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La maternidad para Braulia Castillo adquirió un nuevo significado cuando, de forma imprevista y prematura, vino al mundo Denisse Luciana Salgado Castillo, su hija.

Igual experiencia vivió Leslie Jurguenson, quien dio a luz a gemelos cuando solo tenía 26 semanas de gestación y solo uno de ellos sobrevivió, Andrew.

“Llevaba un embarazo de lo más normal, todo marchaba bien en los controles prenatales, sin embargo, de pronto, en el último (momento) me dijeron que tenía la presión demasiado elevada, aunque yo me sentía bien. Vivo en Chinandega y la empresa médica me dijo que me trasladarían a León para que allí me controlaran la presión, hasta ese momento me sentía tranquila, nunca dijeron que interrumpirían el embarazo”, relata Castillo.

Al llegar a la clínica de León, le informaron que tenía preeclampsia grave con síndrome de Hellp y llegó la anestesióloga para que firmara el consentimiento para la cirugía. En ese momento, Castillo se enteró de que la trasladaron para realizarse una cesárea, porque en Chinandega la sala de neonato no estaba preparada para un nacimiento tan prematuro.

Todo niño prematuro debe recibir una atención más cuidadosa. Orlando Valenzuela/END“Con 30 semanas, la niña solo pesaba 1,590 gramos. Ella nació bien, mientras que yo quedé en Cuidados Intensivos, porque el síndrome de Hellp es mortal, a mi mamá le explicaron que la mujer se desangra, pero gracia a Dios no fue mi caso”, recuerda Castillo.

La mujer conoció a su hija hasta el tercer día y afirma que se impresionó cuando la vio por primera vez, porque no tenía ni uñas.

El diagnóstico era poco alentador para la bebé. Presentaba sepsis temprana (pobre flujo sanguíneo) y membrana hialina grado dos, un problema que dificulta la respiración, por lo que estuvo en ventilador mecánico cinco días y luego hizo un paro respiratorio.

A los 22 días de nacida la niña recibió el alta, sin embargo sus padres no sospechaban que iban a enfrentarse a complicaciones oftalmológicas que pudieron dejarla ciega.

“La niña no fue valorada por oftalmología y nos dimos cuenta que había que hacerlo gracias a que establecimos contacto con Cynthia Delgado, de la Fundación Nicaragüense por la Prematurez. Todo fue por casualidad o, mejor dicho, por cosas de Dios, porque la contactamos cuando andábamos buscando fortificadores de leche que solo se hallan en Estados Unidos. Ella tenía, fui a Managua y nos regaló 30 por parte de la Fundación y fue en ese momento que nos preguntó si la niña había sido valorada por el retinólogo, algo que era novedad para nosotros”, cuenta Margina Castillo, tía de la niña y enfermera de neonatología.

El doctor Gerardo Gallo, un oftalmólogo, envió a la niña a valoración urgente con un retinólogo. Informada del caso, Cynthia Delgado contactó al doctor Beltrán López, quien explicó que la menor necesitaba cirugía con láser, “pero primero iba a dar un procedimiento para inyectarle los ojos, como alternativa”, explica Castillo.

Llegados a ese punto, la familia sabía que la niña podía perder la vista si no actuaban a tiempo y fue en ese momento que escucharon hablar por primera vez de la Retinopatía del Prematuro.

Pérdida de la visión

Leslie Jurguenson, embarazada de gemelos, vivía en su natal Guatemala, pero se trasladó a Nicaragua, donde tuvo que adaptarse a un clima caluroso.

El doctor José Beltrán López, retinólogo. Orlando Valenzuela/END“Yo tenía la costumbre de usar protectores diarios y debido al calor que hace acá, el doctor dijo que eso sirvió como una fuente de cultivo de bacterias. La infección fue terrible y el cuello del útero estaba adelgazado, por lo que ya había un proceso de desprendimiento y me hicieron el cerclaje (que previene abortos espontáneos), que solo duró 14 días. Seguí con contracciones y con labor de parto. Los bebés estaban infectados, por lo que me indujeron el parto, de hecho Andrew ya había roto otro hoyo en el útero. Eran las 26 semanas de gestación. Comenzamos a vivir lo terrible, los médicos dijeron que no iban a sobrevivir y preguntaron si ya teníamos dónde enterrarlos”, comparte.

Niños con obesidad tienen mayor riesgo de muerte prematura o discapacidad

A los 28 días de nacido, Andrew tenía etapa 2 de desprendimiento de retina, por lo cual había que operarlo en los siguientes 6 días, de lo contrario estaba destinado a perder la vista.

Al niño le aplicaron el láser y a los tres días fue examinado. Un especialista descubrió que “aún había vasos carcomiéndose la retina, tuvimos que comprar un líquido para inyectar en el ojo, que nos costó casi 200 dólares, logramos conseguir la monodosis que venía de Costa Rica. Se la inyectaron y se detuvo el proceso de desprendimiento de retina”.

Sin embargo, Andrew perdió la visión periférica, es decir que “mira como si tuviera un rollo de papel higiénico en cada ojo, solo lo que está al frente puede distinguir. Se tropieza constantemente, pero es una ganancia que el niño ve. Como su visión es solo central, siempre debe usar lentes, aunque a los 8 años aplicará para una cirugía, también quedó con estrabismo pero damos gracias a Dios porque ve”.

