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“La única militancia a la que nos debemos es el periodismo, el rigor y la honestidad”, afirma Maye Primera, mientras conversa con El Nuevo Diario en Managua.

Salió de Venezuela hace 6 años y se instaló en Estados Unidos, donde hoy se desempeña como editora de Univisión Noticias Digital. Confiesa que le entristece no saber cuándo podrá regresar a su país, donde actualmente “no hay condiciones”.

¿Cómo construir redes de seguridad y cómo ayuda eso en la vida del periodista?

Lo primero es procurar todos estos espacios como premios, festivales, visitarnos en la redacción, aunque en estos momentos de crisis las redacciones están desmanteladas, pero es bueno procurar mantener esa comunicación mínima y utilizarla en función del provecho de todos. La prioridad en este momento es que la información se conozca, que quede registrada y documentada; es momento de olvidarse de toda esa competencia por la noticia, con la que estamos comprometidos todo el tiempo.

Y la otra cosa, crear o extender esas redes hacia el extranjero; yo diría que una de las formas es mirar nuestro país como si fuéramos un corresponsal, pensar qué de nuestra crisis le interesa al mundo o la región, en qué puntos se conectan nuestros problemas con los vecinos y empezar ahí a construir ese trabajo. En el caso concreto de Nicaragua, además de construir redes para la difusión de la información, se necesitan redes para la protección de los periodistas y estar al tanto, consultar a los organismos que se encargan del asunto para pedirles ayuda. En Venezuela y Nicaragua impera el acoso a los periodistas, la persecución, el encarcelamiento o secuestros. Esto debería ser la excepción y no la norma.

¿Las redes sirven para romper el miedo?

Yo diría que son hasta terapéuticas, uno necesita de la solidaridad y es muy gratificante sentir la solidaridad de los colegas en la región, sentir que están pendientes de lo que ocurre en tu país, aunque a veces no lo entiendan.

Yo creo que, además, nos ayuda a multiplicar el mensaje; no estar solos, nos ayuda a que esa información que antes preservábamos para nuestro tiraje, para nuestro periódico, se multiplique en muchas voces.

¿Qué más recomienda?

No acostumbrarse, no sentir que esa es la normalidad. En Venezuela ya tenemos 20 años lidiando, hay momentos de mayor y menor tensión, pero lidiando igual con el autoritarismo, con estos poderes que quieren aplastar la opinión del otro.

Hay generaciones en mi país que no han conocido otro régimen, que no han conocido otro presidente, entonces, es muy difícil explicarles a esas generaciones qué es la democracia, qué es lo que significa la libertad de expresión, cosas que de repente parecen muy abstractas. Debemos tratar, también, en algún lado de nuestra memoria esos principios que identifican a una democracia para difundir esto que exigen una sociedad entera; colaborar para que los valores de la democracia no se pierdan, que los nuevos periodistas que se están formando sepan que esto no está bien, no es normal, que esto hay que enfrentarlo.

¿Es deber de un estado brindar seguridad a los periodistas?

El primer deber del Estado es no agredir a los periodistas. Lo que vemos en nuestros países, principalmente, es que la agresión viene principalmente del Estado y en algunos casos grupos que están al margen de la ley, grupos parapoliciales. Es muy difícil en esa circunstancia, uno siente que está luchando contracorriente, que gente que debería protegerte, por el contrario, procura anularte.

El asunto es que estamos en una situación en que el Estado está secuestrado por un partido, y el partido de gobierno no es el Estado, no es el país, y esa situación en algún punto tiene que cambiar. Tiene que quedar la memoria para buscar reparación, así hayan transcurrido años de ese perjuicio que está ocurriendo ahora en el presente. Y cuando falla la justicia local, recurrir a instancias internacionales para denunciar; o sea, en algunos casos la denuncia ofrece cierta capa de protección.

La ONU, en sus planes de acción, contempla crear un entorno más seguro para periodistas. ¿Se debe replantear esta situación?

No siempre se da la empatía con la sociedad a la que servimos, sobre todo en momentos como este; hay gente que puede creer que el periodismo no es una profesión, que podemos prescindir de los periodistas porque finalmente el público a través de las redes sociales y otras herramientas digitales pueden establecer conexión directa con lo que nosotros llamamos la fuente; por ejemplo, ves a presidentes por Twitter, pero el hecho de que somos profesionales implica que hacemos nuestro trabajo basados en una ética, y esa ética no la comparten quienes informan sin estar en el oficio.

