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Tener tres fincas ganaderas son los planes futuros de José “Quiebra Jícara” Alfaro. Su papá, Fernando Antonio Alfaro Bustamante, está confiado en que su hijo no será un campeón mundial que quedará en la calle --como los hay muchos--, porque sigue al pie de la letra sus consejos.

“Él es un excelente hijo, mejor regalo Dios no me lo podía dar, es un hijo que jamás, en los años que tiene, me ha contestado una palabra golpeada. Sólo me sabe decir: si, papá como usted diga”, dijo ayer Alfaro Bustamante a EL NUEVO DIARIO.

“Yo le digo: aquí te hablan 68 años, y vos tenés 24, son 44 años más, reconocé eso, la experiencia no se compra ni en la farmacia ni en la ferretería, se adquiere conforme el tiempo”, agrega.

La disciplina es la lección que Alfaro Bustamante le exige a su hijo todos los días. “Cero fiestas, cero todo, para que realmente salgás adelante tenés que evitarte eso, porque si a 50 le caés bien, a cinco no, y esos cinco te van a provocar un pleito para arruinarte tu carrera, y así tiene que ser”.

Por ello está confiado en que su hijo concretará sus planes. “Él tiene muchas ilusiones conmigo, sabe que sé trabajar. Papá, me dice: me gusta el ganado, voy a comprar unas tres fincas, le metemos ganado, usted las administra mientras yo estoy boxeando, entrenando, y las cosas van caminando”.


No quiere derrochar dinero
Según Alfaro Bustamante, “Quiebra Jícara” se mira en el espejo de “cuerpo entero” de los grandes boxeadores que han sido famosos y se quedaron sin dinero.

“Que digan ese es el famoso, ése era ‘Quiebra Jícara’, y diga otro, y tiene reales, pero no que digan, está palmado, en la calle, qué pena, entonces tenés que seguir mis instrucciones, estimar el dinero que ganás para que realmente tu carrera dé unos 12, 14 años, y después quedás con plata para sobrevivir, porque si no vas a ser un anciano palmado”, expresó.

Así, rodeado de este optimismo encontramos ayer al papá del nuevo campeón mundial, José “Quiebra Jícara” Alfaro, quien aseguró que desde que su hijo mandó a la lona la primera vez a su contrincante, estaba claro que la victoria era suya.

“Ya está, ya le hicimos el rumbo, después la otra caída, y le digo a ésta (su esposa): ni estés sofocada ni nerviosa, que esto ya va a terminar, ya ganamos, dos caídas”, manifestó el papá del campeón.

“Quiebra Jícara” arriba hoy al país y almorzará con el presidente Daniel Ortega. Su mamá, Zeneida Gazo Pérez, sostuvo que estarán en el aeropuerto esperándolo, porque él así lo pidió, ya que cuando se fue no quiso que lo fueran a despedir.

“Lléguenme a traer, porque ahí sí quiero que lleguen, yo le voy a ganar la pelea, yo lo siento”, fueron las palabras de “Quiebra Jícara” hacia su madre cuando se despidió.

Gazo Pérez confesó ayer que los nervios durante la pelea no la dejaban en paz, pero estaba segura de que su hijo alcanzaría la victoria.


“Yo digo que éste fue el regalo de Navidad que me dio mi hijo, porque yo algún día lo esperaba, pero no para diciembre, yo sabía que iba a ganar ese campeonato, pero no como un regalo de Navidad”, indicó.

“Quiebra Jícara” nació el 22 de noviembre de 1983. Este sobrenombre lo lleva por su padre, quien bromeaba con sus amigos de que éste quebraba 300 jícaros sabaneros con los puños, y luego se los daba de comer a las vacas.

“Y ese apodo inspira miedo. Le da temor a los boxeadores”, afirmó su padre.

A los 16 años ingresó al mundo boxístico, porque iba un poco atrasado en la escuela, además, era un “peleonero” por naturaleza, por lo que su papá un día le dijo: “Vas a tirar golpes por riales, no por gusto”.

“Lo que pasa es que lo provocaban”, señala su mamá.

A sus 24 años ha procreado dos hijos, una mujercita y un varón de dos meses, al que bautizará con el nombre de Prewet Singwan, igual al del tailandés al que le arrebató el titulo de las 135 libras, el pasado sábado.

“Quiebra Jícara” habita en la comarca Ojo de Agua, de Nagarote, ubicada en el kilómetro 42 de la Carretera Vieja a León. Por su victoria, un vecino le regaló un novillo, y junto al alcalde celebrarán una fiesta en su honor este primero de enero.

A la diez de la noche del sábado, después de la pelea, se comunicó con su familia, y sus primera palabras fueron: “Estoy contento, no sentí gran cosa, ahí llego el lunes a las ocho para que celebremos”.