Afectación de la retina

Casos como el de Denisse y Andrew no son aislados en Nicaragua. Según Cynthia Delgado, presidenta de la Fundación Nicaragüense por la Prematurez, al menos 1 de cada diez nacimientos es prematuro en este país, es decir antes de las 37 semanas, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), por sus siglas en inglés, reporta que la tasa de mortalidad infantil en menores de cinco años por complicaciones del nacimiento prematuro es de 20.6%.

Algunos niños prematuros pierden la visión por falta de atención. Orlando Valenzuela/ENDUn experto en las afectaciones oftalmológicas en los niños nacidos pretérmino es el doctor José Beltrán López, miembro de la Sociedad Panamericana de Retinopatía del Prematuro y quien atiende a los niños en las principales unidades de cuidados intensivos de Managua y a los pacientes que llegan referidos de los departamentos.

López explica que el ojo realiza un proceso de vascularización, mediante el cual se forman las arterias y venas para nutrir la retina y oxigenarla.

“La retina inicia a vascularizar a partir de la semana 14 de vida intrauterina, a partir de células embrionarias especializadas mediante un proceso denominado vasculogénesis. Esta primera fase no depende de oxígeno y sí de factores que son provistos de la madre al feto vía placentaria. Una segunda fase, llamada angiogénesis, depende del oxígeno que inicia en la semana 21 hasta la semana 32 de vida intrauterina. La retina está vascularizada en su totalidad hasta alcanzar las semana 40 de vida gestacional, por ello se ve afectada cuando el niño nace antes de este tiempo”, señala el especialista.

La retinopatía del prematuro la define como una enfermedad que altera y provoca daño en la vascularización de la retina que se encuentra inmadura por el nacimiento pretérmino. Puede ser leve y no dejar ninguna secuela visual o ser severa y provocar daño irreversible.

“El nacimiento antes de las 37 semanas de vida intrauterina se considera nacimiento prematuro. En tal situación los factores necesarios para la maduración de los vasos de la retina provistos de la madre ya no los recibirá el bebé y las condiciones ambientales de concentración de oxígeno son mayores que las que había dentro del útero, es decir un estado de mucho oxígeno que hará que la vascularización normal se interrumpa. Esta detención del desarrollo de vasos provoca que la retina no madure adecuadamente y se desarrolle la retinopatía del prematuro en sus diferentes formas”, explica el retinólogo.

Atención oportuna

Como mencionó anteriormente el doctor López, existen diferentes grados de retinopatía del prematuro, las cuales van desde las formas leves, que no requieren recibir tratamiento, hasta las manifestaciones severas, las cuales deben ser tratadas con urgencia.

El retinólogo refiere que semanalmente atiende al menos a 80 niños prematuros de Managua o referidos de departamentos como Masaya, Granada, Jinotega y Matagalpa; y de esos, al menos 15 o 20 presentan algún grado de retinopatía.

“La magnitud de esta problemática de salud en esta población infantil en riesgo es que si no es diagnosticada, y por lo tanto no recibe el tratamiento adecuado, el resultado es desastroso, estamos hablando de ceguera total irreversible como el principal riesgo de esta historia”, enfatiza.

El doctor López añade que ante todo es importante destacar que dentro del proceso de tratamiento va incluido el diagnóstico, por lo tanto todo niño prematuro debe ser examinado por un oftalmólogo bajo dilatación de la pupila con oftalmoscopia indirecta a la tercera o cuarta semana de vida postnacimiento. Una vez diagnosticado, si tiene una forma severa a criterio médico, el paciente debe recibir tratamiento en las próximas 48 a 72 horas.

Un bebé prematuro recibe atención médica. Orlando Valenzuela/END

Las modalidades de tratamiento varían según sea la severidad del caso, pero el tratamiento estándar establecido mundialmente es laserterapia. Otras alternativas incluyen inyecciones en el ojo de fármacos que evitarán que la enfermedad progrese hasta la ceguera.

Entre los factores de mayor riesgo ,el doctor López enumera:

  • -Prematurez extrema: A menos semanas de vida al nacer hay mayor riesgo de ceguera.
  • -Bajo peso: A menor peso para su edad gestacional hay mayor probabilidad de sufrir retinopatía.
  • -Uso de oxígeno a través de ventilador o cámara cefálica: si se administra no supervisado ni a las concentraciones adecuadas, puede hacer que se desarrolle la enfermedad.

Obstáculos

Afortunadamente, las historias de Denisse Luciana y de Andrew tuvieron un final feliz, dentro de las complejidades de los casos.

“Ahora que he vivido esto con la bebé aconsejo a los padres, les digo lo que ellos necesitan, les hablo de la importancia de la valoración oftalmológica. Hace diez años una niña quedó cieguita porque no fue valorada por el retinólogo, hay niños que pierden la vista por falta de información”, apunta la tía de Denisse Luciana.

Asimismo, reconoce que otro problema es que el Seguro Social no cubre muchas de esas especialidades, por lo que los padres de escasos recursos económicos se limitan a llevar al niño prematuro a los controles de crecimiento y a la administración de vacunas, sin imaginar que el daño por la falta de chequeo por el retinólogo o por otros especialistas, como el gastroenterólogo o el neumólogo, puede resultar fatal.

Por su lado, Cynthia Delgado comparte que muchos casos de los que ellos tienen conocimiento a través de la Fundación, provienen de los departamentos, donde “por decirlo de alguna forma los neonatólogos se duermen en cuanto a llamar a los oftalmólogos. No creo que sea por maldad, sino porque a veces tratan las emergencias que se presentan en las salas de cuidados intensivos y la vista queda en un segundo plano, sin tener presente que los niños pueden perder la visión”.