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Dos mujeres; la rivense Lesbia Guadalupe Rosales, de 40 años, y la matagalpina Masiel Hernández, de 32, comparten el mismo dolor de estar separadas de un ser querido. Ambas han tenido que guardar su más amargo sufrimiento, tras la detención de sus maridos, para luchar porque ellos obtengan libertad.

Masiel Hernández, aun con sus casi nueve meses de embarazo, no demuestra toda las preocupaciones que la embargan desde que la Policía se llevó detenido a su esposo, el exmilitar Roberto José Cruz, de 34 años, cuando circulaba por Ciudad Darío, Matagalpa, hacia una manifestación pacífica en Mangua, el 26 de junio 2018.

Lo mismo sucede con la psicóloga Lesbia Rosales, quien, a primera vista, no muestra huellas del drama que vive desde el 4 de octubre, cuando agentes de la Policía se llevaron detenido a su esposo, Alexander Pérez, de 36 años, reconocido abogado, expolicía y dirigente opositor de esta ciudad.

Criminalización

Los días de Rosales, desde el momento de la detención de su esposo, que es acusado como coautor de un incendio en perjuicio de la cooperativa Caja Rural Nacional (CARUNA), se han convertido en un ir y venir a instancias legales, cuenta que en las noches le resulta difícil conciliar el sueño, pero los problemas que la atormentan no la han hecho perder peso, ni han mermado su facilidad de expresión o su amena manera de conversar.

La historia de Rosales se repite en Masiel, pero con retos más complejos.

La esposa de Roberto Cruz, reconocido por vender pollo crudo al por mayor, taxista y exmilitar, sentenciado a 23 años de prisión el pasado 10 de diciembre, por el supuesto delito de crimen organizado, robo agravado y tenencia ilegal de armas y municiones, además de enfrentar otros dos procesos legales en los que se le señala de terrorismo, no solo tiene que lidiar con los largos viajes desde Matagalpa a Managua, sino que aguanta disgustos en las audiencias y a la entrada a los penales, mismos que le afectan su embarazo.

“Mi esposo ha tenido que verme vivir y luchar con mi panza de sala en sala de los juzgados. Ya cumplimos siete meses de estar luchando por su libertad, prácticamente todo mi embarazo lo he pasado en juzgados y cárceles”, dijo Hernández.

Juntos en las marchas

Masiel y Roberto, quienes se conocieron desde hace más de 15 años, casados desde hace 10, decidieron ir juntos a la marcha del 23 de abril de 2018, en Matagalpa, pero Cruz ya había participado en las protestas que se realizaron en favor de la Reserva de Apante e Indio Maíz.

“Fuimos juntos a esa marcha en Matagalpa, fue hermoso ver tanta gente unida exigiendo el respeto de sus derechos. Esa era de las primeras a las que yo iba, pero él anduvo en otras marchas de Matagalpa. Él anduvo en la jornada de apagar el incendio en la Reserva de Apante, luego comenzó a meterse de lleno a las convocatorias de los autoconvocados, entonces la gente comenzó a tomarlo como líder, le daban el micrófono y le pedían entrevistas”, detalló Hernández, quien asegura que siempre se muestra fuerte ante sus hijos para que no les afecte tanto la ausencia de su padre.

Por su parte, la psicóloga Rosales, que tenía una relación con Alexander desde hace 8 años, prefería quedarse en casa, sin embargo apoyaba a su esposo, quien era súper activo en las protestas sociales, antes de abril participó en las manifestaciones que convocaba el Movimiento Campesino Anticanal.

Amenazas antecedieron cárcel

Ser tan activo en las protestas para Roberto Cruz significó acoso y amenazas del partido al que militó desde que nació, pues su familia es seguidora del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y lucharon en la guerra de los años 70 y 80. El exsargento, quien fue parte del Ejército de Nicaragua durante más de 12 años, empezó a ser acosado por los seguidores del partido de Gobierno, según el testimonio de su esposa, él era acusado de ser un traidor.

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“Le decían que lo que estaba haciendo estaba mal, que por haber sido parte del Ejército podía entrenar a los chavalos, ese tipo de cosas. La familia paterna que lo crió no está de acuerdo con él, porque son sandinistas y creen que porque participó en las protestas es un delincuente, prácticamente, si yo no estuviera él estaría solo”, aseguró Masiel.

Alexander Pérez también vivió acoso y amenazas antes de ser detenido. La psicóloga refirió que tuvo que vivir la pesadilla de ver cómo sujetos afines al Gobierno llegaban hasta su casa a lanzar morteros.

Otras de las amenazas en contra de Cruz, que llenaron de zozobra a su esposa, quien en ese entonces desconocía de su embarazo, fueron las que circulaban en las redes sociales ofreciendo desde US$3,000 hasta US$5,000 por la cabeza de su pareja.

“Anduvieron diciendo que pagaban para que mataran a mi esposo, después dijeron que en la panadería se le daba comida a los jóvenes de los tranques, que éramos financiadores de los tranques y le decían que sabía dónde y con quiénes vivía. Una semana antes de que lo detuvieran, unos fanáticos del Gobierno le dijeron que se saliera de eso y que pidiera lo que quisiera por salirse de las protestas”, rememoró la esposa de Cruz.

Sin embargo, el exmilitar se negó a las solicitudes de los seguidores del Gobierno, les dijo que la dignidad no se compra y que sus ideales seguirían firmes.

