Antes de abril, la parranda en la rotonda iniciaba a eso de las 8:00 p.m. y podía concluir al amanecer.

Por una serenata de seis canciones, los mariachis cobran C$1,800, cantidad que se reparten entre los cinco músicos que forman el grupo.

“Ya pocos nos contratan por el set de 12 canciones porque, usted sabe, el precio de C$2,500 no se puede pagar siempre”, comenta García.

Cuenta que antes de la crisis, en este lugar había cada noche cerca de 20 agrupaciones musicales, entre mariachis, tríos y combos.

Ahora puede haber hasta 13 grupos, según el día, y el horario es reducido; comienzan a llegar a las 5:00 p.m. y se van a las 11:00 p.m., de lunes a viernes. Los sábados y domingos algunos se atreven a permanecer hasta las dos de la madrugada, si hay algún cliente.

Pero, en los bares aledaños a la rotonda la hora de cierre es las 11:00 pm, dijeron algunos administradores.

“A eso de las 10:20 p.m. le estamos diciendo al cliente, le traemos la última ronda, porque ya vamos a cerrar”, relató uno de los meseros.