En Nicaragua, algunos dicen que no existe el periodismo independiente. ¿Cuál es su opinión?

Hay una tendencia de estas acciones que están montadas en el poder, de calificar como parciales a todos los que no tienen dentro de su puño. En el caso de Venezuela, se empezó a tratar a los medios como si fueran los partidos políticos de oposición.

Está el error de los medios de asumir una posición partidista dentro de la crisis, pero creo que en este caso la bandera del periodismo no es defender una parte, un partido; es defender la democracia como sistema en el que todas las voces tienen el mismo derecho de ser escuchadas y estar representadas en la política de nuestro país. No dejemos que nos pongan esas etiquetas atribuyéndonos unas militancias que realmente no tenemos, la única militancia a la que nos debemos es el periodismo, el rigor y la honestidad.

¿Los medios de comunicación deberían de tener un protocolo de seguridad para los periodistas?

Sí, pero hay cosas que no podemos prever, que lleguen a medianoche a la redacción de tu periódico; por ejemplo, pero ya que ocurrió, podemos pensar qué se llevarían de ahí que nosotros necesitamos, a quién le interesa, cómo podemos proteger esa información para preservarla, incluso frente a un acto tan salvaje como ese. Hay que ir buscando alternativas, creo que no hay una fórmula o un manual que al aplicarlo nos garantice la seguridad, pero creo que el oficio y la conciencia de los riesgos que estamos asumiendo nos ayudan un poco a medir nuestras opciones y decir qué riesgos tomamos y cuáles no.

El año pasado murieron 80 periodistas en todo el mundo. ¿Qué lección debemos aprender?

La impunidad no nos puede ganar, tenemos el deber de procurar que esos criminales lleguen a la justicia, no solo porque los muertos son nuestros colegas, sino, porque cuando hay impunidad, cuando un país no tiene justicia, ese es el hilo por donde aquello que llamamos tejido social empieza a desconocerse, cuando sentís que vivís en sociedades injustas, cuando la ley no tiene un valor.

Maye Primera, primera de Univisión. Óscar Sánchez/END

Usted dice que “ninguna historia vale para exponer la vida de un periodista…”

Necesitamos la vida para hacer nuestro trabajo, somos más útiles manteniéndonos seguros, a resguardo, protegiéndonos cuando corresponde y sabiendo esperar en algunos casos. El riesgo más grave es que te maten, pero no es la única agresión que recibes como periodista, a veces somos sometidos a ataques sicológicos a través de la redes sociales; por ejemplo, existe un Ejército que los Gobiernos ponen en funciones de amedrentar la confianza y tranquilidad de una persona, de un periodista. Eso también tiene su costo: nuestra tranquilidad.

El Nacional cerró por falta de papel en Venezuela. Aquí en Nicaragua los medios escritos enfrentan la misma situación.

Ese es otro mecanismo para asfixiar a la prensa, que han encontrado estos Gobiernos o estas élites mafiosas. Por un lado las demandas judiciales; o sea, la criminalización del oficio periodístico a través de demandas por delitos de opinión, incluso en algunos casos atribuyen a periodistas delitos de terrorismo, de conspiración, como si hablar o criticar fuese traición a la patria. Por otro lado, en el caso de Venezuela ocurren dos cosas: una, el control de cambio, hay un control de la venta libre del dólar, el papel es importado y para obtener dólares tienes que pedírselos al Gobierno y el país no autoriza la entrega de dólares para que los medios puedan comprar papel.

Otra estrategia que han aplicado es la compra de medios tradicionales, como El Universal, que es uno de los de mayor tradición, de los más antiguos. Globovisión, que era 24 horas de información muy crítica con el gobierno de (Hugo) Chávez, fue comprado por empresarios afines, al que por cierto está siendo investigado en Estados Unidos por lavado de dinero. Ante ese escenario tan desalentador, los periodistas venezolanos han encontrado una salida en lo digital, que de por sí tiene sus contras. Por un lado, no tienes la misma capacidad de penetración, no toda la sociedad está igualmente conectada y terminas escribiendo para los que tienen Internet y para el archivo; y por el caso de los anuncios, para la sostenibilidad de una redacción.