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Los ataques a periodistas y medios de comunicación afectan la posibilidad de construir diálogos para solucionar las crisis sociales y políticas, afirma en esta entrevista la periodista y escritora Ginna Morelo, editora de la Unidad de Datos del diario El Tiempo de Colombia.

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Vino a Nicaragua esta semana como parte del jurado del XIII Premio a la Excelencia del Periodismo de Investigación “Pedro Joaquín Chamorro Cardenal”, y se pregunta qué posibilidades habrá de conocer más verdades, si mañana el país se quedara sin periodistas.

¿Qué valoración tiene de lo que se vive hoy en Nicaragua?

Desde abril del año pasado vimos las manifestaciones violentas que derivaron en la muerte de muchas personas y otras tantas en las cárceles, así como otros exiliados. Hoy (miércoles) estamos conociendo la lista de más de cincuenta periodistas que han tenido que irse (de Nicaragua). Uno puede concluir que es una situación muy fuerte de restricciones a las libertades de la ciudadanía y de los periodistas.

En un país donde el periodismo es la ventana para que se pueda generar un diálogo de construcción con la ciudadanía, si se violenta, se afecta la posibilidad de construcción del diálogo.

Preocupa de sobremanera que nuevamente las olas de la violencia toquen a nuestros países latinoamericanos, como si fuera un ciclo al que estuviesen condenados. Hay muchas estrategias de quienes quieren silenciar al periodismo, vienen de la mano de la intimidación, de la amenaza y son como los primeros pasos para que uno deje de ver medios de comunicación.

Esto se ha observado en otros países latinoamericanos, donde la violencia de distintos sectores afecta a los medios de prensa, al punto de no permitirles seguir adelante. Uno de los casos es el diario El Nacional, de Venezuela, que cerró. Pese a todas las dificultades, hay que seguir haciendo un periodismo responsable, autocrítico, que quiera aprender de los errores para seguir haciendo las cosas de la mejor manera.

¿Llama la atención el caso de Nicaragua? 

No es posible comparar los casos y los hechos de los países, porque cada uno de ellos plantea contextos distintos. Lo que sí puedo afirmar es que la violencia que se enfoca en limitar las libertades de los ciudadanos y la prensa es una violencia irracional que no permite ni admite la posibilidad de una construcción activa, participativa ni de desarrollo.

A uno le duele muchísimo que las personas mueran, no se puede comprender ni entender un contexto violento y que los partidos, sean los que sean, no actúen en beneficio del ciudadano, sino, en contra del ciudadano; eso es muy doloroso y complicado. Conozco poco la realidad del país, pero obviamente el contexto político nicaragüense es distinto al de otros países.

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En Nicaragua hay un Gobierno y un personaje que ya ha estado en el poder en otros momentos. Esto genera unos matices diferentes frente a naciones que puedan tener una época de violencia por parte de un Gobierno que apenas asume el poder; eso hace muchas diferencias.

Ante este contexto, se debe analizar cómo es posible que la violencia se termine convirtiendo en algo cíclico y un poco de eso lo observo acá, cuando te encuentras que después de muchos años explota la violencia de nuevo en un país y mueren personas, sobre todo jóvenes.

Uno dice: nuevamente se reciclan los conflictos y parece que no hubiese espacio nunca para la reconciliación. No es bueno hacer comparaciones, vengo de Colombia donde por más de 60 años hemos estado sometidos a un reciclamiento permanente del conflicto. 

¿El periodismo en Colombia sigue teniendo represión?

Mi país ha estado sometido a distintos colores de un conflicto inacabado. Hace dos años se firmó un acuerdo de paz con la guerrilla, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero hoy tenemos un alto número de líderes sociales asesinados en el país, sin explicación alguna de dónde vienen las balas que están asesinando a los defensores de los derechos humanos, del medioambiente.

Siempre hemos estado los medios de comunicación, los periodistas, en el centro de una cantidad de actores que intentan acallarnos, silenciarnos, apartarnos. La corrupción política, el narcotráfico, los armados irregulares, en distintos momentos históricos.

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Esto ha hecho que nuestro conflicto mute de una manera muy loca. No hay esclarecimiento de los crímenes contra los periodistas, una verdad histórica que algún día esperamos se pueda conocer.

¿Puede hablar de estrategias para sortear la represión?

Diría que Colombia tiene un haber interesante en una organización que se llama Fundación para la Libertad de Prensa, creada por el maestro Gabriel García Marquez y otros reputados periodistas colombianos, que en un momento histórico se preocuparon por las libertades de los periodistas, de los comunicadores, de la gente que reportea en el campo y cuenta la realidad de una nación.

Esta fundación hoy tiene más de 20 años, ha logrado un apoyo muy fuerte para los periodistas del país, sin distingo de regiones, cuando ellos han sido amenazados, cuando han tenido que abandonar sus lugares de trabajo para resguardarse en otras ciudades, como está pasando con muchos periodistas acá. Esa experiencia y la posibilidad de aprender de lo que se ha hecho con la Fundación e intentar generar las alianzas, puede coadyuvar a mitigar un poco la angustia permanente, que no imagino qué tan grande pueda ser para ejercer el periodismo en este país.

¿Qué sugerencias puede hacer para enfrentar la represión?