Zozobra emocional

Todas las amenazas y asedio a Lesbia Rosales, aunque ha intentado ser fuerte tras la detención de su esposo, emocionalmente la han afectado. Entre lágrimas narró que desde la detención de Alexander su vida se ha trasformado en una pesadilla.

“Luego de la detención de mi esposo mi vida cambió drásticamente. Me he visto muy afectada porque Alexander es mi complemento, estábamos juntos en todo desde hace 8 años, lo extraño demasiado y esta situación no es fácil para mí. Tengo pesadillas, me despierto asustada y en las calles no camino tranquila, temo que me sigan o vigilen y desconfió de todo mundo”, lamentó Rosales.

La vida en Managua no es nada fácil para las esposas de los manifestantes presos / Cortesía Los dos hijos de Roberto Cruz también están afectados emocionalmente. Masiel explicó que el exmilitar tuvo dos hijos con ella; una niña de 9 años y un niño de 10, pero otro viene en camino.

“Un día antes de que se lo llevaran preso nos dimos cuenta que estaba embarazada. Ese día se puso contento y me dijo que el 26 (de junio) que volviera de la manifestación iríamos a hacerme un ultrasonido, para ver cómo estaba el bebé”, dijo apesarada la esposa de Cruz.

Los dos hijos de Roberto no solo han tenido que dejar la escuela por seguridad y por las carencias económicas que pasa la familia, sino que ahora padecen de insomnio y viven intranquilos preguntando cuándo regresará su papá.

“La detención de mi esposo ha sido duro para los niños. La niña padece de insomnio y me pregunta por él, que cuándo va a salir su papá, que cuándo va a visitar a su papá, que cuándo se va a ir el presidente para que su papá quede en libertad. En vez de jugar, como todos los niños, mis hijos se preocupan por la libertad de su papá”, afirmó Hernández.

Golpe económico

Los manifestantes detenidos y sus esposas, además de las afectaciones emocionales que los agobian todos los días, también tiene que lidiar con la zozobra económica, pues los ingresos que antes percibían han mermado.

La psicóloga Rosales se vio obligada a dejar su casa, la cual rentaba en la ciudad de Rivas, para trasladarse a vivir en Managua y esto la llevó a iniciar una nueva etapa en su vida; lejos de su familia y amigos, abandonar sus estudios de la carrera de Derecho y dejar a su consultorio.

La vida en Managua no es nada fácil para Rosales y refirió que no cuenta con un trabajo, pero dice que ha encontrado respaldo de sus familiares y la bendición de Dios.

Para la familia Cruz los problemas económicos son más complicados, porque hay niños que alimentar y educar. El exmilitar, cada mes que puede ver a su esposa, siempre pregunta a Masiel cómo está haciendo para mantener a los niños, ya que desde la primera marcha les desmantelaron el carro en el que entregaban el pollo crudo y que usaba para ofrecer el servicio de taxi.

Entrada de cárcel El Chipote / Archivo   “Roberto está mejor que los primeros meses cuando recibía constantes golpizas, esos tiempos fueron duros, pero ahora lo invade más la preocupación por saber cómo estoy haciendo para mantener a nuestros hijos, porque nos quedamos sin nada después que nos desmantelaron el carro. Todos los ahorros se han ido de poquito en poquito, de visita en visita, de viaje en viaje a Managua. Últimamente, las cosas han sido más difíciles. En un principio intenté hacer lo del negocio y lo del proceso legal de él sola, pero no pude y tuve que socorrerme en mi mamá”, explicó la esposa de Cruz, que aun con su embarazo lucha por mantener el negocio de venta de pollo, para poder darle de comer a sus hijos.

Masiel Hernández destacó que su esposo es un hombre “tranquilo, trabajador, amable y súper responsable, a mis hijos nunca les faltó nada”.

Es por ello que, para la esposa de Cruz, es “totalmente injusto e ilegal todo lo que le están haciendo al ponerlo como un criminal, al golpearlo y destrozarle dos de sus costillas, al dejar que le diera un infarto y no llevarlo al médico para que le dieran medicinas, es totalmente inhumano lo que han hecho con mi esposo”.

Demandando libertad

La familia de reo Roberto Cruz y la de Alexander Pérez han reiterado que continuarán demandando libertad.

La psicóloga Rosales ha luchado durante tres meses por la libertad de su esposo, quien aún no es presentado a juicio,debido a que la audiencia en su contra fue reprogramada para el cinco de febrero.  

“En mis visitas que realizo a la cárcel modelo, él me dice que no llore, que sea fuerte, porque todas las acusaciones en contra de los que se han manifestado en demanda de justicia, son un circo y que aunque los condenen, no permanecerán presos mucho tiempo, porque todos van a salir libres”, afirmó la esposa de Pérez.

Rosales explicó que, todos los días, su meta es recabar evidencias que demuestren la inocencia de su marido, al cual describió como un hombre que detesta las injusticias, muy expresivo, de convicciones firmes, respetuoso y tolerante.

Por su parte, Masiel Hernández, con todo y su embarazo, ya tiene casi siete meses de luchar por la libertad de Roberto Cruz.

“He hecho todo lo que he podido, he denunciado en medios de comunicación y desde las redes sociales. Siempre voy a exigir la libertad para mi esposo, el padre de mi hijos, el hombre trabajador al que quieren mostrar como delincuente porque protestó contra las injusticias”, finalizó la esposa de Cruz.