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A Mario Balotelli (seudónimo) se le puede ver en los semáforos del barrio Jonathan González, uno de los más “colorados” por su fama de peligroso en Managua, haciendo acrobacias con palos llenos de gasolina y encendidos en llamas.

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Está flaco, muy pequeño y con la ropa sucia y vieja. Uno de los semáforos está en rojo. Deja caer la antorcha intencionalmente para patearla con el pie como si se tratara de una pelota. La toma con la mano para seguir haciendo sus piruetas. Nuevamente la vuelve a botar para recogerla con los pies.

Balotelli apaga las antorchas y le pide dinero a los vehículos que esperan el cambio de luces. En sus manos negras de tanto usar las antorchas, trae 10 córdobas que recogió.

Le apodaron así porque es moreno y en una ocasión se hizo un peinado parecido al futbolista italiano que jugó con la selección de ese país hace años.

¿Qué onda Balotelli, cuánto llevás recogido?, le pregunto. “Cómo 40 millones”, bromea. “No. Como 100 pesos (córdobas)”.

Está de noche, son las 7:00 p.m. ¿Desde qué hora estás? “Desde las 6, llevo una hora”. ¿Siempre agarrás 100 córdobas? “No. Hoy está palmado”. ¿Cuánto recogés cuando está bueno? “Hasta 500 o 600 varas (córdobas)”.

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Le dije que no le creía y entonces le pregunta a otro niño que está en el semáforo: “¿Cuándo está bueno cuánto te hacés vos?” El otro responde: como 7 varas (700 córdobas).

¿En una noche te hacés eso? le cuestiono. “En tres horas”, me responde con mucha seguridad. Hace una pausa en la plática para ir a hacer malabares nuevamente. Rocía los dos palos con gasolina y los enciende y realiza otra vez los movimientos.

Los padres de los niños que trabajan en la calle tienen que mantener familias de hasta 10 hijos. Orlando Valenzuela/END

Balotelli es un niño de 13 años que vive en el barrio Jonathan González y al igual que él, otros tres niños lo acompañan casi todas las noches para trabajar.

En las calles de Managua se ve a niños y adolescentes que hacen este tipo de trabajo. Algunos utilizan machetes, cuchillos, naranjas o pelotas. Han reemplazado loslimpia vidrios por estas nuevas formas de pedir o trabajar en las calles.

Sin embargo, los riesgos son muchos más: abandono de la escuela, accidentes de tránsito, cortaduras o quemaduras.

Les gusta el dinero

Balotelli acaba de terminar otra función más y de recoger otros 10 córdobas. Afirma que el dinero que gana todas las noches lo gasta en chivería (comida chatarra).

¿No te comprás zapatos o ropa? le pregunto. “Ahorita estoy recogiendo reales para el uniforme”, responde. Otro de los niños lo interrumpe y le dice: “mentira, vos no recogés para nada”.

Agrega que cuando le va bien le da 200 córdobas a su mamá y cuando le va mal, 100 córdobas. Asegura que su mamá no lo manda a trabajar.

“Mi mamá me dice que no vaya, pero a mí me gusta tener reales”, dice el jovencito.

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¿Este año vas a ir a la escuela? le pregunto. “Simón, el año pasado fui, voy para sexto grado”, responde.

La luz del semáforo se pone en rojo y Balotelli va a otra función. Nuevamente lanza al aire las antorchas encendidas con perfecta coordinación y siempre deja caer una para exhibir cómo con los pies recoge el palo de la parte que no está encendida.

Los padres de los niños que trabajan en la calle tienen que mantener familias de hasta 10 hijos. Orlando Valenzuela/END

Regresa contento con un billete de 20 córdobas. ¿Hace cuánto aprendiste a usar las antorchas? le pregunto. “Hace dos años, en la calle. El que me enseñó se fue temprano. Es un chavalo grande”, dice.

Asegura que aprendió en un día, porque es fácil. El hermano de Balotelli, al que llamaremos Robin, también trabaja haciendo malabares con antorchas. Él es un año mayor.

El otro niño es un amigo de ellos y lo llamaremos Steve. Robin y Steve afirman que también les gusta el dinero y que les va bien como a Balotelli.

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Cada uno tiene un lugar para hacer malabares, Balotelli en los semáforos hacia abajo, Steve en los del sur y Robin en los del norte. Cada quien es dueño de lo que gana.

Al igual que Balotelli, Robin y Steve aprendieron de la misma persona y tienen la misma cantidad de tiempo trabajando. Son las 8 de la noche y los tres se dan el lujo de hacer una pausa y comprarse un sorberte.

Familias numerosas

Balotelli y Robin viven solo con su madre y tías. Tienen dos hermanas, una mayor que ellos y otra menor. Su madre no trabaja y sus tías tienen muchos hijos y todos viven en hacinamiento.

Ahora que no están en clases, el día lo utilizan para jugar. En cambio, Steve vive con su mamá y papá, quienes tienen empleos informales.

Sus padres deben mantener una casa donde viven 10 personas. Todos viven rodeados de carencias y vicios, como el licor y juegos de azar.

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Aseguran que desde muy temprana edad trabajan en estos semáforos.

Steve afirma que comenzó trabajando con su familia entera y él se separó para hacer acrobacias.

Los padres de los niños que trabajan en la calle tienen que mantener familias de hasta 10 hijos. Orlando Valenzuela/END

Balotelli y Robin dicen que lavaban los vidrios de los carros o simplemente pedían dinero.

En el país el trabajo infantil está regulado. Según Adilia Amaya, activista de los derechos de la niñez y la adolescencia, los menores de 14 años no pueden ser empleados por nadie y tampoco deben estar trabajando en las calles.

Después de los 16 años sí hay una regulación para emplear menores, explicó. En Nicaragua, las mujeres son legalmente adultas a los 18 años y los hombres a los 21.

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Los tres niños afirman que nunca alguien se les acercó para persuadirlos de dejar los semáforos, a pesar de que el Gobierno tiene un plan para captar a menores que trabajan en la calles y reinsertarlos de lleno a la escuela.

Aspiran a ser profesionales

Son las 8:15 de la noche y de nuevo a los semáforos. Balotelli asegura que una vez un carro lo atropelló, pero que no le hizo nada, mientras Robin señala que eso y las quemaduras en las manos vale la pena, porque todos los días pueden ganar como mínimo 200 y 300 córdobas, y todo lo pueden gastar en una noche.

Lo único que invierten es en gasolina; casi 50 córdobas en un litro y medio. ¿Piensan hacer esto toda su vida? les cuestiono. “Yo no. Pienso bachillerarme y graduarme de ingeniero o contador”, asegura Balotelli.

Steve dice que quiere graduarse como diseñador gráfico y Robin desea ser dibujante. Después de 15 minutos de descanso, Balotelli vuelve a hacer malabares, una actividad que también piensa realizar al día siguiente junto con sus amigos, para seguir obteniendo dinero.