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“¿Qué pasaría si fuera tu hija la que estuviera allí, en esa cama? ¿Acaso no sos madre?” Eso le dijo Reyna Valdivia a una custodia del Sistema Penitenciario Nacional (SPN) que cuidaba en una habitación del hospital Salud Integral a su hija Ruth Matute, la monimboseña que el pasado lunes, 7 de enero, fue operada para cambiarle el marcapasos en su corazón.

Matute, de 28 años, es una de las protestantes antigubernamentales acusada de terrorismo.

“Ella (la custodia) me contestó que sí tiene hijos y que no le gustaría que estuvieran como está mi hija, postrada en una cama, pero que ese es su trabajo”, relata Valdivia.

Según la mujer, su hija permaneció rodeada de tres agentes dentro de su cuarto y dos afuera. Agrega que también había varios oficiales vestidos de civil, quienes circulaban en todo el hospital donde Matute estaba internada.

Matute pasó de ser una vendedora de cosméticos, en el barrio indígena de Monimbó, en Masaya, a prisionera con alto grado de seguridad. Las autoridades, incluso, ponen restricciones para que Valdivia pueda verla.

Según Valdivia, su hija es inocente de las acusaciones que le hacen y su único pecado es ser pareja de un artesano que trabajó en un taller de pólvora.

Ambos son acusados de fabricar bombas para “el terrorismo” y de apoyar un supuesto golpe de Estado, algo de lo que no hay evidencia, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Corazón de cristal

Según Valdivia, a Matute le diagnosticaron a los 20 años una “rara enfermedad congénita en el corazón, que provoca que una arteria obstruya a otra y que no permite que suficiente oxigeno llegue a este órgano”.

Antes de eso, su vida era normal, como la de cualquier joven, afirmó.

Cuando Matute empezó a manifestar problemas del corazón, tenía taquicardias continuamente, mareo y desmayos. En 2013, cuando tenía 23 años, los achaques se volvieron más fuertes.

“Hasta que la llevamos al cardiólogo en Masaya y después al hospital Manolo Morales, donde hay un centro cardiológico, allí consiguieron y le pusieron el marcapasos”, explica Valdivia.

Ruth Matute al ser traslada a un hospital. Cortesía/END

Aun con el marcapasos, Matute trabajaba normalmente. “Ella tenía su vida normal y vendía productos cosméticos”, añade la madre de la joven.

Matute es una mujer muy fuerte, según su mamá. A los 13 años un vehículo la atropelló y cree que ese accidente tuvo que ver en la aparición de su enfermedad.

“Bajándose de un bus a la carretera, a ella la atropelló un carro. La catapultó algunos metros y la dejó inconsciente. Milagrosamente, los doctores no le vieron nada grave y el mismo día salió de alta”, precisa.

Una fractura en la clavícula izquierda era el resultado más grave del accidente de tránsito que sufrió Matute, hasta que apareció el problema del corazón, afirma Valdivia.

No soportó la presión

Valdivia asegura que pensaron que su hija se había recuperado por completo del accidente. Sin embargo, Matute no estaba preparada para lo que le ocurrió el año pasado.

Según Rosario Flores, abogada que la defiende, en octubre de 2018 la Policía capturó a Matute y la presentaron como una “terrorista”.

Su mamá acepta que en un primer momento cometió un error: no presentar un documento confirmando que Matute tenía un marcapasos.

Flores indica que el 4 de enero, en la noche, recibió una llamada del SPN, avisándole que Matute estaba mal y que era trasladada de emergencia al hospital de la Policía.

Ruth  Matute fue internada en el hospital Salud Integral. Oscar Sánchez/END

La abogada informó de inmediato a Valdivia sobre lo que pasaba con su hija y a la mañana siguiente, la señora llegó a Managua.

Valdivia, según cuenta, no obtuvo información de por qué a su hija la trasladaron del hospital de la Policía a un centro privado.

Ya en el hospital privado, a Valdivia le explicaron que el marcapasos de su hija tuvo una falla en la batería.

“Creo que por la mucha presión que tenía. El médico me dijo que demasiado forzó el corazón y que la batería del marcapaso hasta ahí llegó”, dice.

Como si se tratara de un motor que presenta problemas, la noche del 6 de enero Matute presentó algunos dolores en su pecho.

Ruth Matute, en estado grave de salud, al ser presentada como terrorista. Archivo/END

“Los latidos se le bajaron hasta 26 latidos por minutos. El doctor me dijo que eso es demasiado bajo, para morirse”, relata Valdivia.

Cuando la atendieron, Matute mejoró un poco, incluso pudo hablar con ella, afirmó su mamá. Sin embargo, continuó presentando arritmias cardíacas graves.

En el poco tiempo que pudo hablar con ella, aseguró que su hija le comentó algunos detalles antes de que fuera trasladada del SPN al hospital de la Policía.

“Mi hija me dijo que no le creían (en la cárcel) que tenía un marcapasos y que necesitaba atención medica”, detalla Valdivia. Su hija también le reveló que en la cárcel no hay condiciones para una persona enferma del corazón, porque el calor es insoportable, no hay ventilación.

Matute relató que cuando tuvo los malestares, las demás detenidas la auxiliaron y pidieron que la atendieran.

Preocupada por los hijos

La joven tiene dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 6. Valdivia dijo que le preocupa el futuro de sus nietos, ya que el papá también está detenido.

Este año sus hijos irán a clases. La niña aprobó sexto grado y va a primer año y el niño, de 6 años, entrará a preescolar.

Cuando el hijo más pequeño pregunta por el papá y la mamá, la familia tiene que decirle que ellos están trabajando muy lejos. La menor, de 11 años, comprende lo que está pasando con sus padres, indica Valdivia.

“Por eso solo llevamos a la niña a las visitas. No le queríamos provocar (a Matute) bastante emoción porque el niño es más apegada a ella”, agrega.

“Si (a Matute) la vuelven a meter allí (la cárcel) es para que mañana me avisen que está muerta”, advierte Valdivia.