Ninguna historia vale una vida, definitivamente. Por muchos deseos, ganas enormes que tengamos de contar la verdad. La primera verdad que debemos contarnos a nosotros mismos es cómo hemos hecho para cuidarnos, porque nadie lo va a hacer por nosotros.

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Si mañana un país se queda sin periodistas, entonces ¿qué posibilidades habrá de conocer más verdades? Habrá momentos en los que se podrá contar las cosas, debe haber espacio para mantener la calma y buscar ayuda de afuera para poder contar los hechos.

Hay momentos en los que necesariamente uno deja de ser el protagonista que busca los hechos, para que otros te den la mano para hacerlo. Entonces, el periodista será un ser que no es tan visible con el objetivo de cuidarse.

Esa puede ser una estrategia para desarrollar, pero lo menciono con el mayor de los respetos, porque los contextos siempre son diferentes y porque, en el caso de los periodistas en Nicaragua, ellos enfrentaron una violencia abrupta que explotó de un momento a otro.

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Habían denunciado una serie de hechos y de repente la ola violenta agresiva, las muertes se toman las primeras planas y se traslada a las oficinas de los periodistas. Muchos se quedan sin equipos para trabajar y sin un lugar seguro para prestar el servicio periodístico. Este oficio hoy, no es el oficio de los lobos solitarios, no hay que seguir pensando en que estamos buscando la noticia de última hora, la exclusiva.

Más que estar pensando en que debo ser el primero en revelar algo, debería estar pensando cómo me junto con otro para hacerlo mejor, para que tenga más resonancia, más impacto y para que podamos cuidarnos entre todos. Esa es la clave, juntarte con el otro para un trabajo de mejor alcance, en donde todos podamos cuidarnos. No es fácil, pero se puede. El periodismo es un trabajo muy bonito, pero no vivimos 24-7 por este oficio.

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También vivimos por nuestras familias, por nuestros sueños, que pueden ser querer tener un país mejor. Si bien la intención es buscar la verdad, querer trabajar, hacer un buen periodismo responsable y serio, también lo es conformar espacios donde puedas juntarte con los otros, familiares, amigos. No podemos renunciar a eso, ni dejar que nos quiten eso. Si nos metemos solo en el escenario del papel del periodista, nos estaríamos perdiendo el resto del mundo y qué sentido tendría eso.

¿Qué dicen o comentan de Nicaragua desde afuera?

Por primera vez visito Nicaragua. Desde afuera vemos a un país demasiado agitado, otra Centroamérica muy agitada, muy conflictiva y otra vez a mucha gente, hermanos latinoamericanos sufriendo el rigor de la corrupción, de la violencia, de una fuerza pública desbordada, viendo a padres llorar a sus hijos muertos porque defendían una idea. Se siente desde afuera, no me imagino cómo se debe sobrecoger el país en estos momentos tan terribles.

Usted ha dicho que uno de sus mandamientos es no matar al reportero...

Uno de los mandamientos que he redactado (de diez) es no matarás al reportero, pero hace alusión a que uno como periodista no mate a ese ser que está en la permanente búsqueda de las cosas y de eso está lleno este país. Eso vemos en los reportajes, gente que se arriesga tremendamente para conseguir la información, las imágenes, fotografías, las voces; una valentía enorme.

Los diez mandamientos son el resultado de un ejercicio personal, específicamente nacen para que el periodismo no se deje coartar por la tecnología, no creamos que la sofisticación de la técnica lo es todo en estos tiempos. Necesitamos periodistas capaces de conectar realidades, seres que piensen, que anden con tenis, a pie en las calles, hablando y conociendo a la gente, más que personas metidas en los computadores o enviando información para las redes sociales. Me parecía muy triste, (el miércoles) los compañeros que subían a recibir el premio y nos decían: nos llevamos los diplomas porque ellos (los premiados) ya no viven en Nicaragua.

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Es impactante, es la primera vez que entrego algo y no viene el que tiene que recibirlo, porque no puede estar aquí; es la primera vez que me pasa y es duro. Que esto (el local de la premiación) estuviera resguardado por policías antimotines, es un contrasentido, pero de alguna manera, aun cuando no lo acepto, lo entiendo por el momento que vive el país, de la tensión y de la complejidad tan tenaz, pero me pareció más triste entregar un premio y que los grandes ausentes fueran varios de los premiados, porque no puedan estar en su tierra. Eso habla muy fuerte de lo duro de la situación que está ocurriendo contra el periodismo en este país.

¿Ha estado en situaciones de riesgo?

En varios momentos. Trabajé en una región bastante compleja en el Caribe colombiano, donde los grupos paramilitares tuvieron un auge tremendo, en una región donde muchos de los políticos, senadores, congresistas terminaron captados por el poder paramilitar. Las amenazas, cuando hacías trabajos de denuncias, sobrevinieron en un momento determinado y fueron épocas duras, muchas personas murieron.

Los mandamientos del periodísmo de Ginna Morelo

1- Amarás la verdad sobre todas las cosas.

2- No jurarás su santo nombre en vano.

3- Santificarás los géneros.

4- Honrarás la ética.

5- No matarás al reportero.

6- No cometerás actos en contra del periodísmo.

7- No robarás las ideas de tus colegas.

8- No dirás falsos testimonios ni mentirás.

9- No consentirás los pensamientos impuros de las fuentes.

10- No codiciarás las filtraciones como investigación.